A veces, el universo conspira de maneras inesperadas. En una de esas casualidades que parecen orquestadas por un guión divino, me encontré con John Lasseter, el genio de la animación y cofundador de Pixar, mientras visitaba a un amigo. Fueron apenas 30 minutos de conversación, pero bastaron para sembrar en mí una semilla de reflexión y aprendizaje que sigue floreciendo.
Era como estar frente a un alquimista del alma, alguien que había transformado simples ideas en mundos llenos de magia y emoción. Al saber que también había trabajado codo a codo con Steve Jobs, mi mente bullía con preguntas. Pero me centé en una: “¿Cómo lograron cambiar el mundo y, al mismo tiempo, mantener un equilibrio con sus vidas personales?”. La respuesta de Lasseter fue como un hechizo que disipó muchas dudas.
Con una calma casi mística, me dijo: “Amigo, Steve me enseño que las posesiones materiales tienden más a entorpecer la vida que a enriquecerla”. Esa frase fue solo el principio. Me compartió pequeñas historias que destilaban sabiduría, entre las cuales destacó una idea que transformó mi forma de ver la vida: “Hacer lo imposible es bastante divertido”.
Para él, el sentido de la vida era simple y profundo a la vez: ser felices. Me relató una analogía tomada de un libro: “El objetivo de un vaso es contener agua; si tuviera sentimientos, sería feliz cuando estuviera lleno y se pondría triste al vaciarse”. Y luego añadió: “Nuestra misión es encontrar aquello que nos llena y abrazarlo con todo el corazón”.
Entonces me miró fijamente y, con un brillo en los ojos que reflejaba una mezcla de sabiduría y curiosidad, me lanzó una pregunta: “¿Qué es lo que te llena a ti, y en qué orden?”. Después de unos segundos de introspección, respondí: Dios, salud, familia, amigos y dinero.
Sonrió, como si mi respuesta le confirmara algo que ya sabía. “Piensas como yo,” dijo. “Dios —ya sea uno, varios, o el universo mismo— es el fundamento. La salud viene después, porque sin ella no podemos disfrutar de nada. Luego, la familia, porque son el motor del alma, y los amigos, que nos dan color a la vida. Por último, el dinero, útil pero secundario. Si tuviera que prescindir de algo, sería del dinero”.
Aquellas palabras resonaron en lo más profundo de mi ser. No solo porque coincidían con los valores con los que fui criado, sino porque me recordaron que la verdadera felicidad no está en acumular, sino en cultivar aquello que verdaderamente importa. Lasseter me confesó que los proyectos más exitosos de su vida no los había emprendido por dinero, sino por pasión y propósito.
Esa breve pero intensa charla me reafirmó que el orden de prioridades en la vida no es un capricho, sino una guía para alcanzar la plenitud. Dios, salud, familia, amigos y dinero: este es el ciclo que da sentido a nuestra existencia. Alterar ese orden puede llevarnos a una vida desequilibrada, pero mantenerlo es como afinar un instrumento para que produzca la melodía de la felicidad.
Por supuesto, este camino no está exento de retos. Vivimos en un mundo que constantemente nos tienta a romper ese orden, a poner el dinero por encima de todo, a sacrificar la salud por la ambición o a descuidar las relaciones por la vorágine del éxito. Pero, como me enseñó esta conversacion, reinventarse y recordar lo que realmente importa es una tarea diaria.
Hoy comparto esta experiencia con gratitud. Gracias a Dios, a mi salud, a mi familia y amigos, tuve la oportunidad de aprender de un ser humano extraordinario. Su legado, y el de Steve Jobs, va más allá de sus logros tecnológicos o creativos: nos enseñan que la verdadera riqueza está en vivir una vida con propósito y en armonía con nuestros valores.
Recordemos siempre esta esencia: ¡Sé feliz! Esa es la verdadera riqueza de la vida. Vamos por más
Vamos por más…
@jgerbasi


