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Es lo que es

Petróleo y democracia, por Ricardo Ciliberto Bustillos 

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Un mozalbete de escasos 11 años llega a Caracas. Provisto de  una gran imaginación, su primera impresión de aquella  modesta ciudad, en comparación con su Guatire natal, ha debido ser la de una mayúscula metrópoli. En 1908, año de su nacimiento, nueve meses más tarde se embarcaría sin retorno  al suelo patrio, en el vapor Guadalupe, el general Cipriano  Castro, quien gobernaba dictatorialmente desde 1899. 

El arribo de la familia Betancourt Bello a la capital coincidía con  la presidencia provisional del Dr. Victorino Márquez Bustillos, mientras el verdadero jefe, general Juan Vicente Gómez,  despachaba desde la Comandancia General del ejército. Ya el  petróleo comenzaba a perfilar su impronta. En efecto, el 14 de  diciembre de 1922 se produce el reventón “Los Barrosos”, en  el Estado Zulia, dando inicio propiamente a la economía  petrolera, desplazando así al café y el cacao. 

Estas dos circunstancias: El férreo y personalísimo mandato de  Gómez y la aparición y posterior explotación petrolera,  determinaron la adolescencia y juventud de quien con los años se destacaría como gran luchador por la libertad y la  democracia venezolana. 

Rómulo Betancourt había nacido un sábado 22 de febrero.  Inquieto, devenido en un extraordinario lector y acucioso  estudiante, ideólogo, sobresaliente organizador y admirable estadista, descolló en la historia política de Venezuela a partir  de la muerte del autócrata en 1935, sin aminorar sus  importantes actividades desde 1928. La democracia que  tuvimos (y que urge restablecer) tuvo en él un gran inspirador  y artífice. Sería una mezquindad sin bridas, no reconocerle  este desempeño o intentar minimizarlo en la memoria  colectiva. 

Petróleo y democracia, fueron dos preocupaciones casi  obsesivas a las que dedicó infinitas horas de estudio, reflexión,  desvelos partidistas y afanes gubernamentales. Su obra  “Venezuela Política y Petróleo”, evidencia -precisamente- su propia naturaleza y talante. En este orden, sostenía que el  petróleo debía ser un instrumento fundamental para el  desarrollo económico y social del país. No otra cosa. Y el  manejo por los venezolanos de la exploración, explotación y  comercialización de este fundamental hidrocarburo, sería una  meta u objetivo permanente en sus no menos contundentes planteamientos. 

Firme en sus convicciones democráticas, jamás oímos ni leímos algún argumento a favor de ese entuerto que llaman ahora los acomodaticios dirigentes “pasar la página”. Mucho  menos, acerca de una oportunidad para estimular cualquier  arreglo entre sombras y encierros. Su entereza y honestidad  política a favor de la implantación de una democracia en 

Venezuela, no dio lugar a dudas y mucho menos a endebles y sospechosas posiciones. 

Celebramos este 22 de febrero el 117 aniversario de su  natalicio. Rómulo Betancourt es de esos hombres que no  pueden permanecer olvidados en las páginas de la buena  historia venezolana. Sus ideas, propósitos y conducta  aleccionadora continúan más vigentes que nunca. Por lo  demás, deberían servir de guía para aquellos orfebres del  olvido, más que del perdón, y para aquellos “bailarines” que  no pierden ocasión para saltar, frenéticamente, al centro del salón y mostrar sus habilidades y piruetas. Deberían aprender  – en todo caso- qué es y cómo hacer verdadera política.

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