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Es lo que es

La demencia política, por Ricardo Ciliberto Bustillos

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Si hay algo que está ausente en este gobierno es el acatamiento a las  normas, el respeto a las instituciones fundamentales y a los valores  democráticos. Desde 1999, el brincarse a la torera las regulaciones, la  imprescindible convivencia, el reconocimiento del adversario, el  diálogo constante y fecundo, ha sido una conducta permanente y que,  a estas alturas, continúa sosteniéndola sin ningún tipo de recato y sin propósitos de rectificación. 

Lamentablemente, el régimen nunca ha entendido que en democracia  no existen victorias ni derrotas definitivas. En otras palabras, jamás ha  aceptado que el poder es algo transitorio, sujeto a balances y  acuerdos, y con estricta observancia de la constitución y demás leyes  que conforman el andamiaje institucional. 

Para nada sorprende -entonces- que la persecución, sin pudor y  medida alguna, resulte un hábito muy propio del oficialismo y para  colmo, sin ningún atisbo de reconsideración, como ya se ha dicho. 

La campaña electoral se nos presenta difícil, compleja, con riesgos de  toda índole. Las amenazas abundan, aunque ya no impresionan. Los  voceros gubernamentales y dirigentes de su partido deslizan  opiniones hostiles al libre desempeño del trabajo y la movilización de  los opositores por todo el territorio nacional. Dificultar accesos,  retener o detener seguidores, cerrar locales, hoteles, expendios de  alimentos, aun los más humildes, y utilizar el poder con la mayor  desfachatez y agresividad, son cosas que sufrimos cotidianamente y que en nada contribuyen a crear un clima electoral sano, pacífico,  creíble. Sin embargo, de sobra saben que, a fin de cuentas, ya no 

causan el efecto pretendido y mucho menos confusión en la gran  mayoría de los venezolanos. 

El llamado al entendimiento, la civilidad, al reconocimiento mutuo y al  apego a las reglas electorales, constituyen la columna vertebral de las  declaraciones, intervenciones, entrevistas y conversaciones de MCM y  Edmundo González Urrutia. 

Desafortunadamente, da la sensación de que cayeran en saco roto,  cuando no en menosprecio. Actitudes que denotan -por demás – no  solo el poco talante democrático, sino también una desesperación  rayana en una inocultable demencia política. 

Esta fábrica de dolores está a punto de cerrar. Las santamarías han  iniciado su ruidoso descenso. Algunos lo hacen con disimulo, otros sin  mayores rodeos y reservas. Faltan pocos días para que dejemos atrás,  de una vez por todas, tanta insensatez e infortunio. 

La democracia que reconstruiremos asombrará a propios y extraños. Y  es, bajo estas difíciles circunstancias, que sería oportuno recordar las  sabias palabras del estadista alemán Konrad Adenauer: “Nunca se  debe decir demasiado tarde. Incluso, en política, nunca es demasiado  tarde. Siempre es hora de un nuevo comienzo”. La alborada  democrática toca las puertas de todos. La noche está a punto de  terminar. 

Ricardo Ciliberto Bustillos 

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