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Obama, el ecologista que contamina y el luchador contra la desigualdad que se llena los bolsillos

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Por Diego Sánchez de la Cruz

Su último escándalo: ha sido pillado levantando una infraestructura muy contaminante en su mansión de Martha’s Vineyard

Martha’s Vineyard es un selecto enclave insular asociado al Estado de Massachusetts. En los meses de verano, su población se multiplica de forma exponencial, merced a la llegada de miles de estadounidenses que residen en otras demarcaciones del país norteamericano pero reservan las mejores fechas de sus vacaciones para desplazarse a la isla.

Si nos acercamos al número 79 de la calle de Turkeyland Cove Road, nos topamos con la mansión de una de las familias más ricas de la zona. Se trata del matrimonio formado por Barack y Michelle Obama, que hace apenas tres años desembolsaron más de 11 millones de dólares para hacerse con una propiedad ubicada al sur de Martha’s Vineyard, junto al Gran Estanque.

A nadie escapa que el ex presidente norteamericano ha insistido en incontables ocasiones en la necesidad de «luchar contra el cambio climático». A la hora de justificar este discurso, Barack Obama se ha apoyado de forma recurrente en informes que alertan de un aumento del nivel del mar que terminaría sumergiendo las franjas costeras del continente y los territorios insulares. Unas advertencias que chocan con su conducta privada, marcada por la decisión de comprarse una propiedad que presenta tales características…

Superada la pandemia del coronavirus, los Obama han decidido ampliar su propiedad con una gran instalación orientada a asegurar el suministro energético de la finca. Para hacerlo, han procedido a levantar dos enormes tanques de almacenaje de combustibles fósiles cuya capacidad supera los 11.300 litros o, lo que es lo mismo, los 2.500 galones.

El plan de los Obama es surtirse de gas propano gracias a estos dos nuevos tanques, apuesta un tanto contradictoria con su discurso medioambiental. Y es que, como es sabido, la combustión basada en el uso de gas propano produce emisiones de partículas, dióxido de sulfuro, monóxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno y nitrato… De modo que, una vez más, la conducta de Barack Obama y su esposa Michelle vuelve a revelar una preocupante distancia con respecto a sus posiciones políticas y sus declaraciones públicas.

No hay que olvidar que, en plena pandemia, Barack Obama fue duramente criticado por organizar una fiesta de cumpleaños que pretendía reunir a 475 invitados en su mansión de Martha’s Vineyard. Organizaciones ecologistas criticaron al ex presidente por promover un encuentro de este tipo, puesto que el desplazamiento hacia la isla de tantos amigos y conocidos habría acarreado la llegada de cientos de jets privados.

Ante estas críticas, la festividad final fue algo más pequeña, pero tras el amago de cancelación lo cierto es que el convite terminó siendo casi tan extravagante como se había anunciado en un primer momento. El matrimonio contó con la presencia de figuras públicas como Beyoncé, Jay-Z, George Clooney, Tom Hanks, Steven Spielberg, Bruce Springsteen… De modo que Obama se salió con la suya y el grueso de los viajes previstos en avión privado terminaron produciéndose de todos modos. Y todo viniendo de un ex presidente que aboga por restringir este tipo de desplazamientos para el resto de la población, apelando a la «emergencia climática».

Hablar de ‘desigualdad’… para forrarse

Los Obama no parecen tomarse muy en serio su propio discurso medioambiental, pero ocurre algo parecido con sus mensajes acerca de la desigualdad. Durante su presidencia, el dirigente demócrata habló del enriquecimiento económico de los estadounidenses más acaudalados como «el desafío que define nuestra era» y denunció tales procesos de acumulación patrimonial como realidades que constituyen «una ofensa para la esencia de Estados Unidos». Sin embargo, si algo han hecho Barack y Michelle Obama desde que abandonaron la Casa Blanca es ganar auténticos dinerales por trabajos que rara vez se remuneran de forma tan exuberante como en su caso.

Por ejemplo, el matrimonio Obama ha firmado un contrato de 65 millones de dólares para publicar sus memorias de los años de la Casa Blanca, muy por encima de los 15 millones que ingresaron los Clinton o de los 10 millones que se llevaron los Bush. Y todo a pesar de que las anteriores obras autobiográficas de Barack Obama, Sueños de mi padre y La audacia de la esperanza, lograron ventas por valor de 16 millones de dólares, una cifra importante, pero a años luz de la cantidad que el matrimonio ha recaudado a cambio de contar cómo fue su vida entre 2008 y 2016.

Algo parecido ocurre con los discursos que Barack Obama pronuncia a lo largo y ancho del globo y que le reportan jugosísimos ingresos al alcance de muy pocos. En 2017 trascendió que su caché asciende a 400.000 dólares por conferencia. Por cada minuto de intervención, se lleva casi 7.000 dólares.

El último ejemplo lo tuvimos hace escasos días en Málaga, donde dio una charla sobre «digitalización»… Según los medios locales, Obama habría ganado medio millón de dólares por hablar media hora de este tema en el que no se le conoce ningún tipo de mérito. No está nada pero que nada mal viniendo de un matrimonio que ha hecho carrera política a base de criticar la desigualdad y la acumulación de riqueza…


Diego Sánchez de la Cruz es Director de Foro Regulación Inteligente. Investigador asociado del Instituto de Estudios Económicos. Analista económico y político en prensa, radio y televisión. Desde 2013, colabora de forma habitual en Libre Mercado, Libertad Digital y EsRadio

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