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Es lo que es

La mente que libera: Un Manifiesto por la esperanza, por José Ignacio Gerbasi (@jgerbasi)

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Hay frases que se hunden en el alma, y hay verdades que, aunque no las hayamos formulado, hemos sentido con cada fibra de nuestro ser. Una de esas verdades, tan antigua como la civilización, nos susurra que “solo una mente educada puede comprender un pensamiento diferente al suyo”. Y en esa sencilla afirmación, se esconde la esencia de la libertad que tanto anhelamos. No la libertad que se celebra en las calles, sino la que debe nacer primero en el sagrario de nuestro intelecto.

Hemos vivido el tiempo de las trincheras, donde las opiniones se convirtieron en armas y cada desacuerdo era un campo de batalla. En esa guerra de egos, nos definimos por lo que rechazábamos, no por lo que construíamos. Medimos la inteligencia por la capacidad de derrotar al otro, de aplastar su argumento, de dejarlo sin voz. Y en esa obsesión por la victoria, perdimos la brújula. Olvidamos que la verdadera sabiduría no reside en la concordancia, sino en la sublime capacidad de convivir con lo contradictorio.

Pero miren hacia adelante. ¿Se atreven a imaginar conmigo una Venezuela diferente? Una nación que se levantará no solo de las ruinas económicas, sino de la más profunda de las fracturas: la de su espíritu. Imaginemos un país donde el primer acto de valentía sea la escucha. Donde en nuestras escuelas no solo se enseñe a debatir, sino a dialogar, a buscar juntos la verdad como si fuera el tesoro más preciado.

La nueva educación que necesita Venezuela no es un plan de estudios; es un manifiesto de vida. Debería ser el faro que guíe a las nuevas generaciones a ser pensadores críticos y almas humildes. Es cultivar en los niños y jóvenes la fortaleza de decir: «Quizás estoy equivocado, enséñame». Porque la mente estrecha necesita ganar discusiones para sentirse segura, para confirmar su propia existencia. Pero la mente sabia, esa que ha visto de cerca la fragilidad de la vida y la vacuidad del conflicto, prefiere simplemente comprender el mundo. Y esa, amigos míos, es la mente que tiene el poder de sanar y reconstruir.

Cuando recuperemos nuestra libertad, no volveremos a ser los mismos. Nos convertiremos en una sociedad que no solo tolera el pensamiento ajeno, sino que lo celebra. Entenderemos que la diversidad de opiniones no es un obstáculo, sino la paleta de colores con la que pintaremos nuestro renacimiento. La diferencia, que una vez fue fuente de resentimiento, se convertirá en la oportunidad para aprender, para crecer, para enriquecer nuestras propias visiones del mundo. La grandeza de una nación no está en su uniformidad, sino en su capacidad de coexistir en la pluralidad, de encontrar unidad en la diversidad.

Este es el pilar de la nueva Venezuela. No se trata de olvidar el pasado, sino de trascenderlo. De tomar las cicatrices del conflicto y convertirlas en la base de un pacto sagrado: el de una nación que eligió la sabiduría por encima del ego. La Venezuela que viene no necesita un solo líder mesiánico, sino millones de mentes sabias, dispuestas a entender en lugar de derrotar. Es un camino que comienza en lo más íntimo de cada uno, con una simple elección: la de soltar el rencor para abrazar la comprensión. Y en esa simple elección, no hay ni una pizca de tristeza, sino la más profunda, poderosa y conmovedora de las esperanzas.

Al final del día, la pregunta no es si somos venezolanos, sino qué clase de venezolanos seremos. ¿Estamos dispuestos a ser esa mente que libera?

Vamos por más…

@jgerbasi

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