Son varios los acontecimientos ocurridos en los últimos días a nivel planetario, cuyo impacto podrían generar situaciones no previstas y de consecuencias de importancia, desde la perspectiva política y electoral.
En primer lugar, la reciente decisión del conjunto de la Unión Europea, tomada tras el balance de los resultados de las últimas elecciones del parlamento multilateral y que trajo consigo los acuerdos para la composición del nuevo “gobierno europeo». Decantados los números y reveladas las posiciones protagónicas de los grupos organizados en torno a la autodefinición política e ideológica, procedieron a tejer el entramado de figuras que serán responsables de conducir los destinos de este organismo en sus diferentes instancias.
Es así como las tendencias representadas por la socialdemocracia, los liberales y las fuerzas de lo que llaman “derechas moderadas” (como el Partido Popular de España), se hicieron con el control del organismo, mediante el reparto de las principales instancias. Así, la alemana, Ursula von der Leyen, el portugués Antonio Costa y Kaja Kallas, de Estonia, ocuparán las tres principales instancias de poder como son, la presidencia de la Comisión Europea, el Consejo Europeo y la representación para asuntos exteriores y políticas de seguridad, respectivamente.
La decisión de tal composición ya generó las primeras fisuras, al no encontrar la fórmula para integrar los intereses del grupo representado por la Sra. Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, representante de la tendencia de los conservadores y reformistas europeos. Con estas primeras decisiones, a la organización le queda por delante las expectativas generadas por lo que será la dirección del nuevo parlamento europeo y todo lo relacionado con la situación bélica propiciada por la invasión de Rusia a Ucrania. Junto a esta expectativa, queda también la de la posibilidad de incorporación definitiva de este país a la Unión, así como el impacto que seguramente tendrá en la región, los resultados de las elecciones adelantadas convocadas en Francia para los próximos días.
Es posible entonces afirmar, que resultados electorales y decisiones de composición del organismo de integración europeo, tendrán impacto definitivo sobre los futuros acontecimientos políticos, electorales y económicos de la región y también, allende las fronteras y los mares. Así lo determina la importancia geopolítica de Europa en el contexto mundial.
Por otra parte, en otras latitudes, esta semana que concluye se llevó a cabo el esperado debate televisivo entre los candidatos aspirantes a la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden y Donald Trump. Desde distintos ángulos e intereses relacionados con ambos candidatos, la confrontación televisiva dejó un sabor amargo. Para algunos quedó demostrado que el candidato Trump, eludió las respuestas esperadas a las preguntas que formularon los mediadores y para otros, Biden dejó en evidencia el problema que significa su avanzada edad, para un eventual nuevo ejercicio presidencial. En el caso de Trump, no logra desprenderse de la imagen negativa que le acompaña, a partir de los hechos que condijeron a la toma del capitolio y que fueron considerados como hechos graves inéditos en la confrontación política de ese país. De la misma manera, aún carga con el fardo pesado de la cadena de juicios por fraude a las cual ha sido sometido desde hace algún tiempo, sin poder resolver de manera definitiva como parte de sus problemas institucionales con la justicia y el Estado norteamericano. Aún queda la expectativa con Trump, acerca de si podrá ser o no candidato de manera definitiva, dada la espada de Damocles que aún pesa sobre esa posibilidad que, de resultar en nuevas condenas judiciales, podrían dar al traste con su aspiración
Del lado de Biden no todo está resuelto, pues, la debilidad presentada en el debate introdujo la discusión en su partido y el entorno político que le apoya, en torno a la eventualidad de revisar su candidatura y la de discutir en torno a la posible necesidad de buscar un sustituto que pueda dar esa pelea en mejores condiciones. De hecho, una decena de nombres ya ha surgido como posibles propuestas alternativas, en el caso de que el Partido Demócrata se viera forzado a tener que tomar una decisión tan trascendente como lo sería la sustitución de la candidatura de Biden por la de otro demócrata.
No cabe duda alguna de que el tema de la avanzada edad de ambos candidatos y atado a ello, la debilidad para el ejercicio público más importante de ese país, es un tema que ha puesto a reflexionar a toda la sociedad norteamericana, pero también al planeta en su conjunto, dada la importancia que tiene Estados Unidos como superpotencia en el conjunto de la comunidad global. Aún faltan algunos meses para que cada partido oficialice ambas candidaturas para las elecciones de noviembre. Mientras tanto, los efectos del debate y los problemas judiciales, además de los conflictos internacionales donde USA se encuentra involucrado, determinarán seguramente, el epílogo de esta inédita campaña por la presidencia de un país que gravita de manera determinante en la vida del planeta. Razón por la cual, nadie duda del impacto geopolítico que tendrá el resultado de la decisión político electoral, tanto en la vida interna de ese país, como en el resto de la comunidad internacional.
En un tercer contexto, tenemos la realidad venezolana, donde discurre una de las campañas más atípicas que registra nuestra historia contemporánea. Un debate caracterizado por la lucha de poder entre factores claramente definidos, el régimen que detenta el poder y quienes luchan por desplazarlo, que lleva ya veinticinco años y que ha sometido al país de manera cruenta a una realidad política, social y económica, con fuerte impacto en la región.
Las consecuencias del deterioro venezolano han alcanzado cotas inimaginables, ya que ha afectado no sólo al continente americano sino, además, algunas regiones europeas. Dos productos de exportación han sustituido al petróleo como materia prima principal producida en Venezuela, el llamado socialismo del siglo XXI y mas recientemente el tristemente célebre “Tren de Aragua”. Como consecuencia del nivel de deterioro de las condiciones de vida en el país, a los mencionados anteriormente se ha agregado la exportación de la diáspora más numerosa que se conozca a nivel planetario. Estudios serios dedicados a este tema, ubican el éxodo venezolano hacia distintos países, en aproximadamente unos ocho millones de nacionales.
En los próximos días está planteada la eventualidad de realización de unas elecciones, cuyo objetivo principal es el de elegir a un nuevo mandatario presidencial, cuyo mandato busca renovar al poder ejecutivo. Las expectativas acompañadas por lo que revelan las más importantes investigaciones de opinión pública, indican que el actual régimen de gobierno encabezado por Nicolás maduro, puede ser barrido electoralmente, luego de efectuada la consulta respectiva. Ocho a dos, indican coincidentemente los estudios mencionados, pudiera ser el resultado a favor del candidato opositor, Edmundo González Urrutia. Cuando escribimos esta nota, aún buena parte de la población, alberga dudas y escepticismo acerca de cuál será la conducta del régimen frente a lo que se ve venir como nueva realidad.
Realidad que se ha venido configurando, a partir de la consulta de elecciones primarias, realizada en octubre del año pasado, con la finalidad de seleccionar de entre los grupos adversos al régimen al candidato opositor en esa consulta electoral. La aparición de María Corina Machado, ganadora de la consulta primaria, sirvió de catalizador a la conducta política de quienes detentan el poder. Por todas partes se pusieron trabas para impedirle que compitiera como candidata. Sin embargo, la realidad socio política de Venezuela, se ha encargado de asignarle a la lideresa, un rol mucho más protagónico del que se podrían imaginar. Como una surte de gran ariete, Ma’Corina ha devenido en herramienta útil de manifestación masiva y colectiva del sentimiento de cambio político que vive el país. Las grandes y masivas concentraciones por ella concitadas, demuestran, además de la reafirmación del deseo de cambio, el apoyo de la gente a la eventualidad de renovación del liderazgo político del país. De producirse el triunfo de Gonzáles Urrutia, tal como se avizora en el panorama político nacional, se produciría en Venezuela un cambio político que tendrá alto impacto no sólo en la región sino, además, allende la frontera y los mares. Es razón mas que suficiente, para considerar el evento electoral venezolano, materia de alto interés en el contexto geopolítico de la comunidad internacional.


