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La Venezuela que vendrá y no veremos, por @ArmandoMartini

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Política irracional e incomprensible de un país que parece no tocar fondo. ¿Cómo imaginar la dualidad en presidente, tribunal supremo de justicia, parlamento, fiscal general y procurador?, todo posterior a la trampa constituyente que mintió sobre redactar una nueva Carta Magna. El Estado son las instituciones que lo conforman y dan vida en un marco de legalidad, que en Venezuela claudicó. El chavismo, desmontó las estructuras que amenazaban la continuidad del sistema totalitario. Sin embargo, haber alcanzado esta sinrazón y pérdida de juicio no es sólo endosable a chavistas y opositores. Es pecado de todos. Con excepciones, la mayoría no entendió; ahora, es cuando comienzan a entender.

El mundo fue testigo indiferente de cómo se instaló la hegemonía. La comunidad internacional entre temores, ambigüedad y confusa diplomacia, creyó la panacea de transición apostando a Washington. Exigió enfriar la presión interna y las calles cesaron. Hoy, el oficialismo se burla y ríe a carcajadas en todas las instancias; poco importan rituales sancionatorios y declaraciones anémicas de La Haya, el castro-madurismo continúa mofándose.

Los abusos fueron consentidos como excentricidades del Caribe. Los insultos como malcriadeces de franqueza tropical. Y para persecuciones, violaciones a la libertad y otras arbitrariedades, se justificó como descortesía de ridiculez caribeña, utilizando el pretexto del ensayo social, conocido como socialismo bolivariano del siglo XXI. La izquierda lo defendió por principio reaccionario y pocos condenaron el cierre de un simbólico canal de televisión. Hoy, el Colegio Nacional de Periodistas alerta sobre casi 200 medios clausurados, entre periódicos y emisoras de radio; e innumerables intimidaciones a reporteros gráficos y periodistas, además de bloqueos a plataformas digitales de opinión.

Lo que comenzó como improperios a rivales se traduce en incontables presos y exiliados políticos, con denuncias de tortura que deja como saludo el informe de Naciones Unidas. Además de la sistemática violación de los derechos humanos y supuestos crímenes de Lesa Humanidad, que obligan la apertura de una investigación por parte de la Corte Penal Internacional. Y la frágil complaciente oposición se confió en negociar renunciando principios éticos y valores morales, creyó en las buenas costumbres, pensando pondría en duda la legitimidad oficialista, sin comprender, pendejamente, obsequiaba tiempo y dejaba que utilizaran la democracia, valiéndose de mecanismos dudosos constitucionales para hacerse de instancias públicas y dominar espacios de participación.

Finalmente, los ciudadanos engañados y traicionados creyeron en la falsa oposición que se burlaba de ellos y los utilizaba como instrumento de negociación. Las dictaduras se derrotan desde adentro, con estrategia, valentía, constancia, coherencia y siempre diciendo la verdad.

La nación del futuro será tecnológica, eficiente, pragmática, liberal, que rinda cuenta al ciudadano, honesta y decente. No la del chavismo-castrista-madurista, ni la del G4, tampoco del interinato, menos, del empresariado acomodaticio. Es de la que edifica con arraigo, se construye en sitios de trabajo y expansión; los que habiendo nacido pocos años antes de la ignominia chavista, y durante el “desarrollo” de la revolución, difícil de catalogar, porque nada ha sido, ni bolivariana, ni chavista, castrista o madurista, cívico militar, fanático-iraní, Putin-devota, en fin. Porque de todo ha sido un poco y en todo se ha equivocado.

La Venezuela 2022 esta hambrienta entre insuficiencias, falta de agua y electricidad, inseguridad, afligida por la inseguridad, salarios ofensivos a médicos, enfermeras, maestros, policías, bomberos y otras graves fallas. Abrigada en ignorancia, avergonzada por la corrupción, humillada por la inflación, enferma sin medicinas ni tratamiento; resultado del desportillado gobierno de incompetentes, presumidos y adulantes. Así como del castrismo derrotado en soluciones, y los que se “oponen” reiterando promesas incumplidas y fracasos repetidos.

Llegará el momento de retomar la descascarada Venezuela. No será con pequeños arreglos ni meses, años o un periodo presidencial. Habrá que hacer un país desde sus raíces, se ha perdido todo. La revolución pudre y corroe, toca levantarlo, hasta en la forma de comportarse.

La rancia partidocracia facilitó el acceso y los nuevos se insertaron con maquillaje, pero sin corregir imperfecciones. Nada cambió, Venezuela fue en retroceso. Si desaparece el Estado venezolano, la culpa es de todos, unos más otros menos. En el fondo juzgamos que la dictadura del siglo XXI se derrota con herramientas políticas del siglo XX. Nos equivocamos, hay que reconocerlo. La sobrevivencia hegemónica y totalitaria del chavismo sin Chávez es prueba irrefutable de que no entendemos.

Los que no han fallado tienen arraigo, son quienes, se forjaron y siguen forjándose; sin ideología sino principios, sin expectativas sino propósitos, y sirven como quieren ser servidos. Ellos verán una república a su imagen y semejanza. Los mayores, padres y abuelos, moriremos antes.

@ArmandoMartini

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