Tiempos convulsos, por Ricardo Ciliberto Bustillos

Comparte en

Vivimos tiempos turbulentos, muchas veces incomprensibles y con el agravante de no tener a mano una salida visible y  convincente. Para muchos, la solución se encuentra en unas  elecciones presidenciales inminentes, mientras que para otros,  basándose en la casi total destrucción de la institucionalidad pública y en alguna medida la privada, acogen la tesis acerca  de asumir, aún forzosamente, una serie de decisiones y ejecutorias previas que nos llevarían con cierto éxito a superar  esta agobiante situación. 

En este orden, insistimos en que la libertad de todos los presos  políticos es una necesidad y -en consecuencia- un trámite que  no admite mayor dilación. Realizar unas elecciones sintiendo el doloroso ruido de las “cadenas de los prisioneros” o de continuar  manteniéndolos detrás de las rejas del oprobio y la indignidad,  resulta algo muy cercano a la frivolidad e incoherencia política.  

Igualmente, hay que tomar -como tantas veces se ha dicho- las decisiones inmediatas referentes al menoscabado Tribunal  Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República, el  Consejo Nacional Electoral, la Fuerza Armada y los desprestigiados servicios de seguridad, por señalar algunos. Y  que no se diga que es algo inalcanzable o que vamos a desatar  “la furia de Zeus”. En este sentido, sostenemos que, en vez de  estar priorizando banalmente el retorno de María Corina  Machado como heroico desenlace y titánico remedio,  deberíamos exigir, con la contundencia del caso y en las calles y pueblos, la inmediata libertad de los que aún quedan en las  cárceles por oponerse al régimen y demandar los cambios que  ameritan las instituciones ya señaladas.

De otra parte, hemos apuntado que elecciones sin partidos habilitados y organizados va a contravía de lo que sería un  proceso electoral justo, moderno y democrático. Los  movimientos electorales alrededor de una persona nunca,  jamás, han dado buenos resultados. Recordemos el desenlace  del último, llamado Movimiento 5ta República. 

Estamos claros que las organizaciones políticas deben hacer un  gran esfuerzo por enseriarse. Retomar la credibilidad perdida y  el liderazgo que otrora tuvieron resulta una tarea cuasi épica y harto necesaria. 

En el caso específico de AD y Copei, como partidos históricos,  con mayor razón. Muy esclarecedor el comentario del analista  Nelson Mendoza Blanco en su ensayo titulado “El ADN de los  Partidos” quien plantea que, desde hace mucho tiempo, “las  organizaciones hablan cada vez más consigo mismas y cada  vez menos con la sociedad”. Una conducta nada nueva y que  tuvo su expresión fatal en AD al haber expulsado a Carlos  Andrés Pérez de sus filas, más por cálculos y malabarismos  internos que como una incontestable actitud frente a un supuesto desvío ilegal de fondos públicos y – 

consecuentemente- como una clara respuesta al país. Por  cierto, las pancartas, pinturas e invocaciones a CAP sobraron  en el 85 aniversario de esta agrupación política. ¿Verdadera  reivindicación y arrepentimiento? ¿O rudimentario anzuelo para  pescar una vez más aquellos nostálgicos del ayer? ¿No hay  propuestas nuevas? ¿No tienen un planteamiento novedoso  acerca de la futura democracia? ¿Nada qué decir a la juventud  venezolana? ¿A la comunidad en general? Son algunas  preguntas que muchos se hacen y que esperan categóricas  respuestas. 

Vivimos tiempos convulsos, de sobresaltos permanentes y de  posiciones contrapuestas de forma alarmante. Declararse diariamente a favor de una figura política no es la solución  adecuada, aunque ella sea parte esencial de la misma. Hay 

cosas que tenemos que hacer de antemano para que toda esta  emoción y esfuerzo no se conviertan en un error más o en un  pañito con agua caliente. Como bien señaló el articulista  Armando Martini Pietri: “Una elección que hereda un colapso  es una trampa con urnas”.

Ricardo Ciliberto Bustillos

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top