Entre desastres naturales y la mediocridad política, entre la venezolanidad y el venezolanaje, entre el orgullo y la indignación, entre muchas cosas más

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Primer acto. Desastres Naturales.

Caracas, miércoles 24 de junio de 2026. 06:04 p.m., cuando el sismo (que después se supo que en realidad fueron dos) violentamente me desconectó de una suerte de trance en el que me encontraba desarrollando un tema que pronto será público, fue muy fuerte y duró mucho, se dice que 40 segundos[1], eso es una eternidad para un fenómeno de esa naturaleza. Luego, a pesar del ruido de fondo y el bullicio propio de la situación, la sensación consciente de estar bien, luego la preocupación de si todos igual lo están, llamadas y mensajes que no salen generan ansiedad, una vez que los mensajes y las llamadas se abren camino entre los intermitentes momentos de conexión y confirmar que están bien todos quienes ocupaban ese especial lugar en tu conciencia y te preocupaban, te quedas tranquilo… está todo bien, pero es mentira, no lo está.

Van pasando los minutos, las horas, que da igual, parecen igual años, y te vas dando cuenta de la gravedad de la situación, los lugares afectados, las amistades y conocidos que allí habitan, te llaman de otras partes y te preguntan cómo estás, dices que bien pero es mentira, no lo estás, te afecta mucho más de lo que te pudo haber ocurrido que a otros sí, siguen pasando las horas, y sabes que esos cuarenta segundos, a lo sumo, no han terminado de pasar, y te das cuenta que nunca dejarán de pasar para muchos, incluso podría sin duda afirmarse que de esos muchos, cientos, miles, se han perpetuado en esos mismos 40 segundos, los cuales serán eternos para sus familiares y amigos.

Algo más de 24 horas han pasado desde las 6:04 p. m. del 24 de junio hasta el momento en que estas ideas que escribo se enclavan en mi mente, otras horas más han transcurrido y transcurrirán hasta que sean leídas, y sin duda, muchísimas horas más desde el momento que quienes bajo escombros sentían como siglos cada segundo que pasaba esperando ser rescatados, un milagro que simplemente jamás ocurrió.

Imposible no imaginar aquellos que conscientemente se veían apagándose poco a poco, en la más absoluta soledad, o peor aún, ver cómo quien está a tu lado, por lo general muy cercanos, padres, hijos, amigos y, por lo general en la seguridad y confianza que te brinda tu hogar, tu cocina, tu sofá, tu cama, se desvanecen y parten… con la muy alta probabilidad de que tú partirás también… en segundos, o lo que es lo mismo, en horas, ya que quienes podías creer que vendrían a rescatarte simplemente no llegaron.

Desde esas 6:04 pm hasta ahora que escribo estas líneas y ahora que las lees, muchos son los pensamientos y reflexiones que cada uno ha tenido de la tragedia, cada una individual e intransferible, desde quien la experimentó y salió ileso, quien con su dominio comunicacional organiza la logística de atención a afectados, el venezolano en el exterior pendiente de familiares y amigos, el extranjero amigo de un venezolano se preocupa por este y sus familiares, quien ha perdido un familiar, o quien tuvo la suerte de haber podido escapar o rescatado, cada uno tendrá de por vida esa particular apreciación y reflexión que querrá transmitir y perpetuar de alguna manera, he aquí las mías

Segundo acto. Mediocridad Política.

Ciertamente que hay acontecimientos que simplemente ocurren y no podemos evitar, las catástrofes naturales son ejemplo evidente de ello, pero a diferencia de otras épocas en la que la ocurrencia de tales eran castigos divinos por pecados y otras conductas, si bien no puede atribuirse en estos casos su ocurrencia, si puede señalarse que sus consecuencias pudieron ser evitadas o sus efectos dañosos, disminuidos, más si estos trascienden a la integridad personal, la vida y dignidad humana, pudiendo sin duda afirmarse que allí sí pueden achacarse grandes responsabilidades, más de quienes justifican estructuras de poder y autoridad a las que se les atribuyen políticas y servicios públicos.

Con la expectativa que los estudiosos sobre la materia se pronuncien a favor o en contra de lo que voy a afirmar sin rodeos ni evasivas, creo que en toda la historia republicana, incluso pre republicana, Venezuela nunca había tenido una clase cultural y política tan mediocre y latrocida como la que ha arrebatado el poder desde el golpe de Estado del 2 de febrero de 1999[2].

La historia universal así como la patria ha dejado constancia de graves catástrofes naturales, como el terremoto, tsunami e incendio de Lisboa del 1 de noviembre de 1755 o los terremotos de Caracas del 26 de marzo de 1812, del 29 de octubre de 1900 y del 29 de julio de 1967, en nuestra historia actual hay dos catástrofes, que en realidad son tres que debemos tener presentes para analizarlas y estudiarlas para prevenirlas y evitar sus igualmente graves consecuencias.

Una es la del deslave de Vargas entre los días 15  y 17 de diciembre de 1999, fecha desde la cual el golpe de estado  mencionado en definitiva se perfeccionó con la aprobación de un espurio texto constitucional que sirvió como instrumento del más grande robo en la historia de la humanidad perpetrado por una organización criminal y que podría estimarse en más de doscientos mil millones de dólares.

El segundo, el, los  terremotos del 24 de Junio de 2026.

Entre ellos, cientos, miles de situaciones de «emergencia» que han servido de fundamento para el desmontaje del Estado de Derecho, para la instalación de todo un andamiaje «institucional» de negación de cualquier control del poder y de un mínimo aceptable de servicios públicos, y en el caso de nuestra particular reflexión en materia de prevención y atención de desastres y servicios de emergencia.

Es vergonzoso, y hay que dejar constancia para la historia que el «organismo responsable de ejecutar y promover investigaciones y estudios sismológicos, así como la encargada de la operación y mantenimiento de las estaciones del servicio sismológico de Venezuela» como lo es, o fue, FUNVISIS, que una vez contó con un sistema de profesionales y técnicos acorde con los avances del momento, hoy es una completa vergüenza, sentimiento no muy distinto que se pueden dirigir todos los servicios relacionados en materia de salvamento como bomberos y policía y defensa civil, cuyos funcionarios, muchos de ellos, afortunadamente no la mayoría, viles asaltadores de caminos ya que de lo que vive es de la matraca  y el guiso al perseguir a la ciudadanía para el cobro de inspecciones y permisos que, bien pueden ser burlados.

La situación no está dada para ser pusilánimes y acallar verdades, y si bien pueden resultar heridas algunas susceptibilidades, y claro está existen funcionarios con genuina vocación, antes de responderme, primero pregúntese a sí mismo sobre el salario que gana, comparado con otros países, los equipos y formación que tiene, comparado con otros países, tanto de los que puedan ser considerados desarrollados como los de nuestra región. La respuesta la tienen ustedes, yo no. Aunque me gustaría escuchar sus opiniones.

Cómo puede sentirse el ciudadano de cualquier país al saber que entre los insumos que se requieren para atender una situación como la ocurrida están pidiendo mandarrias, cinceles, guantes y hasta ropa adecuada para labores de rescate mientras durante años esa misma ciudadanía ha visto y padecido, en todo el territorio nacional, sin excepción,  la contención de su clamor con cientos, tal vez miles, de vehículos y camiones blindados, cientos y miles de motocicletas, cascos, escudos y bombas lacrimógenas.

Y no ahondemos en el tema de equipamiento de instalaciones hospitalarias, donde las que existen que pueden catalogarse de buenas, no suelen ser más que un teatro cosmético.

Sabemos exactamente cuál es la deuda que se tiene con el sector farmacéutico y de equipos médicos. Aquí estamos nuevamente hablando de las operaciones serias y responsables, no las de pillaje y guisos de grupos delictuales.

Nuevamente, susceptibilidades, claro que pueden resultar heridas, antes de responderme… ¿Cuánto ganan nuestros profesionales de la salud, más específicamente vinculados con la atención de emergencia? ¿Cuál es la situación de sus pares en otros países? Luego podemos hablar.

¿Dónde está la clase política? ¿Se ha interpelado a los responsables y relacionados? ¿Existen investigaciones serias?

Una nueva interrogante ¿Podemos considerar a la clase política venezolana del Siglo XXI? ¿De todo el siglo?  ¿La más adecuada de nuestra historia republicana? ¿Nuestra mejor cosecha política? ¿Hay peores en épocas pasadas? ¿Cuál?

Son una vergüenza.

Tercer acto. Venezolanidad y Venezolanaje

No queda duda alguna que Venezuela, no solo como terruño, paisajes, clima, vegetación, fauna, geografía, podemos, sin lugar a dudas, afirmar que son privilegiadas, incluso, podemos decirlo en momentos como los que hoy nos aquejan.

Y qué decir de su gente, los venezolanos, y más importante aún, la venezolanidad, la cual ha destacado en todos los rincones del planeta.

No existe actividad alguna donde la venezolanidad, no destaque, la alegría, la energía, el compromiso, y muy especialmente la solidaridad, Siendo muestra evidente lo que estamos padeciendo estos últimos días.

No existe sector, familia, urbanización, país en donde se encuentre un venezolano que en su contexto, en su área, según sus capacidades, hemos apoyado a nuestros conciudadanos en necesidad.

Eriza la piel, acelera el corazón, hace brotar infinitas lágrimas, ver tanta gente acercándose a ayudar a pesar de las paupérrimas condiciones de los servicios de emergencia que ya mencionamos, con las manos, con los dedos, sin equipos, codo con codo ayudando a familiares y extraños por igual, aunque si hay que confesar, infinitas buenas intenciones y compromiso pueden resultar no efectivas y hasta en ocasiones inconvenientes si no se cuenta con la necesaria preparación de los profesionales del área, que ya mencionamos han sido mermados en su capacidad, pero ello no descalifica a la sociedad civil, es decir, todos nosotros que no pertenecemos, obedecemos, ni formamos parte de estructuras oficiales, y así debe ser, y no como esa infamia que nadie nunca ha sabido explicar de las uniones «cívico / militar / policial» y que no tengan una finalidad de abyección y control.

Aquí ha de decirse que ciertamente hincha el pecho de orgullo esa sensación de venezolanidad, y que si bien  quisiéramos que fuese universal, absoluta y única, como no es posible imaginar luces sin sombras, nos está dado reconocer que existe también su negación, la barbarie y la maldad, los truhanes y los asaltantes de camino, aquellos que viven del pillaje, del engaño, la trampa, la extorsión, y lo que es peor aún, de la desgracia ajena.

Todas las sociedades y en todos los tiempos, en mayor o menor grado, los ha habido, los hay, y los habrá, pero en el caso venezolano hay una situación de mucha preocupación, se han disfrazado, se mezclan, se visten, usan y abusan de la venezolanidad, tanto para cometer sus fechorías como para lavarse la cara luego de ellas, y lo que es mucho más grave, hay quienes se atreven a señalar que con esas oprobiosas intenciones hasta gran cantidad de cargos públicos en todas las instancias han logrado cooptar, sin que haya rama del poder público que no esté contaminado.

El venezolanaje simplemente no respeta condición alguna siendo su principal estrategia la de invitarte a formar parte del juego, de la coima, del guiso, del business, al punto que luego ya no puedas salir, bien porque el alma se contaminó, bien porque la razón se secó.

La otra estrategia en la que se apoya el venezolanaje es en la destrucción y vaciado de la sociedad civil y sus formas de manifestación, su victimización, el sometimiento del ejercicio de libertades a regímenes de autorizaciones y registro por partes de «autoridades», «reguladores» y «entes rectores», los cuales hay que detectar y desenmascarar.

No obstante lo sombrío del panorama del venezolanaje, el tratamiento es muy sencillo aunque comprometedor, y es el apelar a la más intensa y genuina venezolanidad, y que inicia con la detección y rechazo a cualquier manifestación que atente contra lo que somos, contra nuestra intuición nacional y personal, y aunque resulte difícil, no sucumbir ante los llamados de sirenas que bien han sabido desarrollar.

En nuestro caso, el venezolanaje igual como ocurre en otras sociedades que esta calaña de gente suelen ser y en efecto son una minoría, desafortunadamente se hicieron con el poder, y lo hicieron aprovechando para ello una catástrofe de hace 26 años, por eso es que debemos estar hoy en día conscientes que mientras rescatamos y salvamos a los más afectados, debemos mantenernos firmes frente a la opresión que se nutre de ella, y evitar utilizar la devastación, la catástrofe y la muerte como instrumento de poder.

Venezuela, la venezolanidad y el venezolanaje ya hace tiempo que dejó de ser un asunto jurídico, social o económico, tampoco político o cultural, no es nada exclusivo y un poco de todo, es un fenómeno más que filosófico, antropológico, y así creo que en tiempos por venir será estudiado.

Cuarto acto. Entre el orgullo y la indignación, entre muchas cosas más.

Si has llegado hasta aquí, creo que habrás podido pasar por diferentes reflexiones y conclusiones personales sobre el tema que abrió la ventana al intercambio de Ideas, yo tengo las mías y no tienen que ser aceptadas o compartidas por otras personas, incluso me he dado la licencia de poder cambiar de opinión.

Volviendo de lleno a lo que aquí nos trajo, la fatídica catástrofe de los terremotos en Venezuela, que gran orgullo la reacción de la sociedad civil, venezolana en el país y en el exterior, y la sociedad civil internacional.

Que desilusión y vergüenza los poderes públicos y la clase política, más que su mediocridad, su maldad y  ensañamiento, su patocrática actuación es evidente[3], y por eso hay que desenmascararlos una, cien y mil veces.

La clase política de Venezuela, en general,  con su mediocridad está erigida sobre la muerte, la destrucción y la corrupción, cuerpos policiales corruptos y saqueadores, jueces y fiscales verdugos a sueldo, diputados que son ciegas y mudas marionetas, sociedad civil criminalizada, sectores productivos infiltrados, funcionarios públicos descerebrados y esclavizados, la verdadera catástrofe no fueron realmente los terremotos, que bastante mortales y graves fueron, sino todo lo que ellos visibilizaron aún más, la más absoluta bajeza del poder.

Acto Final.

Hay que rescatar y salvar a las víctimas, las del terremoto y las de la opresión, hay que recuperar el país, a la sociedad civil, liberarla de sus captores, vestidos de «autoridad» que no son más que hampones.

¿Organización para evitar que las buenas intenciones resulten en esfuerzos descoordinados ineficaces y hasta contraproducentes? En efecto es más necesario que nunca, pero ello no es posible con «autoridades competentes» cuya única intención es el poder por el poder mismo y la catástrofe representa una gran estrategia que no van a desaprovechar.

Sobran las muestras de «autoridades» nacionales, regionales y municipales, ejerciendo el poder despótico cuales mafias para limitar las labores de rescate, expoliando, extorsionando y robando, imponiendo «registros», «permisos», “visas” y «salvoconductos» para ayudar, para ejercer la venezolanidad activa, la solución, la salida no está en esas «autoridades competentes» a las que definitivamente hay que sacar  de la ecuación, está en quienes en realidad saben sobre todos esos temas que hoy se necesitan más que nunca, la sociedad civil, y en especial los colegios profesionales y las academias, quienes para el rescate y la refundación son más necesarias que nunca.

Son muchas las horas, infinitas las madrugadas, incontables las cavilaciones, eternos estos 40 segundos.

Roberto Hung

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