Por Alfredo Maldonado
No es como dicen CNN y otros centros de información, la derecha no se está apoderando de Europa, aunque el Partido Popular y Vox aliados le ganen al, peor que comunista, inepto Pedro Sánchez y su desprestigiado PSOE en España próximamente.
No es el imperio de Le Pen en Francia y que la enérgica signora Giorgia Meloni, con más de 7 millones de votos, haya escalado al poder y con ella la llamada ultraderecha que, en realidad, no es más que poner orden en la pea del ya no tan viejo continente.
No, es que los europeos están hasta las narices del desorden y la excesiva burocracia europeos, que se han dejado sorprender con los pantalones (y las faldas) en el piso por Vladimir Putin, quien puesto contra la pared por la resistencia ucraniana y el montón de dinero de la Unión Europea y Estados Unidos, ahora no sólo chantajea sino que sabotea su propio gas, aunque todo indica que quienes pasarán frío serán los rusos y no los europeos aunque el Mar Báltico se ahogue en gas ruso.
A Putin le están fallando las armas, los cálculos políticos, la conducción militar y los oficiales y soldados en Ucrania, y sólo desde hace un par de días se ha sacado de la cartera unos drones que están, por ahora, haciendo algún daño porque los ucranianos aún no les descubren el truco, pero ésa es ya una guerra perdida en medio de armamento descoyuntado y de mediocre calidad, soldados con escasa motivación y miles de rusos colapsando aeropuertos y puestos fronterizos para salir –casi nadie para entrar- huyéndole a una guerra que nadie, excepto Vladimir Putin, quiere.
A Giorgia Meloni –como a Feijóo y Abascal en España- le dan los cálculos porque no está apostando a la dureza fascista como erróneamente señalan algunos medios, sino al orden y al adecuado cumplimiento de los servicios y la paz pública.
No se confundan, Meloni, Feijóo, Abascal y la Le Pen jr. (que está por verse) son personas serias que ofrecen gobiernos en serio, una Europa en esmerado desarrollo con fronteras confiables y sin relajo, cumpliendo los compromisos que deben cumplirse y dejando de lado los atribuidos, y fortificando un mejor hábitat para los europeos. Si queda para los migrantes, bien. Si no, el mundo es grande, Europa tiene límites.
No se confíen en que Giorgia Meloni es una mujer joven y bonita, todo lo que ha dicho hasta ahora es de una realidad contundente. No habla de la vieja Europa, tiene la mente joven y dinámica en la Europa que se renueva con sus propios estilo, dinámica y programaciones.
Los que deberían preocuparse, como Putin, son los dirigentes europeos que, como el alemán Scholz, debieron reaccionar a la carrera tras amanecer sus propios gobiernos con una Rusia que no es la democracia dura de Vladimir Putin, sino el sueño preocupante de la vetusta y represora Unión Soviética ahora empantando en Ucrania.
Ahora Putin –este 1º de octubre, para ser exactos- firma un nuevo truco, unos referendos a punta de fusil y calculadoras rusas para hacerse con los territorios ucranianos que con tanques y drones no ha podido conquistar, un truco con armas sucias electorales que no se creen ni siquiera los ucranianos –alguno queda- afectuosos con Rusia.
Putin está ya atrapado entre tres realidades. Un pueblo nervioso y descontento al cual ha llevado a una guerra que no quiere, una Europa que avanza en busca de dirigentes e ideologías claras como la de Giorgia Meloni y el progresivo despertar de los países al Este, que fueron pro rusos y comienzan a preguntarse qué demonios hacen ahí.
Y China, claro, detenida temporalmente por problemas económicos y porque deben ajustar sus gigantismos, pero que viene avanzando desde el este. Y llegará, la Ruta de la Seda no tiene a la Rusia de Putin como aliado sino como problema.


