Fósiles del poder, por @jgerbasi

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Hay una frase que suelo repetirles a mis alumnos para demoler la falsa comodidad de quienes creen que la dominación es eterna: la edad de piedra no se acabó por falta de piedra. La humanidad no abandonó las herramientas líticas porque el planeta se hubiera quedado estéril de rocas, sino porque la inteligencia avanzó y surgieron tecnologías superiores que barrieron con el pasado.

La misma ley implacable rige hoy para el petróleo. Las discusiones estériles sobre cuánto crudo queda en el subsuelo o si el mercado global seguirá dependiendo de nuestros hidrocarburos son pura miopía. El petróleo no va a dejar de importar por falta de petróleo, sino porque la velocidad arrolladora de la innovación ya decretó su obsolescencia. Apostar el porvenir nacional a la patética ilusión de que el mundo «siempre va a necesitar nuestro combustible» es un síntoma de ceguera terminal; es negarse a ver el presente para refugiarse en una fantasía preindustrial mientras el planeta entero redefine las reglas del juego.

En este escenario de disrupción global, el contraste con nuestra podredumbre política es una bofetada a la realidad. Mientras el mundo avanza, las llamadas mesas de diálogo operan completamente al margen de la historia. Esos espacios de supuesta concertación carecen de absoluto criterio propio, de principios y de valores alineados con la inmensa mayoría de los venezolanos. Quienes se sientan ahí no representan absolutamente a nadie; son cascarones vacíos que hablan en función de intereses mezquinos y carecen de cualquier pizca de poder real de decisión.

Aquí no hay una confrontación soberana, sino una cadena de subordinación indigna bajo el frío tutelaje norteamericano. Tanto la cúpula gobernante como sus funcionales contrapartes son meras marionetas lacayas, piezas de cartón movidas por hilos extranjeros que nada tienen que ver con las urgencias de una sociedad que sufre y hambrea. Han convertido la política en una cloaca de supervivencia burocrática donde ningún apaño de oficina va a funcionar: sin elecciones presidenciales libres, cualquier pacto entre bambalinas es pura basura inservible.

Por eso, la premisa histórica de la obsolescencia estalla en la cara de los amos imperiales y de sus sirvientes locales. Así como la piedra dio paso a la técnica y el petróleo cede su trono ante la modernidad, la era de la maldad, la traición, el cinismo y la barbarie no va a terminar por un arreglo de despacho ni por la compasión de un titiritero. Los sistemas de dominación colapsan cuando emerge una fuerza superior, indestructible, impulsada por principios firmes y valores republicanos que sintonizan con el latido de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Al final, el poder que tutela desde afuera y sus miserables marionetas locales se darán de bruces contra la realidad: comprenderán que su control artificial está acabado, porque la única salida, la única solución innegociable, son las elecciones presidenciales libres. Quien pretenda ignorar que la soberanía popular arrasa con cualquier decreto de embajada, no solo quedará fuera de la historia: terminará petrificado en el subsuelo de su propia ignominia, reducido a humo negro y ceniza sobre la nada.

Vamos por más…
@jgerbasi

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