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El trabajo sucio como oficio político, por Víctor A. Bolívar (@vabolivar)

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“Cualquier planteamiento de elecciones no solo no es viable, sino que contradice el mandato expresado por los venezolanos en las urnas”. Edmundo González Urrutia, presidente de Venezuela (2024-2030)

La pretendida normalización de la situación política, económica y social en Venezuela, para exhibirla por su efecto legitimante, es una angustiosa aspiración del régimen que cuenta con la connivencia de no pocos beneficiarios variopintos, quienes con diferentes intereses prestan su concurso en la realización de tareas non sanctas. Pertenecen a la fauna salvaje que forma parte del microcosmos político venezolano, destacándose por su trabajo reprobable con fines políticos. En esta tipología cabe desde el emblemático y refinado Zapatero, quien los ejecuta para el régimen a cambio de canonjías y usufructos indebidos, hasta el funcionario que le ordena bajo coacción a su subalterno (quien seguramente votó por EGU), que coloque los aberrantes afiches en los que se le califica de terrorista, so pena de despido.

El profesor Oscar Battaglini, en un artículo publicado en La razon.net hace algunos años, titulado “El trabajo sucio, emblema de una dictadura”, lo definió así: “El trabajo sucio, en este caso, está referido a aquella actividad relacionada con la baja política, que se realiza deliberada e inescrupulosamente a sabiendas de que se incurre en una vileza o acción deshonesta reñida con la ética y la moral pública sin reparar en el daño que se le hace a la sociedad en general y a la conciencia ciudadana en particular”. Es el caso que en esa clara definición caben las numerosas y variadas formas utilizadas por el régimen para llevar a cabo estos miserables trabajos, en los que se puede mencionar con un largo etcétera a: Falsos positivos y falsos negativos, el palangre y la desinformación, la banalización y la intimidación, la criminalización y la amenaza, la difamación y la calumnia, el hostigamiento y la persecución, la judicialización y el colaboracionismo, la violencia y el chantaje, la complicidad y la cooptación; todas ellas fraguadas por el régimen, destinadas a preservar su hegemonía, ahora mediante el fraude y la usurpación, ejecutados entre otros por quienes representan a los órganos del Estado secuestrados al servicio del chavismo, colectivos armados y fuerzas de seguridad, magistrados y rectores, fiscales y defensores de oficio, comunicadores y medios de información oficiales, partidos judicializados y sus dirigentes, la oposición funcional y sus dirigentes cooptados, empresas encuestadoras y sus directivos.

Por recientes, vale bien la pena referir los casos de los dirigentes cooptados, que ya se presumían parte de la oposición funcional, algunos a cambio de mantener sus espacios y otros a cambio de impunidad y prebendas. Igual cabe mencionar a algunos “encuestólogos” que se han dado a la tarea de hacerle el caldo gordo al régimen con la aspiración de una nueva vía electoral que beneficie los intereses de sus empresas, incluso con sesgadas opiniones vertidas en sus análisis en las que estigmatizan la no participación en esa nueva “elección”, comprándole el discurso al régimen: “El CNE garantizará a las organizaciones con fines políticos, así como a todos los candidatos que participarán, la mayor confiabilidad, transparencia y las auditorías correspondientes”. ¡Insólito!.

Cuando por esos intereses califican de “abstencionista” a la oposición que condiciona su participación al reconocimiento de la voluntad popular expresada el 28J, en la que hubo una alta participación pese a las trabas y condiciones desventajosas, adjetivan el asunto de manera tendenciosa, pues, de lo que se trata precisamente es de hacer valer un resultado electoral en el que participó hace poco más de 7 meses; eso desdice que sea partidaria del abstencionismo. De allí que reconozcamos la coherencia y firmeza de la Plataforma Unitaria, con sus puntuales bajas, que somete su participación a la validación de los votos obtenidos a favor de nuestro presidente Edmundo González, así como al cumplimiento de otras condiciones que la garanticen y la liberación de los presos políticos, entre otras exigencias. Participar en una cita a ciegas sin que por lo menos medie la publicación de los resultados de esas presidenciales sería un pase de página que haría añicos la legítima voluntad de mas de 7 millones de electores.

Al respecto MCM ha dicho -sobre quienes consideran lavarle la cara al régimen- que aquí cada quien tiene que tomar una decisión de qué lado está; con la sociedad venezolana o con Maduro, quien los arrastraría en su salida.

Por Víctor A. Bolívar
Febrero 26, 2025
X:@vabolivar

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