1/ La ceremonia del Nobel 2025 NO fue un acto cultural.
Fue un acto de guerra simbólica contra la dictadura venezolana.
2/ La silla vacía de María Corina Machado fue el signo central.
En semiótica, la ausencia puede hablar más fuerte que la presencia.
Y aquí gritó: “En Venezuela, el líder democrático debe esconderse para no ser torturado.”
3/ El Comité Nobel empezó narrando horrores:
Niños electrocutados, adolescentes asfixiados, militares torturados.
No era una historia: era un acta de acusación internacional.
4/ Luego desmontó el relato oficial del régimen.
Dijo, en esencia:
“Si repites propaganda autoritaria, eres parte del sistema de opresión.”
Una bofetada a quienes aún usan el lenguaje del chavismo sin darse cuenta.
5/ El discurso mostró algo clave:
La dictadura no gobierna con leyes.
Gobierna con signos de terror: desapariciones, videos de humillación, cuerpos golpeados.
Es un idioma. Una gramática del miedo.
6/ Y después vino el giro:
La oposición democrática venezolana —la de verdad— no es víctima.
Es sujeto histórico.
Un actor capaz de documentar un fraude, unificar fuerzas y resistir sin disparar un tiro.
7/ El Nobel convirtió a María Corina Machado en un significante global,
al nivel de Mandela y Sájarov.
Eso no lo puede borrar ningún troll, militar o propaganda.
8/ La parte más explosiva:
El Comité pidió explícitamente a Maduro que renuncie.
No es una opinión.
Es la sanción simbólica más alta que un organismo civil puede emitir.
9/ Oslo no premió el pasado.
Premió el futuro democrático que el régimen intenta impedir.
Y le dijo al mundo:
“La neutralidad frente a esta dictadura es complicidad.”
10/ El Nobel no fue un homenaje.
Fue un cambio de narrativa global,
una ruptura del marco semiótico que protegía al régimen.
Y cuando cambia el relato, cambia el poder.
Venezuela acaba de entrar en otra fase.»
Antonio De La Cruz



