Hoy, mientras el mundo celebra la canonización de José Gregorio Hernández, el primer santo venezolano, hay algo más que resuena en el aire: una sensación de que, aunque no lo veamos del todo, estamos avanzando. Paso a paso, con paciencia y determinación, estamos construyendo la Venezuela que él soñó: una tierra donde la ciencia, la fe y la libertad se entrelazan para sanar no solo cuerpos, sino también el alma de una nación.
Imagina por un momento que la historia de Venezuela es un mapa. Un mapa lleno de caminos sinuosos, montañas que parecen infranqueables y ríos que a veces se desbordan. Pero en medio de ese mapa, hay un faro: José Gregorio Hernández. Su vida no fue solo un ejemplo de servicio y amor al prójimo; fue también una brújula que nos señala el norte de la virtud, la inteligencia y la libertad.
Hoy, ese faro brilla más que nunca. Y aunque el camino sea largo, cada acto de bondad, cada gesto de solidaridad, cada esfuerzo por construir desde lo pequeño, es como trazar una línea en ese mapa. Línea a línea, estamos dibujando el camino hacia la Venezuela que él quiso: una tierra donde el deber se cumple con amor y donde la libertad no es un sueño lejano, sino una realidad que se construye día a día.
José Gregorio nos enseñó que la virtud no es un acto aislado, sino una disposición constante. Y en estos tiempos, esa constancia se llama paciencia estratégica. Pero cuidado: la paciencia estratégica no es esperar con los brazos cruzados. Es sembrar semillas en un terreno árido, sabiendo que, aunque no veamos los brotes de inmediato, cada semilla tiene el potencial de convertirse en un árbol frondoso.
En Venezuela, cada sonrisa que compartimos, cada mano que extendemos al necesitado, cada esfuerzo por mantener viva la esperanza, es una semilla que plantamos. Y aunque el crecimiento sea lento, cada una de esas semillas está conectada a un futuro que ya está en marcha. José Gregorio nos recuerda que la transformación no ocurre de la noche a la mañana, pero cada acto de amor y servicio es un paso firme hacia ese mañana que merecemos.
José Gregorio Hernández no es solo un santo del pasado; es un guía para el futuro. Es un santo para los Tiempos Modernos
En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados y las crisis parecen multiplicarse, su legado nos invita a encontrar un equilibrio entre la ciencia y la espiritualidad, entre la razón y el corazón.
Él creyó en una Venezuela donde la medicina cura, pero también donde el amor sana. Donde la libertad no es solo una palabra, sino una práctica diaria. Y aunque
hoy nos cueste verlo, su canonización es una señal de que estamos avanzando. Cada vez que alguien elige el bien sobre el mal, la esperanza sobre la desesperación, la unión sobre la división, estamos honrando su legado y construyendo el futuro que él soñó.
En medio de la adversidad, las palabras de José Gregorio resuenan con una fuerza especial: “Se llama virtud aquella disposición constante al cumplimiento del deber con inteligencia, amor y libertad”. Esta frase no es solo una definición; es un llamado a la acción. Nos recuerda que la verdadera virtud no es pasiva, sino activa. No es resignación, sino construcción.
En un país como Venezuela, donde la libertad a veces parece un sueño lejano, esta idea nos impulsa a actuar con inteligencia, a amar incluso en los momentos más difíciles y a defender nuestra libertad con cada decisión que tomamos. José Gregorio nos enseña que la virtud no es un ideal abstracto, sino una práctica diaria que nos acerca a la Venezuela que soñamos.
Hay un momento mágico en la historia de los pueblos, un instante en el que todo parece alinearse para recordarnos que el esfuerzo no es en vano. La canonización de José Gregorio Hernández es uno de esos momentos. Es como si el universo nos estuviera diciendo: “Sigan adelante, están en el camino correcto”.
Y es que, aunque las dificultades sean muchas, hay algo que no podemos negar: el espíritu de José Gregorio está más vivo que nunca. En cada médico que atiende con dedicación, en cada joven que estudia con esperanza, en cada familia que se mantiene unida frente a la adversidad, allí está él. Su canonización no es solo un reconocimiento a su santidad; es un recordatorio de que la Venezuela que soñamos no es una utopía, sino un destino al que nos estamos acercando, paso a paso.
Hoy, mientras celebramos a José Gregorio Hernández, celebramos también la posibilidad de un futuro mejor. Un futuro que no está escrito en las estrellas, sino en las acciones que tomamos cada día. Un futuro que no depende de unos pocos, sino de todos nosotros.
Así que, sigamos adelante. Con paciencia estratégica, con amor, con inteligencia y, sobre todo, con libertad. Porque el camino no es fácil, pero es nuestro. Y cada paso que damos nos acerca a la Venezuela que José Gregorio soñó: una tierra de virtud, de ciencia y de esperanza.
¡Bendito seas, José Gregorio, y que tu luz nos guíe siempre hacia el mañana que merecemos!
Vamor por mas..
@jgerbasi


