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Pensar libre para vivir libre: La Venezuela que nace desde dentro, por José Ignacio Gerbasi (@jgerbasi)

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Si lo piensas bien, muchas de las cosas que ayer te preocupaban jamás ocurrieron. Y sin embargo, ¿cuánto tiempo, cuánta energía y cuánta vida se te fue en ese desgaste inútil? La preocupación, como ladrón silencioso, se infiltra en la mente y nos roba el único recurso que jamás vuelve: el presente.

La psicología moderna lo demuestra: gran parte de nuestras angustias son proyecciones de la mente, simulaciones de escenarios que rara vez ocurren. El Dr. Daniel Gilbert, profesor de Harvard, explica que nuestro cerebro sobrestima las consecuencias negativas y subestima la capacidad de adaptación que tenemos. En otras palabras, sufrimos más en la imaginación que en la realidad.

Y aquí aparece un punto crucial: la mente no solo interpreta el mundo, lo crea.

La neurociencia moderna lo confirma: cada pensamiento genera un patrón químico en el cerebro, y esos patrones —repetidos una y otra vez— moldean nuestro estado emocional y nuestras decisiones. El Instituto de Neurociencia del MIT ha demostrado que la repetición de pensamientos negativos fortalece las conexiones sinápticas que sostienen la ansiedad, mientras que la práctica de pensamientos positivos, gratitud y resiliencia fortalece áreas relacionadas con el bienestar y la creatividad. Es decir, lo que pensamos no solo nos condiciona; nos construye.

Esto lo intuyó Aristóteles hace más de dos mil años, cuando escribió:
«El pensamiento determina el comportamiento, el comportamiento los hábitos, los hábitos el carácter, y el carácter marca el destino.»

Hoy, en la Venezuela herida pero viva, esa frase adquiere una relevancia luminosa. Porque un pueblo que se piensa derrotado inevitablemente se comporta como tal. Y un pueblo que elige pensarse libre, aunque aún no lo sea, comienza a moldear con cada hábito, con cada gesto y con cada acto cotidiano el carácter de su verdadera libertad.

Pero cuidado: la libertad auténtica no nace de un cambio exterior, sino de un cambio interior. La preocupación constante y el miedo paralizante nos convierten en esclavos de pensamientos ajenos, de realidades impuestas. En cambio, la autenticidad comienza cuando dejamos de vivir bajo el peso de impresionar a los demás y nos atrevemos a ser radicalmente nosotros mismos.

La filosofía existencial lo plantea con fuerza: el hombre no puede escapar de sí mismo. Quien huye de su propia interioridad, tarde o temprano, se convierte en prisionero de un vacío más profundo que cualquier opresión externa. Por eso, la primera revolución que Venezuela necesita no es política ni económica, sino espiritual e intelectual: la liberación del pensamiento.

La ciencia también nos habla de este poder. Estudios sobre post-traumatic growth —crecimiento postraumático— muestran que, en sociedades que han atravesado guerras, desastres y crisis prolongadas, hay individuos y comunidades que no solo sobreviven, sino que crecen. Desarrollan una mayor empatía, una visión más clara del propósito de la vida, y un sentido de fortaleza interna que jamás habrían descubierto sin la adversidad.

Esto quiere decir que el dolor no es solo cicatriz: puede ser semilla. La desgracia, lejos de ser el final, puede convertirse en el crisol donde se forja un carácter colectivo más sabio, más humano y más libre.

Entonces, ¿qué significa esto para nosotros, los venezolanos? Que aunque la preocupación quiera robarnos la vida, aunque la oscuridad del presente parezca interminable, la verdadera victoria está en decidir qué pensamos hoy. No podemos controlar cada circunstancia externa, pero sí podemos elegir si vamos a alimentar el miedo o la esperanza, la queja o la creatividad, la parálisis o la acción.

La esperanza, lejos de ser ingenuidad, es el acto más revolucionario. Es, como decía Viktor Frankl, “la resistencia del espíritu humano frente a las circunstancias”. Es mirar hacia el futuro con la certeza de que, aunque hoy todo parezca incierto, un destino distinto se está forjando dentro de cada uno de nosotros, en la intimidad del pensamiento y en la coherencia del carácter.

Por eso, venezolano, no olvides:

  • Tu vida no está definida por lo que te pasa, sino por cómo lo piensas.
  • Tu destino no lo dicta la preocupación, sino la capacidad de vivir con autenticidad cada momento.
  • Tu libertad no empieza con un decreto ni con un cambio de sistema, sino con tu pensamiento liberado.

La Venezuela que soñamos no vendrá como regalo de los poderosos ni como accidente del tiempo. Nacerá desde dentro, desde cada conciencia que se atreva a pensarse diferente, desde cada corazón que decida no rendirse, desde cada carácter que, en vez de quebrarse, se transforme.

Y entonces, cuando la mente sea libre, el cuerpo social será libre. Porque un pueblo que piensa con autenticidad y actúa con carácter no hay poder que lo pueda someter.

Al final, la enseñanza es clara: no dejes que la preocupación te robe la vida. Sé dueño de tu mente, cultiva tu carácter, y Venezuela será libre, porque tú ya lo eres.

Vamos por más…

@jgerbasi

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