Por David Morán Bohórquez
En los últimos meses, el debate sobre el futuro económico y político de Venezuela se ha inundado de análisis lineales. Abundan los opinadores que afirman que la administración de Donald Trump se conformará con un esquema puramente transaccional; una suerte de «paz cambiaria» o «complacencia mutua» donde el flujo de petróleo fluye a cambio de concesiones discretas.
Esta tesis no solo es simplista, sino económicamente inviable. Confunde la administración de la contingencia con la viabilidad estructural.
Para entender por qué el «pragmatismo transaccional» tiene patas cortas, debemos rescatar la economía institucional y mirar el tablero con crudeza técnica.
1. Douglass North y la legitimidad de origen
El premio Nobel Douglass North demostró que las instituciones son las «reglas del juego» de una sociedad. Su función principal es reducir la incertidumbre y, por ende, los costos de transacción.
Cuando un marco institucional carece de legitimidad de origen y de reconocimiento internacional, el riesgo país se vuelve infinito. Las «complacencias» de hoy pueden ser desconocidas mañana por un cambio de entorno o un litigio internacional. El gran capital internacional —el que verdaderamente reconstruye infraestructura— no opera en la anomia jurídica. Sin instituciones legítimas que garanticen la seguridad jurídica intertemporal (enforcement), no hay mercado sostenible.
2. La Paradoja de los «30/4»
El descalce de plazos (maturity mismatch) en el sector energético es la mejor prueba del fracaso del análisis transaccional:

- 30 años: Es el horizonte que necesita una corporación petrolera occidental (major) para justificar la inversión hundida, el desarrollo de infraestructura pesada y la maduración de proyectos de capital intensivo (capex).
- 4 años: Es el ciclo político de la democracia estadounidense, donde las prioridades estratégicas, las órdenes ejecutivas y la política de sanciones pueden dar un giro de 180 grados.
¿Cómo se cuadra una inversión a 30 años en un tablero que cambia cada 4 y que carece de piso institucional? No se cuadra. Por eso, bajo el esquema de precariedad institucional, lo que vemos no son inversiones orgánicas para levantar la producción a niveles históricos. Vemos operaciones de administración de pasivos y cobro de deudas, maximizando la infraestructura existente con el mínimo gasto posible. es exprimir al máximo el capital antiguo en el presente, lo que se conoce como cash cow. No es desarrollo.
3. La Aceleración de la Fase III y la Ruta Electoral
La realidad institucional siempre termina imponiéndose. Incluso en los diseños de política exterior más pragmáticos, la estabilidad de un proveedor energético requiere una arquitectura institucional predecible.
Es por ello que la tesis de las «tres fases» (Estabilización, Recuperación y Transición) que hoy domina la agenda estratégica internacional sobre Venezuela no es un ejercicio teórico. Estamos entrando en una dinámica donde la necesidad de financiamiento global y la exigibilidad de contratos forzarán una aceleración hacia la Fase III: la transición e institucionalización vía electoral.
Los malos analistas creen que el capital transnacional busca operadores sumisos. El capital serio busca socios institucionalmente sólidos. La legitimidad de origen no es un capricho normativo; es el requisito indispensable para que el flujo de caja global vuelva a mirar a Venezuela a largo plazo.
X @morandavid
La línea de tiempo de Trump

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