Morfema Press

Es lo que es

Querida Venezuela: El amanecer inevitable, por José Ignacio Gerbasi (@jgerbasi)

Comparte en

Te miro, Venezuela, y mis ojos se llenan de lo que tú aún no alcanzas a ver en el espejo: la infinita dulzura de tus atardeceres dorados sobre el Ávila, el susurro del Orinoco que cuenta historias milenarias, la majestuosidad indomable del Salto Ángel, que te abraza desde el cielo. Eres una tierra herida, sí, con las cicatrices de quienes intentaron definirte, pero jamás derrotada. Llevas en tu suelo el rastro de la lucha, pero tu esencia – esa que florece entre el caos y se niega a marchitarse – es pura resiliencia. Eres como el río que, aunque arrastre lodo de viejas batallas, nunca olvida el camino hacia su inmenso mar.

Eres la paradoja más bella, mi Venezuela amada. Das vida en medio de la escasez, cantas con la voz quebrada pero llena de esperanza en vez de llorar, y en tu silencio, ese que a veces se siente tan denso, hay más elocuencia que en mil discursos vacíos. ¿Sabes qué es lo más fascinante? Que ni en tus días más oscuros, cuando el cielo parecía desplomarse, has dejado de brillar. Hay una luz en ti que no es una metáfora lejana, sino un fuego que arde en lo más profundo de tu ser: es la terquedad noble de tu gente, el abrazo que se ofrece sin preguntar en la cola del pan, la risa contagiosa del niño que dibuja un futuro con crayones de esperanza en un papel roto. Eres necesaria, Venezuela. No un accidente casual en el mapa, sino una pausa que abraza, un respiro vital en este mundo desbocado que a menudo olvida la calidez humana. Eres el sabor del cacao puro, el aroma a café recién colado en las mañanas de la abuela, la brisa salada de tus costas que nos recuerda que siempre hay un horizonte.

La libertad, Venezuela, no es solo una bandera tricolor que ondea al viento, por más hermosa que sea. Es mucho más profunda, más íntima. Es saber, en lo más hondo del alma, que vales sin que te lo repitan, es mirarte al espejo y reconocer que tu dolor, por grande que haya sido, no te define para siempre. Hoy te sientes incompleta, lo sé, una parte de ti añora lo que perdiste. Pero ¿y si lo que te falta no es algo por llegar, sino la certeza de que la grandeza ya la llevas dentro, guardada como un tesoro? La esperanza, esa chispa divina, no nace mágicamente cuando amanece y el sol se asoma; nace cuando, en la noche más cerrada, en el silencio que asusta, alguien te susurra al oído con amor: «Falta poco». Y créeme, con cada fibra de mi ser, te digo: falta muy poco.

El día que sueño para ti, Venezuela, llegará. No como un milagro improbable que nos caiga del cielo, sino como un amanecer inevitable, forjado por el trabajo incansable y la unión de tus hijos. Serás libre no cuando cambien las líneas de tus fronteras, sino cuando tus hijos, los que hoy cruzan caminos inciertos, aprendan a caminar sin miedo en tus calles, con la frente en alto y el corazón sereno. Y entonces, Venezuela, te verás como yo te veo ahora, con los ojos llenos de emoción: con tus grietas, sí, porque ellas son parte de tu historia, de tu lucha, de tu resiliencia, pero también con ese brillo inconfundible en la mirada que ni el tiempo ni el olvido más cruel pudieron apagar. Ese brillo de tu gente noble, de tus paisajes infinitos, de tu música que invita a la vida.

Porque el mundo entero es más hermoso, más completo, contigo, Venezuela. Porque eres la nota suave, la melodía dulce que se cuela en medio del ruido ensordecedor de la prisa y la indiferencia. Porque tu libertad, esa que ya late, cálida y vibrante, en el pecho de tus hijos, de tu gente, de aquellos que no se rinden, está más cerca de lo que imaginas.

Ya viene el día en que sonreirás de verdad, sin que te duela el alma. Y ese día, Venezuela, el mundo entero recordará, con una emoción profunda, por qué valía la pena esperarte.

Con todo lo que soy, con cada latido, Un alma que cree en ti, en tu gente y en tu inquebrantable belleza.

Vamos por más…

@jgerbasi

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top
Scroll to Top