Empresarios y servidores públicos

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Por Fernando Luis Egaña

No tengo nada en contra de los empresarios. Al contrario. Aunque provengo de una familia de muchos servidores públicos, mi padre fue un empresario de gran empuje y seriedad. De él aprendí lo que es el trabajo abnegado y disciplinado. Su ambiente era la actividad empresarial. Y su generosidad con propios y extraños, fue y es un ejemplo perenne.

Pero así como no es conveniente que los llamados políticos se hagan empresarios, lo que por lo general supone corrupción… Así tampoco lo es que los empresarios busquen ejercer el poder público.

La frontera entre una cosa y la otra no es radical. Y hay casos memorables al respecto. Pero son vocaciones diferentes, y confundirlas suele traer muchos problemas. El servicio público y la vida empresarial no son compartimientos estancos. El bien común es eso: común. Pero el ideal es que la cosa pública esté en manos de hombres y mujeres de Estado, y la economía productiva la lleven adelante hombres y mujeres con criterio empresarial y también con sentido solidario.

Nada de eso ocurre en nuestro país. Los grandes empresarios de verdad han sido vilipendiados, y sus empresas invadidas y destruidas. El poder establecido ha engendrado una casta de bolicorruptos, de variada coloración política y de diversa procedencia social, que han arruinado a la nación, al tiempo que se han encumbrado como billonarios de la mafia regional y global.

No puedo describir mi admiración por los pequeños y medianos empresarios que, a pesar de todos los pesares, continúan laborando, prestando sus servicios, atendiendo a sus clientes, y manteniendo a sus empleados y a su propia familia. Los considero héroes de la patria. Tal cual.

Y los servidores públicos son una especie en extinción. Al menos hasta ahora. Diplomáticos que sólo hablan español y mal. Ministros que no dan la cara. Gerentes que llegan a la regla de tres. Militares mediocres que tienen la responsabilidad de funciones muy complejas que requieren una formación de la cual carecen por completo, y no les importa. Así no puede haber Estado sino una charca de culebras que se pelean por tragarse el erario público y privado. ¿Exagero? No lo creo.

La reconstrucción integral de Venezuela, no puede empezar por traerse el oro de Londres a las arcas, o a las bocas abiertas de los poderosos. Como se suscribe en los manoseados acuerdos de las manoseadas rondas de diálogo…No. Empezará cuando suceda una genuina transición de poder.

No sabemos ni cómo ni cuándo. Pero sí sabemos que es así. Es una antorcha de esperanza que no se apaga. Hay que encenderla con fuerza. Todos. Empresarios de lucha diaria y gente muy preparada para dirigir la nueva Venezuela.

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