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Es lo que es

Ensañamiento contra la mujer venezolana

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Por Enrique Meléndez

Una de las características de este régimen es su misoginia; esto es, el odio a las mujeres. De hecho, Hugo Chávez tenía fama de dejarse llevar por la violencia de género; como lo hizo ver su primera esposa en una carta, que le escribió post mortem; aparte de que frente a mis colegas se comportaba de un modo petulante y grosero, cuando no le masajeaban el ego, y a propósito de alguna pregunta que le resultaba incómoda. Incluso, recuerdo que algunas mujeres decían que Chávez las atacaba como un macho primitivo, y estuvo muy acertada la observación, que le hizo Teodoro Petkoff por la forma como se había conducido frente a Condolezza Rice, entonces jefa de Estado de EEUU del gobierno de George Bush, como si se tratara de “la negrita de la servidumbre”. Por supuesto, hubo mujeres que lo pusieron en su sitio, como mi colega Nitu Pérez Osuna, la colombiana Patricia Janiot. la propia María Corina Machado. Claras muestras de una gran misoginia; de modo que, siendo una conducta adoptada por el régimen, lo que estamos viendo hoy en día, a ese respecto, resulta patético: este lunes se llevó a cabo una protesta frente a la ONU, denunciando la situación de 182 presas políticas, que aún quedan en las mazmorras del régimen, sufriendo toda clase de abusos.

182 mujeres que hoy en día están en esta condición y sólo por pensar distinto al régimen. Desde el 29 de julio del año pasado hemos visto a cientos, sobre todo, dirigentes políticos ser detenidas, incluso, algunas en una forma cruenta. Todavía me suenan los gritos de Dignorah Hernández, dirigente de Vente Venezuela, cuando fue detenida por funcionarios de los organismos de seguridad del régimen, pidiendo auxilio, en un video que rodó por las redes. A la fuerza la metieron en una camioneta. Obsérvese el caso de Rocío San Miguel, detenida sin haber cometido delito alguno; salvo el achacarle el haber participado en la famosa Operación de Brazalete Blanco, y lo que se sabe de ella, es que no ha podido ingresar a una clínica, para tratase una fractura de su clavícula, y no le dan permiso. Ahora, ¿cómo se hizo esa fractura? Lo más grave es que están encarcelando criaturas, como el caso de una jovencita de 16 años, Samanta Hernández, que fue secuestrada por agentes de los organismos de seguridad del régimen, como una forma de retaliación; consecuencia de la fuga de su hermano al exterior, el teniente Cristian Hernández a quien el régimen le ha desatado una persecución; acusado de participar en la Operación Aurora; secuestrada junto a su hermana de 19 años, y hasta ahora se desconoce el paradero de ambas. Es preocupante porque aquélla es todavía una adolescente, y ya se sabe la clase de perversión, que abunda en las cárceles. ¿No es esto una forma de misoginia? Nadie se imaginó, cuando se eligió a Chávez jefe de Estado, que íbamos a conocer la naturaleza del mal de esta forma. El propio Edmundo González Urrutia ha alertado acerca de esta violencia, de la cual son víctimas las presas políticas en las mazmorras del régimen. Uno las oye gritar, como en un video, que rodó por las redes: ¡auxilio!

Decía el Libertador, ya moribundo, que si existiera un estado por debajo de la barbarie, ese sería el destino de Venezuela, y que es lo que estamos viendo frente a un régimen, que no respeta el principio del honor. Ese que le dio paso a la cortesanía hacia la mujer. A pesar de que el régimen se sirve de varias mujeres, para ocupar los cargos de alta investidura, empezando por Delcy Eloina Rodríguez, vicepresidenta, luego Caryslia Rodríguez, presidenta del TSJ; mientras se señala que en la pareja presidencial, la que dispone es Cilia Flores. Incluso, el régimen trata a la ciudadanía por sexo y no por género, para que se vea que se le rinde culto a la mujer; lo que llevó a la Academia de la Lengua Española a calificar de mal ejemplo nuestra Constitución, que consagra este vicio.

Todavía está conmovida la ciudad de Carora por la muerte de Yenny Barrios, una activista política de dicha localidad, a quien un dirigente del PSUV la acusó ante la Fiscalía de haber provocado los hechos violentos, que se suscitaron el 29 de julio del año pasado, donde perdieron la vida varias personas, producto de las protestas que se llevaron a cabo ese día, descontento el pueblo por los resultados electorales, que había anunciado el CNE. La señora, en cuestión, para el momento se realizaba unas quimioterapias, con motivo del tratamiento de un cáncer, del que padecía.

El fiscal, encargado del caso, emitió una orden de arresto contra ella. A pesar de que su estado de salud requería reposo absoluto, fue llevada a una cárcel de Barquisimeto, donde estuvo varios meses presa. Su caso fue denunciado por mi colega Sebastiana Barráez en su canal de televisión, de modo que sólo vino a ser puesta en libertad en diciembre del año pasado, pero bajo régimen de presentación cada mes en la ciudad de Caracas. La señora Barrios carecía de recursos, para costearse un pasaje Carora-Caracas ida y vuelta. Pero, además, su hijo único, quien la asistía en la atención, que requería su enfermedad, fue detenido en enero de este año, porque se consideró un delito, que pusiera en venta unos plasmas, que le habían dado a su madre, pero que no le sirvieron, porque no eran los más indicados; de modo que vino a dar a una cárcel de Barquisimeto. Aquí es donde uno se pregunta: por qué tanto ensañamiento. Se trataba de una dirigente política, con un discurso muy fluido y muy crítico frente a los desmanes del régimen; uno de los liderazgos femeninos, que mejor se perfilaba en la región larense. Por cierto, el fiscal del caso terminó huyendo a Francia. He allí la carga moral que arrastra, como la del chavomadurismo local; que, al menos, permitió que el muchacho asistiera al sepelio de su madre.

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