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¿La democracia en declive?, por Ricardo Ciliberto Bustillos

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Muchos analistas políticos y hasta gente común no duchas o  interesadas en estos menesteres, perciben un declive del sistema democrático a nivel planetario. Sin embargo, más allá de sus precariedades y de cierta inclinación del ser humano a  favor de regímenes con tendencias autoritarias,  perfectamente podría sostenerse que, en vez de un  debilitamiento o descenso de la misma, estaríamos – sin  darnos cuenta- dejando atrás su tradicional ejercicio y más  aún, la repartición clásica de los poderes públicos que con  mayor ahínco se mantuvo durante el siglo XX, y sobre todo  desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial en 1945.

Erróneamente se ha considerado que corren parejos democracia y liberalismo económico, y aunque se insista en apreciarlos como hermanos, lo correcto es entender que cada  uno tiene características muy particulares. Ya se ha dicho que  la democracia en un sistema político y no un sistema  económico. 

Cierto es que la libertad política, elemento imprescindible de  la democracia, supone también la económica, pero la realidad evidencia que ello no es tan tajante y mucho menos  imprescindible. Los chinos son el mejor ejemplo. Carecen de  democracia y, no obstante, gozan de una economía abierta,  pujante y de primer mundo que, con toda razón, despierta envidia en cualquier país occidental que -medianamente pueda calificarse democrático. 

El punto es que se puede aseverar, sin rubor alguno, que la  democracia no está cuesta abajo y mucho menos cuestionada.  Se trata, a todo evento, de nuevas formas y aspiraciones que, si no se llevan a cabo con inteligencia e inequívocos consensos, podrían dar al traste con sus fundamentos y desempeño. Allí  reside la preocupación y el llamado a estar alerta de muchos.  Está muy bien que ajusten o eliminen instituciones; que se  apliquen novísimas fórmulas de representación; que los  poderes públicos sean menos burocráticos para hacerlos más  eficientes y cercanos a los ciudadanos; que – incluso – el  sufragio se efectúe de una manera distinta, pero de allí a  reducir y hasta eliminar la columna vertebral de la democracia,  vale decir la libertad y con esta, la justicia, es una pretensión y  práctica perniciosa, por no decir diabólica. 

Nuestro país es un fiel ejemplo de estas odiosas circunstancias. Basados en la idea acerca de la necesidad de lograr una mayor  democracia, según la propuesta de algunos con aviesas  intenciones, sería imperdonable que, por descuidos o  personalismos de ocasión, podrían estarse socavando y  cercenando libertades y mecanismos de representación  dizque por un sistema más directo y efectivo. 

Hay que tener mucho cuidado con estos cambios que en nada  favorecen al ejercicio pleno de la democracia. Hay un torcido  interés por alterar – en vez de perfeccionar- nuestro sistema  político. Leyes y hasta la misma constitución son objeto de  propósitos nada loables o convenientes. Hay en todo esto, 

como se dice popularmente, un mar de fondo. En conclusión, hay que hacerse de modernos y originales métodos y pautas  que permitan un actualizado ejercicio de la democracia, sin  que ello signifique el declive de la misma. Por lo demás, hay  que tener ojo avizor para hacerle frente a cualquier  modificación que reduzca nuestros valores y nuestra libertad. 

Lo poco que nos queda, debemos protegerlo.

Ricardo Ciliberto Bustillos

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