La recuperación económica es una condición de sostenibilidad, pero también lo es la justicia. Distanciar esos dos puntos es inconveniente
ORLANDO VIERA-BLANCO
24/03/2026
Por décadas el estudio de las transiciones políticas ha demostrado una verdad incómoda pero persistente: las democracias rara vez nacen de rupturas puras. Manejamos la tesis que aun habiendo elecciones sólo un nuevo pacto de gobernabilidad garantizará la materialización del proceso de redemocratización en Venezuela.
La transiciones a la democracia emergen de equilibrios inestables, negociaciones y pactos imperfectos [pre y post] que permiten desmontar progresivamente estructuras autoritarias. Venezuela atraviesa precisamente un dilema histórico: ¿Es posible una transición real hacia la democracia sin ruptura total del régimen mediante una estrategia de convivencia, con tutelaje internacional y recuperación económica?
Responder esta pregunta exige combinar teoría política comparada con el análisis del caso venezolano, particularmente desde los aportes del politólogo venezolano John Magdaleno y de autores clásicos como Robert Dahl, Guillermo O’Donnell, Philippe Schmitter, Giovanni Sartori y Juan Linz.
La transición como proceso incierto: bases teóricas
Las transiciones democráticas no son eventos, sino procesos. Como señala la literatura clásica, constituyen intervalos donde “las reglas del juego político no están bien definidas” y los actores se adaptan estratégicamente en medio de la incertidumbre.
Esta ambigüedad es clave: durante una transición coexisten elementos del viejo régimen con instituciones emergentes. Lo esencial es entender que la decantación de poder no es un. Evento suma cero. La apertura de espacios políticos supone concesiones de del poder autoritario que por serlo en condiciones normales no lo hubiese hecho.
Esa concesiones vienen precedidas de acciones de fuerza y control, que como veremos en este análisis, generan un factor de obediencia en el gendarme, que posibilita el proceso de difusión de su propio dominio. Por eso hablar de elecciones y entrada ‘al patio’ del liderazgo político opositor d’de un día a otro’ es idealista.
Robert Dahl, con su concepto de “poliarquía”, estableció que la democracia no es un ideal absoluto sino un sistema gradual caracterizado por elecciones libres, pluralismo y libertades públicas.
La pregunta [en el caso venezolano] sería: ¿Después de 27 años de poli-anarquía es posible lograr un salto inmediato a elecciones libres, pluralismo y libertades publicas? No sólo es imposible, sino que aun habiendo elecciones, aun seria necesario continuar el proceso de consolidación de poliárquico.
Lo anterior implica que la democratización no ocurre de forma binaria (dictadura vs. democracia) sino como un proceso incremental.
Bajar el costo de tolerar a la oposición reduce la voluntad represiva. A partir del 3 de Enero 2026, el aumento de la voluntad represiva del régimen y el costo de tolerar a la oposición bajó, porque es reconociéndola como EEUU—la variable dependiente de poder—también tolerará su ‘permanencia’.
Nada ocurre sin el 3 de enero 2026
Entonces debemos aceptar y comprender las concesiones y fases de cambio de poder, decantación y transición del país tutor.
Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter profundizaron esta idea al identificar fases de transición: liberalización, democratización y consolidación. En este marco, la liberalización—la apertura inicial del régimen—suele ser impulsada desde dentro del poder, no desde su colapso. Esto es vital comprenderlo. El cambio liberador no es en un acto. Comporta una sucesión de eventos graduales, de lo interno del poder [régimen] a lo externo [cambio apreciable].
La Sra. Rodriguez ejecuta una cartilla de decantación de poder. Se mantienen actores autoritarios. Pero es la manera de garantizar que ella misma sea obedecida. Al final, todos tendrán que aceptar la fase final de restauración. Sin embargo, aun resultando victoriosa la oposición, la transición no termina ahí. Será necesario un gran pacto de convivencia y redención política nacional.
Giovanni Sartori advirtió que la democracia no puede reducirse a elecciones: requiere condiciones reales de competencia, participación y control del poder. Sin estas, lo que emerge es un “régimen híbrido”, una categoría particularmente relevante para Venezuela. Sin control del poder, el voto se convierte en un referente ciudadano pero no en autoridad y aseguramiento democrático.
Finalmente, Juan Linz distinguió entre tres tipos de transición: reforma, ruptura y “ruptura pactada”. La evidencia histórica muestra que la reforma negociada es la vía más frecuente y estable [aunque la mediación venga condicionada a un factor coercitivo]. Aquí estamos.
El modelo pactado: la lógica de la convivencia
Uno de los consensos más sólidos en la literatura comparada es que las transiciones exitosas suelen estar mediadas por pactos entre élites.
Huntington denominó a este proceso “traspaso”, caracterizado por acuerdos explícitos entre sectores del régimen y la oposición. Por años Venezuela se ha convertido en el epicentro de pactos profanados por lo cual no fue posible el nacimiento de un nuevo pacto de consagración democrática. El ‘traspaso’ se convierte en transmutación forzosa y degeneración de poder. Ahora es posible un traspaso vigilado que impida fraudes, despojo y represión.
El caso español tras la muerte de Franco es el ejemplo paradigmático de consenso plausible: Una transición sin ruptura total basada en acuerdos políticos y garantías mutuas. El garante fue el desmontaje gradual de reforma, profesionalización y subordinación de las FFAA españolas al poder civil. En Venezuela este proceso aun no comienza.
El modelo de convivencia implica una tensión ética y política: la coexistencia temporal con estructuras autoritarias. La justicia transicional se posterga o modera, y sectores de la oposición también deben aceptar concesiones incómodas. Venezuela lo ensaya con la vigilancia progresiva de un agente tutelar. Sin embargo aun no entramos en fase de reforma plena a la democracia sino de depuración [disolución] gradual de la coalición dominante.
Venezuela de un régimen híbrido a la democracia. Maria Corina como punto de llegada, no de partida
La caracterización de Venezuela como un régimen híbrido es ampliamente aceptada. Estos sistemas combinan fachadas instituciones con prácticas autoritarias, incluyendo elecciones controladas, criminalización de la política y restricciones a la competencia política. Antes del 3 de Enero 2026, ya habíamos pasado de híbrido a autoritarismo absoluto. Hoy se abona el camino para aliviar las cargas autoritarias, descriminalizar la política e instaurar condiciones de competitividad política.
Sin estas condiciones es difícil que Maria Corina regrese a Venezuela. Ella es un catalizador de la reforma política. No un punto de partida, que es la coerción sobre la coalición dominante que facilita su proceso de difusión gradual. Es el punto de llegada y consagración de una nueva democracia.
Esto tiene una implicación crucial. La transición no parte de cero. Hay estructuras que pueden reformarse en lugar de destruirse. Este diagnóstico es consistente con la literatura de O’Donnell sobre “democracias delegativas” y regímenes incompletos. No se trata de destruir el TSJ o CNE o las FFAA. Lo inteligente es reformarlas y adaptarlas a la nueva democracia. La redemocratización no ocurre al revés. Y esas reformas comportan también la fase de estabilización propuesta por EEUU.
John Magdaleno introduce la idea del realismo estratégico, aportando condiciones objetivas de transición, desarrollando una de las aproximaciones más ‘exactas’ al caso venezolano. Su análisis comparado de más de 100 transiciones destaca varios elementos claves.
[Magdaleno] explica el rol central de las élites y los militares. Subraya que en muchos procesos de transición los militares juegan un papel decisivo, sea facilitando o bloqueando el cambio. Ignorar este factor en Venezuela sería un error estratégico. Esto implica que cualquier transición viable debe incluir garantías para sectores clave del poder, incluyendo: i.-Seguridad personal y jurídica; ii.-Participación en el nuevo orden; Incentivos para aceptar la apertura.
Uno de los “mitos” que Magdaleno identifica es la creencia en una caída súbita del régimen [en un solo acto]. “La evidencia empírica muestra que la mayoría de las transiciones son graduales, negociadas y con continuidad parcial de actores”.
Esto nos conduce en el análisis al equilibrio de fuerzas. Las transiciones pactadas suelen ocurrir cuando existe un equilibrio relativo entre gobierno y oposición. Ninguno puede imponerse completamente, lo que incentiva la negociación.
Sabemos que el actor que favorece una negociación real, es la amenaza real o miedo creíble del régimen de [tener] que obedecer a cuenta de terminar en ‘Brooklyn’ […] María Corina regresará. Es la única que puede llevarnos al denominado proceso de redención política. Pero debe hacerlo cuando las circunstancias de control, fuerza, cumplimiento y rigor institucional hayan sido instaladas para evitar un retroceso histórico peligroso.
El papel del tutelaje internacional: ¿condición necesaria? Zanahorias y palas
La literatura comparada reconoce que el contexto internacional puede ser determinante. Las transiciones del sur de Europa, estuvieron favorecidas por incentivos externos como la integración europea […] En el caso venezolano, el rol de EEUU y otros actores internacionales puede ser clave en tres dimensiones: i.- Garantías y verificación [negociación creíble]; ii.-Incentivos económicos; iii.-Presión selectiva.
La combinación de presión y apertura [carrots and sticks (Zanahorias y palas] ha sido central en múltiples transiciones. No obstante, el tutelaje internacional tiene límites. Las transiciones no pueden imponerse de forma absoluta por un factor externo. Deben ser o bien internalizadas por los actores nacionales o apreciadas por eficaces.
En Venezuela un salario oficial de 1$/mes o una pensión inferior a un dólar/mes, más sensibles carencias en los sectores salud, agua o comida, no hace sostenible una fase vigilada de estabilización, incluyendo enroques políticos de la coalición dominante. Las concesiones del Estado tutor pasan irremisiblemente por un plan eficaz de recuperación del estómago y las condiciones de vida,. Esto también es ciudadanía.
Las garantías de cambio del modelo económico, no se agotan en una apertura vigilada ni en la presión selectiva para evitar el reciclaje de represiones autoritarias. La incertidumbre se derrota con definición de calendarios electorales, habilitación política de actores y partidos políticos, regreso a Venezuela de líderes perseguidos y tutela a los inversionistas. El proceso de liberación debe enfatizar: libertad de presos políticos, una amnistía no selectiva, apertura de espacios públicos, libertad de expresión y canalización de la reforma de los poderes del Estado.
La recuperación económica es una condición de sostenibilidad, pero también lo es la justicia. Distanciar esos dos puntos es inconveniente. La consolidación democrática requiere que el sistema sea percibido como eficaz en lo económico y legítimo en lo político.
En Venezuela, la crisis económica ha sido tanto causa como consecuencia del colapso institucional. Por tanto, una transición sostenible requiere: i.-Estabilización macroeconómica; ii.-Recuperación del sector petrolero; iii.-Reinstitucionalización del sistema financiero; iv.- Atracción de inversión internacional. Estamos de acuerdo, que la fase de estabilización debe privilegiar estos factores.
Sin estos elementos el riesgo de retroceso autoritario—lo que la literatura denomina “erosión democrática”—es alto. Un error frecuente es asumir que las elecciones son el punto de partida de la democratización. En realidad, según O’Donnell y Schmitter, las elecciones competitivas son el resultado de una fase previa de liberalización. Pero si no se logra apurar la liberación del estomago corremos el riesgo de no llegar a la fase de liberación del voto.
La concreción visible [calendario] y sostenible [una población equilibrada en lo económico] del evento electoral es vital. Esto implica que en Venezuela: i.- Debe ampliarse el espacio político (libertades, legalización de actores); ii.-Deben establecerse garantías electorales y iii.-Deben celebrarse elecciones competitivas. Invertir esta secuencia —elecciones sin garantías—tiende a perpetuar el autoritarismo electoral.
Riesgos de la estrategia de convivencia
La estrategia de convivencia con el régimen plantea riesgos evidentes: En primer lugar la cooptación de la oposición. El régimen puede utilizar el diálogo para dividir y debilitar a sus adversarios. Ha sucedido innumerables veces.
La normalización del autoritarismo es otro factor de cuidado. La coexistencia prolongada puede legitimar prácticas antidemocráticas. El enroque de autoridades reconocidas como criminales de lesa humanidad desalienta y debilita la fase de estabilización.
Muchos países quedan atrapados en regímenes híbridos durante décadas. Estos riesgos han sido documentados ampliamente en la literatura comparada y en la crítica a la “tercera ola” de democratización .
¿Es viable una transición pactada en Venezuela? A la luz de la teoría y la evidencia comparada, una transición pactada en Venezuela es posible, pero bajo condiciones estrictas: i.- Equilibrio de poder entre régimen y oposición; ii.- Unidad estratégica de la oposición; iii.- Divisiones internas en el régimen; iv.-Participación de actores internacionales como garantes; v.-Incentivos creíbles para el oficialismo; vi.Hoja de ruta clara hacia elecciones libres. Salvo los numerales ii y vi, todos las variables de plausibilidad tradicional están en marcha.
La paradoja venezolana
La transición venezolana enfrenta una paradoja central: para desmontar el autoritarismo probablemente será necesario convivir con él. Esta tensión entre pragmatismo y principios ha estado presente en casi todas las transiciones exitosas del mundo.
En este contexto la estrategia de convivencia—bien diseñada, con garantías, presión internacional y una clara orientación hacia elecciones libres—no es una claudicación sino una concesión realista hacia la liberación.
Como advertía Dahl, la democracia no es un destino, sino un proceso en construcción permanente. Y como muestran O’Donnell y Schmitter, ese proceso comienza casi siempre, con acuerdos entre adversarios que entienden que el conflicto sin reglas conduce al colapso. El entendimiento es tanto nuestro como de ellos…y de EEUU.
Venezuela aún no ha cruzado ese umbral. Pero tampoco está fuera de la historia comparada de las transiciones. Su desenlace dependerá—en última instancia—de la capacidad de sus actores para reconocer que, incluso en medio de la confrontación, la liberación no es un evento para una de las partes sino para ambas. Y liberación no es sólo electoral, es también pluralidad, libertades públicas y restauración cultural…que es ir a una redención socio-política histórica.
*Abogado. Activista DDHH
Ex Embajador de Venezuela en Canadá
@ovierablanco. vierablanco@gmail.com


