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¿Es posible “normalizar” el país sin libertades ni garantías?

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La situación política en el país no ha cambiado pese a los falsos esfuerzos de la cúpula usurpadora y designada bajo tutelaje y las alegres declaraciones mal aconsejadas de quien los tutela. Las mismas caras en otras posiciones, las mismas políticas y amenazas, la persecución, la tortura y las desapariciones forzadas no solo no han cesado como se esperaba entonces, sino que, por el contrario, las prácticas se acentúan causando terror y frustración entre los ciudadanos.

La desaparición forzada y asesinato de Víctor Hugo Quero Navas confirma la política criminal del régimen, esta vez, de la manera más canalla, escondiendo los hechos y engañando a sus familiares por meses, una abominable burla de Estado.

La “normalización” es la tarea que trata de vender la cúpula que dirige por designación el país. Se anuncia una “estabilización” económica, pero sabemos que no será posible, si no hay seguridad jurídica y política, única garantía para los inversionistas. El ambiente de corrupción que predomina y se acentúa es otra desmotivación para quienes apuestan a un país nuevo. La naciente oligarquía criolla aprovecha el “manejo” de los recursos provenientes del petróleo y de exportaciones controladas por Estados Unidos, para hacer negocios y enriquecerse aún más, en detrimento de un pueblo que no está precisamente bailando de alegría. Sin licitaciones ni procesos transparentes, la camarilla que antes se aprovechaba de los recursos en millardos de dólares, hoy continua su actividad cubierta de una detestable impunidad.

La administración de Trump que funge de tutor debe entender la realidad y apoyar de una vez el cambio hacia la transición democrática, sin más retardo. El país no está festejando la “normalización” como se afirma irresponsablemente. Solo los beneficiarios del régimen y parte de la corruptela disfrutan de los “beneficios” del tutelaje y les hace alegres, sobre la miseria de un pueblo que necesita decenas de salarios mínimos para poder acceder a la canasta básica de alimentos.

El pueblo siente una enorme frustración. Se creía en un pos 3 de enero feliz que marcaba el inicio de una nueva etapa política, un cambio de régimen y más allá, de sistema, recuperación de las libertades. Pero no, todo lo contrario, una cúpula que reta al pueblo y al tutor se impone y vende la “normalización” como el nuevo estado del país.

La estabilidad política no puede ser posterior a la estabilización económica. Por el contrario. Las garantías de un Estado de derecho en el que predomine el respeto de todos los derechos de los ciudadanos, es fundamental. Abrir los medios de información, liberar a todos los pesos políticos que no son delincuentes, como lo afirma envalentonado todavía el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, detener la violencia y el terrorismo de Estado es esencial. Lo que necesariamente debe preceder cualquier intento de “recuperar” la economía, sometida a decisiones extranjeras que parecen ignorar la realidad nacional.

Hay que abrir definitivamente el camino a la transición antes de que ocurra lo que el tutor dice preocuparle, cuando justifica su “buena relación” con el interinato, una revuelta social que ponga en peligro la paz y la seguridad interna. Mientras los Rodríguez, Cabellos y Padrinos, con sus órganos de represión en pleno funcionamiento existan y “cumplan su trabajo”, ese cambio no puede verse iniciado y mucho menos cristalizado.

Toca ahora reflexionar sobre ello, para abrir el camino a un proceso electoral limpio y transparente que, en cualquier condición en que se encuentre el sistema electoral, favorecerá mayoritariamente a la auténtica oposición democrática que excluye, evidentemente, alacranes y colaboradores que no tienen cabida en el proceso.

Víctor Rodríguez Cedeño

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