La internacional progresista dirigida por Pekín y por Moscú, como antes lo fue la Internacional Comunista (la Comintern) liderada por la Unión Soviética y, más tarde, lo sería el Pacto de Varsovia que estructuraba la coordinación ideológica y militar durante la Guerra Fría, se empieza a desmoronar.
Por: Aquilino Cayuela – Fundación Disenso
Aquellos que, como Slavoj Žižek o Pablito Iglesias, soñaron, durante la Pandemia del COVID 19, que «Un fantasma recorría Europa» y una legión de muertos vivientes se hacía con el mundo como sacados de una vieja película de George A. Romero, ven como su comunismo zombi toca a su fin, por obra y gracia de Donald Trump. Sus facilitadores de primera línea: Irán, Cuba y Venezuela se desmoronan a pedazos.
«El totalitarismo woke es el zombi del totalitarismo socialista»
La internacional progresista, eufemismo del viejo y rancio socialismo, su camuflaje, la máscara que oculta el cadáver del comunismo zombi, aquel que murió en 1989 y que sus nigromantes han ido reviviendo hasta el día de hoy, se ve en difíciles aprietos.
El progresismo internacional es, como se sabe, «rojo por dentro» y el liberalismo había tuneado (de «tuning») las democracias occidentales ajustándolas a sus intereses ideológicos de una nueva izquierda camuflada en el englobado liberal como «progresista»: LGTBQ-ismo, transexualismo, generismo, feminismo «#MeToo», Climatismo, Animalismo, y todos los «-ismos» multicolor que nos impone la Unión Europea con su tuneo ideológico, es decir: si eres demócrata es porque participas de todos estos «ismos», si no los complaces es que eres autoritario y fascista. El totalitarismo «woke» es el zombi del totalitarismo socialista, rojo por dentro, al que se suma todo lo «anti»: antifa; antitaurino; antisistema; antisemita.
«El agendismo es el verdete tóxico que funciona para fertilizar un proyecto político cada vez más autoritario»
Los «ismos» y los «antis» «componen el pigmento de cobre (o cardenillo) que da base al círculo multicolor de la agenda 2030. Ese pin que lucen la flor y nata de gilipollas que impulsan los cambios acelerados de nuestro tiempo.
El «agendismo» es el verdete tóxico que funciona como redes superpuestas para fertilizar un proyecto político cada vez más autoritario, más intervencionista, más servidor de élites sin rostro que no consideran a los ciudadanos, a las gentes y a sus realidades de carne y hueso. Se mofan de quienes debemos llegar a final de mes y sacar a los nuestros adelante.
«En el ámbito internacional son muchos los elementos dispares de este sistema, que nos ha desplazado en la historia desde el despunte de China»
La democracia liberal está en un punto indeterminado entre la crisis de 2008 y la crisis del COVID 19, se corrompió por esta ideología difractada y comenzó a perjudicarnos la vida, muy a particularmente a los europeos y, en concreto a los españoles, desde que Sánchez Castejón desbancó arteramente al centroderecha liberal.
Pero en el ámbito internacional son muchos los elementos dispares de este sistema —guerras híbridas, mercenarios rusos, dinero de Estados árabes (chiís y sunís), narco-dictaduras, tecnologías de vigilancia chinas y estadounidenses y partidos políticos de extrema izquierda aceptados y blanqueados por liberales y socialdemócratas en Europa y América del Norte— que nos ha desplazado en la historia desde el despunte de China, a partir de 2014.
«En Europa, somos los europeos los más perjudicados y exigidos por nuestras propias políticas»
Todas estas relaciones se afianzan y agravan el control autoritario. En Europa, somos los europeos los más perjudicados y exigidos por nuestras propias políticas, en Europa somos los cristianos los más avasallados y perseguidos; en Europa la presión fiscal aprieta a las clases medias y trabajadoras, en Europa un cambio poblacional amedrenta a los autóctonos como nunca en la historia. Dentro de Europa vivimos un deterioro forzoso de nuestra identidad y tradiciones y crece el empobrecimiento (en todos los ámbitos) del ciudadano medio. Desprotección de la familia, de los estados naturales y de la propiedad privada. Cuando nos vengamos a dar cuenta no sabremos quienes somos ni lo que tenemos. Para botón de muestra las políticas anti-sociales del gobierno de Pedro Sánchez Castejón.
La colaboración y ayuda mutua de la internacional progresista con potencias «no democráticas» Irán y sus franquicias de Oriente Medio, Venezuela, Cuba, Nicaragua, y tras ellas China y Rusia se desenmascara con las crisis originadas ahora por la política exterior de Donald Trump. Desenmascaramiento verificado en las movilizaciones de la extrema izquierda y separatista (que gobierna junto a Pedro Sánchez) a favor de Maduro o de la organización terrorista Hamás. Ya lo sabíamos siempre han sido los «mismo perros» y ayuda mutua que eran en los 70, pero ahora más zombis todavía.
«Ahora Trump ha decidido remover el tablero internacional»
China ha utilizado su red de Institutos Confucio (organizaciones que promueven la lengua y la cultura chinas), asociaciones de la diáspora y medios de comunicación vinculados al Estado para moldear el debate político y reprimir las críticas en el extranjero, entre otras cosas presionando a las universidades, intimidando a los periodistas y apoyando a candidatos pro-Pekín en lugares como Australia y Taiwán. En España, Venezuela e Irán han hecho el trabajo sucio y padecemos un gobierno aupado por estos regímenes que extienden la influencia autoritaria a los ámbitos democráticos, al tiempo que erosionan las normas de transparencia y pluralismo en las que se basa la democracia.
Ahora Trump ha decidido remover el tablero internacional. Cierto que nos puede meter a todos en un follón muy grande, pero de hecho lo está haciendo y de lo que no cabe duda es que los beneficiarios de la «internacional progresista» se empiezan a asfixiar, ahora (como decían los Sex Pistols) se ven: There’s no future no future. No future for you.


