Hay una manera de equivocarse con la mesa instalada, asegurar que fracasará. Pues, no; el riesgo es que salga bien. Hay una trampa conocida, la del proceso que no falla del todo. El mecanismo produce suficientes buenas noticias para que nadie pueda oponerse sin ser acusado de amargado, y tantas ambigüedades, para que, los que mandan sigan mandando cuando el entusiasmo pase. Es el engaño del éxito parcial, donde el tiempo no tiene importancia.
Desde Barbados, algo se alteró, y no fueron los negociadores. Son los mismos de siempre. Lo que cambió es que ninguno necesita explicación de qué es una braga anaranjada. El garrote no es un proyecto político; es una herramienta, y tiene usos específicos. Lo saben, y paradójicamente, hace al proceso más peligroso, no más serio.
La Casa Blanca llegó por negocios y seguridad hemisférica, epígrafes magníficos de cara a las elecciones de medio término. El detalle, es que su cobro no requiere transición. Barriles moviéndose, migración bajando y minerales saliendo; luce suficiente. Y, la democracia, ni por error aparece en la ecuación. No es sospecha, es aritmética. Venezuela es la mejor carta exterior que tienen Trump y Rubio. En Irán apenas el 18% de los americanos cree que lograron algo; en Ucrania, el 32%; en Venezuela, la aprobación es más del 65%. Lo único que pueden mostrar sin sonrojarse. Pero cuidado, el 72% de los estadounidenses no quiere ir más allá. Es decir, la carta sirve para cerrar, no para profundizar.
Lo que viene en agosto, septiembre y octubre, no es difícil de predecir. Anuncios efectistas, presos políticos que abandonan las cárceles, exiliados que regresan, partidos judicializados devueltos a sus dueños. En la algarabía habrá espacio para restablecer lo que conviene; la MUD no estará en la lista, tiene demasiados votos y el recuerdo del 28 de julio 2024, mientras otras agrupaciones inician procesos de legalización. Las sanciones se aflojan, el petróleo fluye, la actividad minera florece, lo eléctrico mejora y alguna sorpresa de poco esfuerzo e irrelevancia. Todas cosas buenas, que sirven para tachar de mezquino a quien critique. Ese es el diseño.
Noviembre y diciembre serán de navidades y el interés internacional se esfumará. Entonces llegará lo álgido, lo que de verdad decide quién manda; la composición del TSJ, repartida según sea de utilidad y ventaja. Luego el CNE, sin descartar antes de cualquier secuencia electoral, la reforma constitucional.
Léalo otra vez, con calma. La ventana en que nos van a dar más es la que menos están dando. Y la ventana en que se juega el país es aquella en que nadie va a estar mirando.
El mecanismo ha generado intensas y tensas discusiones, se dicen y desdicen, sin saber cómo reunificarse para realinear y resolver altercados sobre la unidad electoral de cara a los procesos. La maniobra contra María Corina Machado es más elegante que la exclusión burda que intentaron antes, y fracasaron. No son pendejos. Vienen con guantes de seda, legalizan al partido político Vente Venezuela, le permiten competir en las parlamentarias, alcaldías y gobernaciones, que serán previas a las presidenciales, archivando la habilitación como última ficha de negociación. O lo contrario, retrasan el proceso y la obligan a competir bajo condiciones que no controla. Alcabala por cualquiera de los dos lados. La candidata natural de la inmensa mayoría, reducida a peaje de un trato que no participa.
La Nobel de la Paz 2025, con quien será necesario reconstruir, exige libertad plena e inmediata de los presos políticos, cese de la persecución, regreso de los exiliados y restitución de los derechos civiles y políticos como condiciones indispensables. Sin embargo, la mesa incompleta, tiene sus tiempos y no son de premura.
Pero el cerrojo no está donde todos miran. No son los rectores del CNE, que se cambian y se pierde igual. El candado es el Registro Electoral sin auditar y los que en el exterior no pueden inscribirse. Eso no está en la agenda. Búsquenlo. Y, que no esté, es lo más honesto sobre lo que significa la mesa.
Escribo sin ganas de tener razón, deseando equivocarme. Pero si se ubica a los actores y se les ordena por quién tiene la fuerza para imponer y quién quiere de verdad una elección, aparece un hueco frío y oscuro. La casilla de la transición está vacía. No hay nadie. El único con capacidad de imponer es los Estados Unidos y le basta con menos. Los que sí quieren una transición están excluidos con premeditación y alevosía; la legitimidad de María Corina, Vente Venezuela, la diáspora y la ciudadanía. Ninguno tiene con qué obligar a nadie. Los demás no necesitan fuerza. Les basta que no pase nada.
¿Nos cruzamos de brazos? Jamás. Hay una posibilidad, aplaudir y denunciar en la misma frase. Celebrar lo bueno y mostrar las omisiones, juntas, sin separarlas. Porque separadas, el aplauso lo cobra la mesa y el reclamo queda en el aire. Hay que convertir cada promesa en un calendario verificable. Exigir fecha, cronograma y decreto. Fijar el estándar, es la única forma de influir sin estar sentado. El peligro no es el fracaso, sino el éxito a medias. Por eso, nunca quitarles los ojos de encima, porque al hacerlo, nos friegan.
@ArmandoMartini


