Certificaciones de una hazaña inacabada
Los procesos históricos solo se pueden historiar cuando han concluido, es decir, a partir del momento de su desaparición física. Si no han terminado, en sentido material y emocional, su apreciación depende de factores como la subjetividad incontrolable y el capricho de quienes los evocan y describen. Tal es el caso de los sucesos del 28 de julio de 2024 ocurridos en Venezuela, en cuyo desarrollo participó la mayoría de quienes redactan las páginas que siguen y los que van a leerlas. De allí que La Gran Aldea no ofrezca ahora un análisis exhaustivo de lo que entonces sucedió, ni conclusiones definitivas. Sin embargo, se atreve con una mirada panorámica en la cual se ha buscado un equilibrio digno de atención, o la posibilidad de ofrecer verdades admitidas por la inmensa mayoría de quienes se pongan frente a la computadora.
Pero no un equilibrio aséptico. Al contrario. Las cosas se ven desde el prisma de la oposición a la dictadura de Nicolás Maduro y desde las angustias de la sociedad que participó en una elección presidencial que no concluyó de veras su propósito, sino todo lo contrario. De allí la alternativa del libre juego de las pasiones que habitualmente se anima cuando no se escribe ni se lee sobre situaciones prehistóricas. Más, a la vez, el empeño en la oferta de explicaciones convincentes. Quizá sea este el principal de los logros del presente dossier, orientado a la reanimación de un hecho histórico que sigue en actividad después del varapalo, el esfuerzo que se precisa para que los enterradores del régimen no logren su pretensión de llevarlo al cementerio. Si, como sucede ahora, la meta se procura a través de acercamientos respetuosos a la realidad, esto es, de aproximaciones con los pies en la tierra, no quedan mal pagados los lectores a quienes les tocan muy de cerca unos episodios que le conciernen, o que fueron de su creación.
Este es un punto que debe considerarse frente a otros del momento y del pasado reciente: los hechos del 28 de julio de 2024 fueron creados por nosotros. Los fabricamos sin intermediarios al meter la carne en el asador. Son la hechura de nuestros días que todavía persisten en su sendero. De la lectura de las interpretaciones que hoy ofrece La Gran Aldea salta a la vista que no se trata de asuntos normales, de pormenores rutinarios, de cosas del pasar cotidiano, sino de una empresa de altos vuelos que debe tener puesto estelar en las realizaciones de envergadura que ha llevado a cabo la sociedad venezolana desde su nacimiento como república. En las horas sombrías de la actualidad que nos llenan de pesar y que tratan de exterminar las esperanzas colectivas en torno a un desenvolvimiento decoroso de los asuntos públicos, episodios cercanos y preciosos como los que se reconstruyen aquí son el aliciente para la continuación de su desenvolvimiento: nos introducen en anales altísimos de la vida venezolana. Anales nuestros fabricados por gente común y corriente de nuestros vecindarios, guiados por líderes cuya estatura crece cuando las páginas del dossier se refieren a lo que hicieron, a lo que dejaron de hacer y a la finalidad que todavía procuran. O que procuramos en conjunto, pese a los obstáculos.
Los albores del suceso se describen aquí en El inicio de un movimiento, un capítulo escrito por Walter Molina Galdi en el cual ofrece cuenta de cómo se hizo realidad una lucha concreta y factible cuando las esperanzas de cambio de la sociedad estaban al borde del abismo. Todo lo que relata sobre los esfuerzos para la realización de la elección primaria de la oposición, debido a los cuales se comienzan a observar las fisuras de los líderes opuestos a la autocracia y el encumbramiento de María Corina Machado como encarnación de las esperanzas colectivas y como desembocadura del afecto popular, es el corredor elocuente que desemboca en la hazaña del 28J.La campaña electoral a la cual se llega hasta concluir en una victoria arrolladora de la oposición, después de meterle más cimiento al liderazgo de MCM, ocupa las páginas acuciosas del editor de La GranAldea, Alejandro Hernández, bajo el título de La campaña y el país que levantó la voz. El editor no escatima evidencias a través de las cuales conocemos detalles fundamentales del asunto, como la aparición inesperada de la candidatura de Edmundo González Urrutia, oportunamente apadrinada por MCM, la escandalosa defección de dirigentes otrora importantes de la oposición, el incremento del apoyo popular a una nominación sorpresiva y las groseras presiones de la autocracia para torcer una ruta destinada al triunfo arrollador. Gracias a las teclas combativas de Naky Soto, en su escrito sobre La victoria pendiente queda el desafío de no cesar en la pugna por la reconstrucción de la república, partiendo de los testimonios que dejó la resistencia popular después de la perpetración de un abrumador fraude electoral sobre cuya ejecución sobraban y sobran las evidencias.
De la calificación de los escritos que forman el dossier se desprende que no estamos ante interpretaciones asépticas, sino ante un empeño de luchadores. Pero, también y especialmente, como verán al toparse con sus letras, frente al trabajo de unos profesionales a quienes no atrae la aventura de la irresponsabilidad. Por consiguiente, ahora tiene el lector la oportunidad de un espejo confiable para mirar y para mirarse en los episodios del 28J. También para actuar en consecuencia. Porque no solo se le ofrece la ocasión de leer, sino también de leerse. Esto es, de saber con quien anda en la actualidad y de sentir con quien no debe andar mañana, partiendo de la opción escogida en una etapa de clarividencia. En lugar de descubrir historias remotas e inaccesibles, puede verse como protagonista de una de esas gestas dignas de memoria que los pueblos realizan en sus trabajos más lúcidos y desprendidos confiando en la victoria, por trabajosa que sea. De una hazaña que necesariamente marca la piel y el espíritu de quienes la llevaron y la llevan a cabo. Un aporte de trascendencia de La GranAldea a sus usuarios, en suma.
Elías Pino Iturrieta – La Gran Aldea


