Morfema Press

Es lo que es

La trama y el vagabundo

Comparte en

Confieso una mezcla de ternura y admiración por David Sánchez, el hermano del faraón. Es como si, en el reparto genético de cualidades, David se hubiera quedado la bondad, la confusión, la bohemia, y la torpeza, y Pedro se hubiera apropiado del histrionismo, la audacia, la ambición, y la maldad. En cuanto al intelecto, es sabido que se lo disputaron con ferocidad hasta que cayó al suelo hecho añicos. 

David siempre tiene aspecto de haber pasado mala noche, quizá cerrando bares literarios, discutiendo sobre la metafísica de la música en Schopenhauer, o sentado en una comuna hippie aprendiendo a tocar en la flauta La danza de las chirimoyas. Pedro, de joven, parecía empeñado en aparentar que se había criado en los túneles secretos del Banco de España, y que sería el próximo Mario Conde, al menos en lo que se refiere al éxito con el otro sexo, que antes de Begoña sólo creía en la existencia de dos sexos: poco o mucho.

La caravana de David demuestra su vocación de nómada, sin más ambiciones que viajar entre noruegos que separan para reciclar hasta el aire que respiran, o duchándose en playas surferas del norte de España, siempre entre una gran confusión sobre la noche y el día. Pedro debe despreciar intensamente a su hermano y sentir un profundo asco por la vida en el interior de una caravana, con poca ventilación, dudosa higiene, y ninguna posibilidad de que incluya gimnasia, salones, y sauna —con perdón—.

En David es ambiguo todo, que te sorprende muchísimo que tenga mujer, por obvias razones y otras chirimoyas, hasta que descubres que ella es una chica llamada Kaori Matsumoto, que vive en Japón, si bien las posibilidades de que el marido acierte su ciudad de residencia a la primera son las mismas de que recuerde su puesto de trabajo en la Diputación de Badajoz. No descarto que necesite llevar el apellido de Kaori apuntado en un papel en el bolsillo, por si alguien se lo pregunta. Pedro, por el contrario, multiplicó sus ambiciones al matrimoniar con Begoña, haciendo de la pareja el polo opuesto a la de su hermano y Kaori. En esas pretéritas cenas de Nochebuena, Pedro y Begoña hablarían de sus negocios e imperiales aspiraciones, mientras que David y Kaori, en el caso de que abran la boca para algo más que comer alguna cosa certificadamente vegana, relatarán que ahora practican yoga al sol por las mañanas, haciendo entre ambos la figura del Centauro en el césped junto a la caravana. Pedro arrugará la nariz con asco, mirará al infinito imaginando la escena, y susurrará a su mujer: «estos son un poco tolilis».

Sospecho que, llegado el momento, la dispersión, la extraña vida bohemia de David Sánchez, y sus débiles vínculos afectivos con la realidad fueron interpretados por Pedro como un posible flanco débil en su pretendido ascenso al poder. De modo que —mi apuesta— cogió por banda a su hermano menor en modo sermón paternalista, y decidió atarlo en corto: «se acabó la joda, chaval». Puesto de trabajo sin trabajo, yo te arreglo lo de la residencia oficial, sobre todo no aparezcas por ningún sitio, y nunca, bajo ningún concepto, hables con desconocidos. A partir de hoy eres David Azagra, naciste en Viena con una batuta bajo el brazo, y no me conoces de nada. 

Como ocurre con todos los artistas, a David no le resultaría en absoluto molesta la intromisión de su hermano, toda vez que significaba poder por fin dedicarse a la «vita beata» a la que cantó Gil de Biedma: «No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas». En su huida de parranda por el lado anónimo de los días, se encontró con el monstruo de los problemas más odiados de todo muchacho de existencia errante —legales y fiscales—, y Pedro optó por esconderlo en palacio, reservándole cama VIP en el aparcamiento a la caravana; perfecta paradoja de las dos vidas de la misma familia: la cutrez marihuanera del nomadismo en roulotte y la majestuosidad y el dispendio honorífico de las mieles palaciegas del amo de la nación. 

Sospecho, en fin, que en David, para bien o para mal, no hay nada impostado. Es así. Y tengo la certeza de que, en Pedro, por supuesto, no hay nada verdadero.

Por: Itxu Díaz – La Gaceta de la Iberosfera

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top
Scroll to Top