La mujer que mira

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Por Elizabeth Sánchez Vega

Hay algo profundamente revelador en esta fotografía de María Corina Machado hoy en Panamá. Está rodeada de teléfonos, cámaras, voces, gente que quiere registrar el momento, y sin embargo su atención parece haber borrado todo lo demás. Se inclina hacia un hombre que le habla y lo mira de frente, con esa concentración que solo aparece cuando uno ha decidido que, durante unos minutos, la historia de quien tiene delante merece ocuparlo todo.

Me conmueve particularmente esa mirada.

Porque hemos visto a María Corina frente a multitudes, en tribunas, entre dirigentes, presidentes y periodistas; la hemos escuchado hablar de libertad, elecciones, presos políticos, regreso, transición y futuro. Pero existen momentos mucho más pequeños que también cuentan quién es una persona. Aquí no hay podio. Hay dos seres humanos conversando a pocos centímetros de distancia.

Ella escucha.

Y escuchar de verdad exige algo que la política suele perder demasiado pronto: sensibilidad. Significa resistirse a preparar la respuesta mientras el otro todavía habla; significa mirar unos ojos antes que una cámara; significa comprender que detrás de cada gran palabra, Venezuela, exilio, democracia, reconstrucción, existen vidas particulares, familias, dolores, pérdidas y esperanzas que jamás cabrán completas en un discurso.

Quizás por eso esta imagen tiene tanta fuerza. María Corina está en Panamá acompañando una jornada de solidaridad después del terremoto, lejos físicamente de Venezuela y, al mismo tiempo, inevitablemente rodeada de venezolanos. El país vuelve a encontrarla en cualquier esquina. En una conversación. En una petición. En alguien que necesita contarle algo.

Y ella se acerca.

Me gusta pensar que una nación también se reconstruye así: aprendiendo otra vez a prestarnos atención. Después de tantos años en los que el poder venezolano convirtió al ciudadano en estadística, expediente, sospechoso, beneficiario o enemigo, recuperar la República tendrá que significar también devolverle a cada persona su condición más elemental: ser vista, ser escuchada, importar.

Por eso hoy me quedo con esta fotografía.

Con las manos entrelazadas. Con el cuerpo inclinado hacia quien habla. Con esa mirada fija que parece decir, sin necesidad de pronunciarlo todavía: te estoy escuchando.

Hay dirigentes que saben hablarle a un país.

Mucho más difícil es conservar, después de tantos años de lucha, la capacidad de mirar a una sola persona como si en ese instante fuera todo el país.

Y quizá allí, precisamente allí, esté una parte esencial de
@MariaCorinaYA
: la mujer que mira y siente.

PD: La fotografía circuló hoy en redes sociales. Desconozco su autor; si alguien puede identificarlo, con gusto daré el crédito correspondiente.

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