Una de las mayores aberraciones que ha causado el chavismo-madurismo a la educación ha sido el adoctrinamiento. El conocimiento que imparten desde muy temprana edad infantil hasta el espacio de su desarrollo adolescente ha estado centrado desde hace más de 20 años en el culto a la personalidad de la figura presidencial y una constante exaltación de lo que desde el poder se ha denominado «revolución».
Pensar Educativo vía El Nacional
En tal sentido, se puede ver a través de las redes [1] cómo se manipula la Historia de Venezuela con fines muy alejados de la pedagogía, es decir, informar y generar pensamiento critico en los niños y adolescentes. Cualquier fecha que se considera «histórica» resulta la justificación perfecta para hablar de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y la «revolución», lo que deja en evidencia que no son temas que puedan considerarse de espacio educativo, porque están sesgados por efectos netamente políticos, que tienen como finalidad la barbarie del dominio pensativo en nuestra población infantil.
El adoctrinamiento infantil no solo viola la I Convención Internacional de los Derechos del Niño (1989), sino que también viola la Ley Orgánica de Educación (LOE), y también la llamada Ley Orgánica para la Protección de los Niños y Adolescentes (Lopna). Lamentablemente, esta triste prédica que se ha ido multiplicando, máxime bajo un «ministerio de educación» bajo el control de Héctor Rodríguez, termina por desvanecer la esencia de lo que debería ser el proceso de enseñanza y aprendizaje, para convertirlo en lo único que sabe hacer el madurismo: bazofia política.
Una «educación» que ha sido convertida en un degradado espacio de la más rancia politiquería y que, además, lleva semejante «mensaje» a los niños más pequeños es porque no tiene como finalidad la formación humana, menos en las áreas de ciencias sociales y naturales, porque sus líneas «curriculares» solo conjugan la praxis de las violaciones de los derechos humanos y la destrucción de un país, escondida en el sacrilegio de una posverdad que buscar dividir a los venezolanos entre «patriotas y apátridas», «revolucionarios e imperialistas», «buenos y malos», «socialistas y capitalistas», «venezolanos y pitiyanquis». Un lenguaje que no ayuda en nada a encontrar puntos de encuentro por una Venezuela distinta.
Por ello, el sentido de pertenencia de la educación tiene que ser el principal eje de formación humana, en la cual el pensamiento crítico, la autonomía de praxis ciudadana, el rechazo de conductas violentas y el respeto por los derechos humanos deberían ser los puntos cardinales en la realidad que ilumine la pedagogía de nuestros niños y adolescentes. Cualquier otra forma de intentar manipular los currículos y contenidos, como la Historia de Venezuela, jamás tendrá como resultado una educación de bienestar individual y colectivo, sino que llevará a la generación de relevo a convertirse en parte del problema político y jamás en la solución de la interminable crisis venezolana.


