Por David Morán Bohórquez
¿Quién se queda con el botín de la inflación en Venezuela? Mientras dormimos, el «ladrón nocturno» opera en las sombras diluyendo el valor del dinero sudado. Explico por qué la inflación es un fenómeno estrictamente monetario y por qué la tasa de cambio es solo su correa de transmisión instantánea
En el debate económico y empresarial latinoamericano, es común escuchar que «los precios suben porque sube el dólar». En economías con una alta indexación informal, existe la persistente ilusión de que la tasa de cambio es la causa raíz de la pérdida de nuestro poder adquisitivo. Sin embargo, como estrategas y tomadores de decisiones, es vital corregir el diagnóstico: la inflación sigue siendo, en su origen, un fenómeno estrictamente monetario. La tasa de cambio no es la enfermedad; es simplemente el termómetro más rápido que tenemos.
1. La Raíz: Un fenómeno estrictamente monetario y el «Ladrón Nocturno»
Para entender la inflación sin apasionamientos políticos ni sesgos comerciales, debemos llamarla por su nombre. En mis años dictando clases de estrategia corporativa, solía explicar este fenómeno a mis alumnos a través de una analogía: la inflación es el «ladrón nocturno».
Imaginemos a un ciudadano que se acuesta tras una larga jornada, habiendo ganado 100 bolívares con el sudor de su frente. Esos 100 bolívares representan su esfuerzo, su tiempo y su productividad. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando va al mercado, descubre con frustración que esos mismos 100 bolívares ahora solo equivalen a 92. ¿Qué ocurrió mientras dormía?
El «ladrón nocturno» —el Banco Central— operó en la sombra. Sin que nadie lo viera, sin hacer ruido, encendió la imprenta para emitir bolívares sin respaldo alguno; unidades económicamente «falsas» que entran a competir directamente, y en igualdad de condiciones nominales, con los bolívares legítimamente sudados por los ciudadanos. Es crucial entender que este ladrón no actúa por cuenta propia: opera bajo las órdenes del Gobierno, que es el verdadero autor intelectual y el que recibe el botín de esta operación de falsificación legalizada.
Al ser el Gobierno el primero en gastar esos bolívares recién impresos (antes de que se trasladen a los precios del mercado), absorbe bienes y servicios a valor pleno, mientras que el ciudadano común, que recibe ese dinero en la última escala de la cadena, es quien paga la cuenta con una moneda ya devaluada. Como el comerciante en el mercado no puede diferenciar un bolívar emitido sin respaldo de uno ganado con productividad, el resultado es matemático: a mayor volumen de dinero persiguiendo los mismos bienes (o las mismas divisas disponibles), el valor de cada una se pulveriza.
El mecanismo subyacente no es que el dólar se encarezca intrínsecamente por fuerzas místicas o esotéricas del mercado; es la moneda local la que se deprecia porque el emisor inunda la economía con una liquidez que nadie desea conservar. Cuando el dinero pierde sus funciones básicas de reserva de valor y unidad de cuenta, queda reducido a un mero medio de cambio de altísima velocidad. Usando una analogía química, tiene alta tasa de evaporación. El ciudadano y el empresario se desprenden del signo local tan pronto lo reciben para protegerse del «ladrón nocturno», acelerando la velocidad de circulación del dinero y realimentando el ciclo destructivo del poder adquisitivo.
2. La correa de transmisión en una economía indexada
Si la emisión sin respaldo es el motor del problema, ¿qué papel juega el tipo de cambio? En una economía con una profunda dolarización de facto, la tasa de cambio opera como una correa de transmisión hiperconectada a través del fenómeno conocido como Pass-Through (mecanismo de transmisión cambiaria).
En entornos de estabilidad, los rezagos en la transmisión de costos a precios pueden tomar semanas o meses. Pero bajo una indexación generalizada, el tiempo de rezago se reduce a cero, haciendo que la velocidad de transmisión sea prácticamente instantánea. Los agentes económicos no esperan a que la inflación «ocurra» de forma estadística; miran la tasa de cambio hoy en sus pantallas para calcular el costo de reposición de mañana y preservar su capital de trabajo.
La tasa de cambio, por lo tanto, no genera la inflación: solo la comunica y la amplifica con un rezago prácticamente nulo. Actúa como el canal que internaliza de forma instantánea las expectativas racionales del mercado frente al desequilibrio monetario subyacente.

3. El espejismo del control cambiario y los límites del ancla
Esta distinción entre la causa (monetaria) y el vehículo (cambiario) explica por qué las estrategias basadas exclusivamente en quemar divisas o restringir artificialmente los tipos de cambio tienen patas cortas.
Cuando las autoridades intervienen agresivamente en las mesas de cambio, pueden lograr contener la velocidad de la «correa de transmisión» de manera temporal. Sin embargo, si los desequilibrios fiscales y la monetización en la sombra persisten, la inflación general sigue mostrando resistencia a la baja. Esto genera el conocido fenómeno de la apreciación real (el encarecimiento de los costos de vida medidos en dólares). Frenar el tipo de cambio sin sanear la disciplina monetaria es el equivalente a pisar el freno de la correa de transmisión mientras el motor del vehículo sigue acelerando a fondo: tarde o temprano, el sistema colapsa.
Reflexión estratégica para líderes empresariales
Para los tomadores de decisiones, directores de finanzas y estrategas corporativos, comprender la naturaleza del «ladrón nocturno» es indispensable para la supervivencia y resiliencia del negocio.
Diseñar políticas comerciales, estructuras de costos o estrategias de cobertura asumiendo que el enemigo es «el dólar» es atacar el síntoma equivocado. La verdadera gestión de riesgo en entornos indexados pasa por monitorear la liquidez real del sistema, medir con precisión la velocidad de rotación de nuestros inventarios y entender que, ante una correa de transmisión inmediata, la velocidad de reacción de nuestra tesorería debe ser superior a la velocidad con la que el emisor enciende su imprenta.
David Morán Bohórque es ingeniero industrial y estratega. Miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad



