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Historias del Copei que conocí (XI): El digno Embajador que designaron sin conocerle, por Vladimir Petit Medina

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-Nadie me había tratado de esta manera. Serví bajo la administración de Leoni, fui Director de Reversión Petrolera bajo el mando de Caldera I; Presidente de INTEVEP con CAP I; Ministro de Minas, Presidente de PDVSA y Presidente de la OPEP durante el período de LHC y Canciller con CAP II… y jamás nadie me trató como lo han hecho estos muchachos del interinato…por primera y única vez… se quitó los lentes para enjugarse una lágrima. Se trataba de uno de los mejores copeyanos que he conocido: Humberto Calderón Berti. Guaidó y compañía acababan de apartarle públicamente del cargo de Embajador de Venezuela ante Colombia en representación del interinato.

Ahora la verdadera historia que casi nadie conoce pero yo viví.

El experto petrolero venezolano más conocido mundialmente nació en la humilde Boconó del estado Trujillo. Con mucho esfuerzo se graduó como Geólogo en la UCV e hizo Maestría en Ingeniería Petrolera en la Universidad de Tulsa, Oklahoma. A partir de allí desarrolló una dilatada carrera en el sector público, al igual que una ascendente carrera política caracterizada por el respeto a su intelectualidad y conocimiento técnico dentro del COPEI más serio, aquel que abría espacios a sus más connotados profesionales. Además, sus ejecutorias obligaban a recordarle con frecuencia: líder de la internacionalización de PDVSA vía adquisiciones de refinerías, centros de almacenamiento y redes de distribución en el extranjero, artífice del proceso gracias al cual llegamos a tener 8 refinerías en Europa y 8 en USA, con una capacidad de refinación total de 1.350 MM b/d así como una red de 14.000 estaciones de servicio en USA y cerebro de la profundización de la diplomacia petrolera, entre otras. Paralelamente, durante su gestión se modernizaron todas las refinerías venezolanas a través del cambio de patrón de refinación, bajando los índices de residuales y a la par se desarrolló el programa exploratorio de la faja petrolífera del Orinoco, perforándose más de 916 pozos con un éxito de 98%. En 1992, previa autorización de Copei y el visto bueno de su gran amigo LHC, HCB fue designado Canciller de Venezuela por el gobierno de CAP II. Los militares leales sugirieron que Copei ingresara al gobierno después de la asonada de Chávez y Pérez, en específico, aprovechó finalmente para fichar para su gabinete a quien le tenía el ojo puesto desde la época en la cual presidía el INTEVEP, durante la primera presidencia de aquél.

Pues bien, este venezolano tan especial, acostumbrado a tratar con personajes como el Jeque Ahmed Zaki Yamani, grandes economistas internacionales y con acceso directo a los principales centros financieros y empresariales mundiales, increíblemente aceptó ser el Embajador en Colombia en representación de una entelequia que en su momento llegó a mover intensas pasiones venezolanas y que para la historia quedó marcada como el interinato. Para comenzar tuvo que trasladarse a Colombia desde Madrid, donde usualmente residía. Colombia, era otro de sus asientos de negocios e intereses y producto de sus movimientos empresariales en la hermana república, había tejido una vasta maraña de relaciones. Quizás a eso se debió su designacion… y el entusiasmo con el cual arrancó a trabajar. Recordemos que la Bogotá del gobierno de Duque era la capital alterna de la política opositora venezolana.

En los últimos 35 años, Humberto ha estado flanqueado por un gran amigo de quien escribe. Uno de esos resteados que conocí al fragor de la lucha interna en la JRC y quien por cierto nunca  

ha compartido otra trinchera conmigo más que la de la amistad: Juan Ignacio Cato. De él fue la idea de armar, apenas designado Humberto como Embajador, un grupo de amigos para conversar periódicamente y reflexionar. El primero de ese grupo era el exministro Carlos Blanco, residente en Boston. El segundo, Agustín Berríos, exsecretario general JRC y buen amigo de Humberto desde los tiempos del gobierno de LHC. El tercero era yo, residente en Panamá. 

Transcurrido un tiempo, comenzaron grandes problemas para el Embajador. Curiosamente, el epicentro de los mismos no era principalmente el chavismo… sino el propio interinato. 

Y… reventó el Cucutazo. El desmadre que se armó allí fue la primera advertencia para el Embajador quien fue notificado del asunto por la propia Dirección Nacional de Inteligencia de Colombia. Su preocupación por lo que vio fue evidente; la polvareda que se armó después del intento frustrado de entrar a la fuerza con la ayuda humanitaria aún yace suspendida sobre las cabezas de sus protagonistas principales. En esos días fui testigo de excepción de una de las vergüenzas más grandes que pasó el Embajador por causa del interinato. Aquella mañana me invitó a acompañarle en un zoom con una de las mujeres más deseadas de mi generación. A ratos me sentí como protagonista de un reportaje de ¡Hola! Aquella rubia aún hermosa, de facciones definidas gracias al ejercicio constante, le contactó apenas comenzaron a hacerse públicos los escándalos del Cucutazo. -He pedido hablar con ud porque me han dicho que es la instancia más seria con la cual conseguir la información que exijo de inmediato: mi fundación donó una importante suma de dinero para la operación de ayuda humanitaria. Tan solo espero información exacta y detallada de cómo fue invertido ese dinero… así se expresó la mismísima Caroline Kennedy… sí… la hija de JFK y Jackie. La pena del Embajador era inocultable… y lo peor es que no había manera ni siquiera de rastrear el destino de ese dinero y de otros muchos aportes. Humberto le anunció con voz grave: -Lo sucedido es tan vergonzoso que yo mismo he acudido a las autoridades colombianas para pedirles abran las averiguaciones pertinentes. Y efectivamente, así lo hizo ante la Fiscalía Colombiana y cada semana visitaba a los fiscales encargados para pedir celeridad. Aquello causó incomodidad en el gobierno parlamentario diseñado sobre la base de reparto de tajadas de poder y el silencio. Pronto informaciones espeluznantes acerca del dispendio de los dineros recaudados rompieron el celofán en las RRSS. Poco después nos enteramos que dos desplazados del poder inicial del propio interinato habían facilitado las pruebas que ya eran del conocimiento público. Era su venganza… y vaya que dinamitaron la ilusión que quedó expuesta con su peor cara.

A los días… sin buscarlo y gracias a su buena imagen… el gobierno colombiano le confió al Embajador resolver el futuro de una poderosa empresa petroquímica colombiana de capital venezolano: Monómeros. El gobierno de Duque, al reconocer a Guaidó y como espaldarazo a la gestión de Calderón Berti, puso en sus manos la dirección de ese bastión económico. El Embajador se plantó ante el interinato exigiendo que se respetara el profesionalismo y meritocracia para conformar la Junta Directiva de esa empresa. Lo logró en primera instancia… pero cada día debía estar alerta..hasta el momento en el cual todas las formas fueron violentadas.

Convocados por Cato y ante el surgimiento de varios escándalos, fuimos requeridos para vernos en Bogotá. Blanco no pudo llegar. Berríos llegó el día antes y yo tomé el vuelo de las 4am de Avianca desde Panamá a Bogotá el mismo día del encuentro. Así, a las 7am del día fijado estaba desayunando con Berríos en el Restaurant La Cesta, a media cuadra de la casa del Embajador. Por la hora tuve que cargar con mi maleta a cuestas. La oportunidad fue de oro para que Berríos y yo, ambos exsecretarios generales de la JRC, aclarásemos episodios internos de esa época. En eso un mensaje de Cato: -La reunión no será en el apartamento del Embajador  sino cerca,  en la 

oficina donde funciona la Embajada… en Monómeros. -No hermano, esa empresa está en el ojo del huracán y ¿qué vamos a hacer nosotros allí? -Tranquilo. No pasa nada. Al Embajador le citaron urgentemente para una reunión no prevista con una comisión parlamentaria que se reunirá con la Junta Directiva de la empresa. A regañadientes y rodando siempre con mi maleta, Berríos y yo caminamos hacia el nuevo destino… ahora a unas 4 cuadras del desayunadero. Llegamos, dejé la maleta en depósito y nos condujeron a la oficina donde estaba el Embajador. -Perdonen pero inventaron esta reunión en la cual yo no quiero estar sino unos minutos porque no entiendo qué tiene que hablar una comisión de políticos con una Junta Directiva eminentemente técnica. Así que espérenme y nos vamos a almorzar juntos. En ese mismo instante abrió la puerta a quien nos presentaron fugazmente: Carmen Elisa Hernández, quien dijo: -Embajador, ya comenzamos la reunión y le esperamos. Venga para que salude, haga una pequeña intervención y se va si quiere. Ante esa sugerencia Humberto arrancó hacia la reunión. Yo me fui detrás pidiendo un baño. -Sígueme… que el sanitario queda exactamente al lado de la sala de reuniones. Así lo hice. Llegando a la puerta que abriría, me señaló la del fondo mientras accedía a su reunión… y pasó algo inolvidable. Quedé expuesto, sin quererlo, a la panorámica de los asistentes aunque ellos daban la espalda a la puerta ya que veían hacia la Junta Directiva de Monómeros, arrinconada al fondo. Pude ver a Manuel Rosales, Tomás Guanipa, un representante de Henry Ramos que ahora es de AD-Bernabé, Elías Matta y otros que no reconocí. Gracias a Dios, ellos no me pudieron ver. Entré al pequeño baño y resultó que estaba adosado a la sala de reuniones con una delgada pared divisoria de drywall o jypsum… así que podía escuchar todo. Y oí lo que no hubiese querido escuchar jamás: -Qué bueno que llegó Embajador. Bienvenido. Aquí vinimos a aclarar las cosas y buscar la manera de coordinar esfuerzos. Recuerden que nosotros somos parte del gobierno parlamentario y votamos para que ustedes se convirtieran en nuestros representantes en Monómeros… ahora bien, una mano lava la otra y las dos lavan la cara. Uds. tienen que ayudarnos a seguir haciendo política en Venezuela ¿Cómo es posible que después de restearnos con Uds. uno manda amigos por un piche contrato de asesoría para la implantación de SAP de apenas $400.000 y ni siquiera los reciben? Así se despachaba Manuel Rosales y yo ni siquiera pude hacer mi necesidad…temía que el ruido del líquido al caer o el flush de descarga pusiera en alerta a los asistentes a la reunión. Siguió en la palabra el representante del jefe de AD: -Nosotros no queremos contratos pero sí un cupo de urea…que es estratégico. Lo pedimos y nadie nos da respuesta. 

No aguanté más. Salí de allí, regresé a la oficina del Embajador y le dije a Agustín: -Si quieres quedarte, pues bien, pero yo marco la milla…¿después de viejo viruela? No señor. Esta gente va al asalto de Monómeros y ¿nosotros aquí? ¡Me voy! Busqué mi maleta y arranqué. Atravesando el parque colindante llamé a María Corina Machado a quien le conté todo. Ella tampoco salía de su asombro. Después llamé a mi padre, a Nitu y luego a Carlos Blanco. Mi indignación era tal que una hora después pasaron por mí Humberto y Agustín. Durante el almuerzo el Embajador fue enfático:-Esta gente quiere llevarse Monómeros para su casa, pero si tengo que pedirle al gobierno colombiano que se convierta en un muro de contención… ¡lo haré! Esta cara del interinato es detestable y reveladora a la vez… lamentablemente. Su boca fue la medida. Le apartaron deliberadamente mientras cambiaban una y otra vez la directiva finalmente pasando de una junta técnica a una de reparto político. Y Humberto tuvo que acudir al Estado colombiano logrando que actuara y ordenara una supervisión directa sobre las finanzas de la empresa. Eso nunca se lo perdonaron y prueba de ello fue una reunión urgente del interinato con Calderón Berti via remota , en la cual el problema no parecía ser el pretendido reparto del botín sino la denuncia del Embajador al respecto. Copia de esa reunión la he guardado celosamente después que Carlos Blanco y yo la escuchamos detenidamente.

Ese día quedó decretada la salida de Humberto del gobierno interino. 

En esas mismas semanas también pudimos apreciar cómo se destapaba el resto de la película completa, incluyendo el modus operandi gringo. En efecto, en Bogotá operaba el equipo de James Story cuya cercanía con el interinato lucía infranqueable y para quien el grupo de María Corina sabía a poco… hasta el punto que sugerían que cualquier señalamiento sobre el gobierno parlamentario se hiciese en privado y jamás en público… lo cual nunca aceptamos…ella de primero. Sin embargo, algo peor les tendría a aquellos como protagonistas.

Un esfuerzo unitario en los días finales de Calderón como Embajador le tuvo a él mismo como testigo de buena fe. Nos reunimos representantes de distintos sectores opositores en una sala del edificio donde vivía el Embajador. Se trataba de un encuentro preparatorio. Inicié sugiriendo una declaración preliminar condenatoria de cualquier relación opositora con boliburgueses, bolichicos y tenedores de bonos… y mencioné a los más connotados con nombre y apellido. Era un deslinde necesario ya que se había filtrado que varios de los presentes hacían diligencias ante los americanos para que a los mencionados en la declaración les fuesen levantadas las sanciones o para salvaguardar bonos en posesión de esos boliburgueses o bolichicos. La iniciativa no prosperó. A pesar del fracaso del encuentro preliminar fue convocado uno definitivo unas semanas después. 

El segundo del grupo de Story escribió para confirmar nuestra asistencia toda vez que anteriormente habíamos rechazado participar en ese tipo de eventos. Le anticipé que yo no iría por compromisos previos pero Carlos Blanco si asistiría. Estuvimos muy activos revisando la propuesta de declaración que llevaríamos y que ratificaba los principios esgrimidos en la reunión preparatoria. Tomé un capture de nuestra reunión de trabajo via zoom y se lo envié. Apenas Blanco aterrizó en Bogotá Julio Borges denunció filtraciones por causa nuestra ¿Julio hablando de filtraciones? ¿Y nuestras? Qué riñones. Advertido de ello pedí a Carlos que pidiera pruebas. Pues bien… lo que le enseñaron fue el capture que yo envié a Foley, la mano derecha de Story. Es decir…lo enviado al diplomático gringo para certificar que iríamos al encuentro… ¡terminó en las manos de Julio Borges! Eso motivó un duro intercambio entre Story y yo del cual todavía se queja agriamente aquél. Le reclamé reciamente y guardo copia de esa conversación porque estoy seguro que ese día le quedó claro que los venezolanos podemos agradecer algunos gestos, pero no somos cogidos a lazo ni babiecos ni puppets. Sin embargo, poco después esa actitud dura contra el gringo me traería consecuencias negativas tanto dentro del equipo como ante la embajada. Hoy reafirmo que lo haría igual nuevamente y en todo caso, eso me evitó estar durante el humillante tránsito subordinado a la agenda de la administración americana actual, lo cual jamás hubiese aceptado. Lo obvio en aquel momento era la claridad de los vasos comunicantes entre el G4 y la diplomacia del grupo de Story. El encuentro comenzó mal y terminó peor.

A todo evento, el Embajador Calderón hizo todo lo posible para que hubiese acercamiento entre las facciones opositoras, aunque ello fue imposible vista la calidad de infiltración existente y el talante moral involucrado.

La historia culminó con la salida de Humberto y posteriomente, Cato y yo tomándonos un Juan Valdez en el parque de la 93. Allí le dije: -¿Estás claro que la reacción del interinato va a ser atacarte, no? Difamarte va a ser su respuesta fácil -Estoy clarito pero van a tener que echarle pichón. Que busquen lo que quieran. Recuerda que Humberto todo lo hizo sin cobrar siquiera un sueldo y que de su bolsillo, del mío y del bolsillo de nuestros panas se pagó la nómina de la embajada, me contestó. -Ahora dime… esta locura de episodio… ¿cómo explicarlo? -Sencillo Vladimir… estos tipos nombraron a un Embajador que es un palo de venezolano al cual no conocían. Después de unos minutos de silencio…agregué yo: -… ¡y a quien creo que ahora no podrán olvidar jamás!

Calderón Berti, el gran copeyano, continúa su vida digna en Madrid ansiando cada día retornar a Caracas. Es un venezolano para la historia y con una rara característica que solo comparte con otros dos socialcristianos excepcionales, Asdrúbal Aguiar y José Ignacio Moreno León. Son los únicos que sirvieron por igual a 3 personajes nada afines entre ellos: Caldera, Luis Herrera y CAP y además salieron de sus gobiernos en medio del reconocimiento público.

El diplomático gringo tan identificado con el interinato fue reasignado a un destino administrativo en la propia USA… y no como Embajador ante Brasil durante el gobierno actual de Lula, que era su gran aspiración.

Los del interinato, por su parte, son historia viva de lo que un día fue y ya nunca será. Solo les queda su capacidad de camuflarse y vaya que si son buenos en ello. Quizás por eso el 22/10, cuando pensábamos que la aplanadora que pasó el pueblo venezolano la terminarían usando para desmontar lo que restaba de G4 hasta asegurarse de que no retoñara…lograron que alguien decidiera equivocadamente no hacerlo. Hoy se paga ese precio. 

Pero esa es otra historia.

@vladimirpetit

@vladimirpetitmedina

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