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Presos en una celda abierta: un orden mundial basado en el miedo

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Por Luis Eduardo Martínez

Ya han transcurrido 267 días desde que las fuerzas armadas rusas invadieron Ucrania. En menos de un año el balance de poder a nivel mundial cambió de eje, así como los valores que predominan en el escenario internacional. La vida cotidiana alrededor del mundo también sufrió. El temor a lo desconocido y el instinto de preservación parecen haber sustituido a la esperanza y la apertura como lógicas predominantes en nuestras sociedades supuestamente libres. Y con buena razón.

En Estados Unidos, por ejemplo, solo dos de cada diez personas confían en que el gobierno hace lo debido. En América Latina prácticamente el 50% de las poblaciones de Perú, Brasil Colombia, Ecuador, y hasta Costa Rica, no solo no votaron a favor de los gobiernos de turno, sino que insisten en realidades políticas completamente opuestas. A la división política en la región podemos sumarle que en los últimos dos años más de 100 millones de personas (uno de cada seis latinoamericanos) cayeron en pobreza. Repentinamente millones de personas en todo el mundo sienten que sus naciones están desprotegidas de amenazas externas y bajo el asedio interno de fuerzas malvadas, de índole comunistas e izquierdistas o ultraconservadores y fascistas. La situación económica no le permite a millones garantizar la seguridad de tres comidas al día y un techo donde vivir.

La hipocresía de los poderosos ha minado la voluntad de los valientes. La ideología iliberal, que en términos simples es la veneración de la violencia como instrumento de dominación y orden, ha conspirado para generar esta división infinita de realidades opuestas. Desesperado por la incertidumbre generalizada, el mundo corrió hacia la falsa certeza del autoritarismo.

Ucrania y Europa

Para poner en contexto el cambio drástico de valores en el escenario internacional, consideremos lo siguiente: ya son 267 días de guerra en Europa – a la fecha ningún país europeo, ningún país aliado, ningún país democrático ha enviado tropas en apoyo a Ucrania (en 1939 Francia y el Reino Unido demoraron dos días en responder a la invasión alemana de Polonia). El cambio de valores lamentablemente sucedió por cobardía y no decisión de los líderes de Europa. Tras 267 días de la invasión, Alemania y el Reino Unido importan 20% más gas natural líquido de Rusia que el año pasado.

A inicios de noviembre, el canciller alemán viajó a Pekín a buscar favores con el recién coronado Xi Jinping. Scholz pareciera haber despertado a la realidad de que más del 12% de sus exportaciones dependen del consumo del mercado chino.

La falta de liderazgo en Alemania ha sido tal, que a pesar de toda la retórica sobre las amenazas que impone China sobre el mundo libre, las importaciones de productos chinos en Alemania aumentaron un 52% entre 2021 y 2022. Hoy, 11% de las importaciones alemanas provienen de China, la mayoría en elementos esenciales para sus propias líneas de producción. Es el mayor socio comercial de Alemania.

En la reunión del G20 en Bali (Indonesia) esta semana, el canciller Olaf Scholz y sus homólogos europeos no tuvieron problemas en compartir el escenario con el canciller ruso Sergei Lavrov. El pulso y la valentía de Europa solo logró una nueva y mediocre declaración de condena contra Rusia (declaración que ni siquiera tuvo el apoyo unánime de los miembros del G20).

EE.UU. y China

La postura internacional del Gobierno de EE.UU. también deja mucho que decir. En octubre de 2021, el presidente Joe Biden sorprendió al mundo al declarar públicamente y sin ambigüedades que su país respondería militarmente a una amenaza china a la integridad territorial de Taiwán. En 2021, el equipo de seguridad nacional del presidente Joe Biden determinó que China era la mayor amenaza a los intereses de EE.UU., seguido por Rusia, Irán y Corea del norte. Es más, en diciembre del año pasado, el gobierno de Biden impuso sanciones a China por las violaciones de derechos humanos a las minorías uiguires en Xinjiang.

Tan solo un año después, el escenario es radicalmente opuesto. En el mes de octubre, el presidente estadounidense viajó a Arabia Saudita a buscar favores con el mismo régimen al que catalogó de paria durante la campaña presidencial 2020, favores que Mohamed Bin Salaman rehusó y públicamente divulgó a los medios. Biden se reunió con Xi Jinping en el marco del G20 en Bali, sin hacer mayor énfasis en la guerra en Ucrania ni las violaciones de derechos humanos en Xinjiang, y además declaró que China no presenta una amenaza inminente contra Taiwán.

El mismo equipo de seguridad nacional de Biden ahora negocia detrás del telón con Irán, para reanudar el acuerdo nuclear, y le ha solicitado al gobierno asediado de Zelenski en Ucrania que inicie negociaciones con Rusia, para poner fin a la guerra de invasión (negociaciones que inevitablemente contemplarán la rendición de territorio ucraniano a control ruso).

Nuevamente para poner en contexto, el presidente Joe Biden arremetió contra cerca del 50% de su propia población y la catalogó de extremista, fascista y amenaza a la democracia, y no lo hizo así contra el tirano de Pekín. La gran diferencia que ha marcado los cambios de tono de la administración Biden ha sido las distintas necesidades electoreras para mantenerse en el poder.

América Latina

América Latina, como de costumbre, atravesó por otra crisis internacional (la pandemia de la covid-19) sin encontrar manera de integrarse como actor independiente en los movimientos de las fichas del poder internacional. Una vez más la región escogió el populismo, que se avivó con los vientos globales, en vez de solucionar sus problemas estructurales.

En los dos últimos años la región escogió: en Perú a un maestro rondero, sin experiencia política alguna; en Chile a un millennial como presidente y una asamblea constituyente que incluía un diputado que se presentaba a las sesiones vestido del Pokémon Pikachu; en Colombia eligieron a un exguerrillero, que promete descriminalizar la cocaína y conceder penas reducidas y hasta absolución a los asesinos de colombianos; en Brasil reeligieron a un corrupto (y el artífice del Foro de Sao Paolo). Más allá de la posición política del lector, es deplorable pretender que esta es la mejor oferta política y no una apatía generalizada por el experimento que llamamos sociedad.

El dictador venezolano Nicolás Maduro ya camina libremente en conferencias internacionales, con el mismo presidente de Francia legitimando públicamente su narco-régimen. Muchos ni se acuerdan ni tienen presente que Nicaragua es ahora otra dictadura absoluta en la región. Muchos no tienen ni la más mínima preocupación por El Salvador, que lleva ocho meses en estado de excepción, donde han detenido sin respaldo judicial a más de 80 mil hombres en todo el país. Presos por un Estado sin derecho, hacinados, y en condiciones inhumanas. Pero aun 80% de los salvadoreños aplauden a Bukele y muchos en la región sueñan con un gobierno como el del autodeclarado emperador de El Salvador. Aislados en nuestras realidades llenas de temor y resentimiento, cuántos no sueñan con ver a las fuerzas armadas irrumpir en el palacio legislativo y “poner” orden.

Conclusión

Solo han transcurrido 267 días desde que el balance del poder a nivel mundial y los valores predominantes cambiaron de eje. En general hemos aceptado la narrativa de conflicto, miedo y autopreservación. A pesar de las realidades del contexto material deteriorado en el que vivimos y de las dificultades reales y compartidas a las que nos enfrentamos como individuos y sociedades en un orden internacional, no estamos obligados a mantener el rumbo que nuestros falsos líderes nos han impuesto para mantenerse en el poder.

El arte siempre ha sido una herramienta que atraviesa barreras y las limitaciones del lenguaje estructurado y las representaciones predeterminadas. Parafraseando a expertos de la novela gráfica V de Venganza: ¡Nos equivocamos! ¡Así es la vida, eso es todo! Así es la vida. Es lo que tenemos que aguantar. Es todo lo que tenemos. ¿Qué te da derecho a decidir que no es lo suficientemente bueno?

Estamos en una prisión… hemos estado en una prisión tanto tiempo que ya no creemos que hay un mundo afuera. Eso es porque tenemos miedo… tenemos miedo porque podemos sentir que la libertad se nos escapa y el espacio a nuestro alrededor se achica…tenemos miedo porque la libertad es aterradora… No retrocedamos. Una parte de nosotros entiende la verdad, incluso cuando otra parte finge no hacerlo… Estamos en una celda. Nos ofrecieron elegir entre la muerte de nuestros principios y la muerte de nuestro cuerpo… Pero la verdad es que la puerta de la jaula está abierta… debemos salir y respirar aires de libertad.

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