Por Mireya Rodriguez
Para comprender la situación venezolana, no alcanzan las categorías políticas habituales. No estamos frente al desmontaje de una dictadura convencional ni ante un simple Estado fallido susceptible de correcciones graduales. No todos saben que durante 26 años se consolidó en el país una estructura donde el poder público, el aparato coercitivo y una economía ilícita de alcance global se coludieron para operar de manera integrada para asegurar sus propósitos criminales. Desde ese punto de partida, estas diez preguntas intentan explicar -desde un enfoque de resolución de conflictos- qué está ocurriendo en Venezuela y por qué la discusión sobre elecciones, aunque necesaria, resulta insuficiente si no se entiende primero la naturaleza del régimen.
1. ¿Por qué las categorías tradicionales resultan insuficientes para describir el momento actual? Porque la realidad venezolana combina dinámicas que normalmente se analizan por separado. Por un lado, persisten las estructuras de poder internas que sostuvieron al régimen de Maduro y lo siguen haciendo luego de su extracción, ya que conservan el control territorial, los organismos de represión y los flujos ilegales que sostienen a economía. Al mismo tiempo, se vive una situación de tutela efectiva ejercida por la Administración Trump, interesados en estabilizar variables críticas y reducir riesgos regionales. En paralelo, tenemos un liderazgo político fuera del país que trabaja en la construcción de alianzas y de legitimidad para una etapa de reconstrucción democrática. La interacción de estos tres niveles produce un escenario inédito que no encaja con las nociones tradicionales de transiciónpolítica.
2. ¿Cómo operan las estructuras de poder post Maduro? Salvo la presencia de maduro y su mujer, buena parte del aparato administrativo y coercitivo que se consolidó en 26 añosmantiene su capacidad de gestión en la vida cotidiana del país. Esas redes no desaparecen de inmediato: preservan información, vínculos territoriales y mecanismos de financiamiento y buscan a todo precio mantenerse como engranajes de continuidad. Para desmontar el entramado, es necesario contar con recursos superiores en cantidad y calidad, como es el caso de la presencia de EEUU cuya estrategia de tutelaje ha priorizado la destrucción de la actividad del narcotráfico en el Caribe como via para cortar el flujo de dinero que sostiene al régimen y a sus grupos criminales.
3. ¿En esta etapa, por qué las elecciones no pueden ser posibles? Porque votar no desmantela estructuras armadas, financieras ni judiciales que permanecen intactas al día siguiente del evento electoral. Sin control territorial unificado, sin garantías de seguridad y sin ruptura de cadenas de mando criminales, la competencia política ocurrirá dentro de límites fijados por quienes conservan la coerción. La historia comparada muestra que en esas condiciones el sistema tiende a reciclarse para permanecer (son sistemas adaptativos complejos, como dice la analista Maibort Petit)
4. ¿Quién ejerce realmente la soberanía dentro del territorio? El Estado venezolano no existe como lo conocemos. No posee el control del territorio, al encontrarse dividido entre componentes militares, organizaciones parapoliciales, redes de contrabando, grupos guerrilleros irregulares extranjeros, apoyados por y dispositivos de inteligencia aliados extranjeros, como Cuba, Rusia, China e Irá., Tampoco tiene monopolio de la violencia y un tercio de su población se vio expulsada para sobrevivir. Asi, los componentes de un estado moderno se encuentran fragmentados. El resultado es un mapa de poderes superpuestos donde la autoridad legal delegó su poder institucional y lo puso al servicio de estos actores. Por ello, recuperar soberanía implica desmontar esa pluralidad armada y reconstruir jerarquías legítimas de un Estado moderno.
5. ¿Dónde ha residido el corazón de la estabilidad del régimen? En la capacidad de financiar lealtades. El narcotráfico, la minería ilegal, el manejo discrecional de divisas y la captura de empresas estratégicas han permitido sostener estas alianzas internas y externas. Por ello, la estrategia de Trump atacó de manera directa la presencia de estos actores, a fin de interrumpir que estos flujos sigan activos. Por eso el componente financiero del desmontaje es tan determinante como el electoral, en su momento.
6. ¿Era inevitable algún tipo de negociación con los actores que hoy siguen en el poder? El realismo indica que sí, porque controlan territorio, recursos y armas. Sin embargo, es necesario establecer una línea divisoria nítida: una interlocución para facilitar la salida no significa legitimación para mantenerse en el poder. Hay que advertir que cuando quienes administraron la estructura criminal mantienen protagonismo u obtienen capacidad de veto, el resultado podría ser una adaptación cosmética del mismo sistema, bajo nuevos nombres. Es un riesgo de la propuesta de Trump (véase caso de Siria).
7. ¿Qué papel están jugando actualmente los Estados Unidos? La política de Washington ha evolucionado desde la presión diplomática hacia un enfoque agresivo y estructural que combina instrumentos legales, financieros, energéticos y de inteligencia. Durante años se construyó un andamiaje jurídico para perseguir delitos transnacionales vinculados a autoridades venezolanas. En la etapa reciente se han desplegado movimientos que apuntan simultáneamente a estabilizar la economía y a desmontar parte del régimen: como los contactos de alto nivel impulsados por la administración de Donald Trump y Marco Rubio, mayor visibilidad de la CIA, gestiones diplomáticas para una eventual reapertura de embajada y misiones del Secretario of Energía, etc. Estos hechos configuran una tutela focalizada que busca condicionar palancas críticas mientras se reducen riesgos mayores, tendientes a la estabilización., tutela que esta siendo digerida por aquellos que durante 26 años hicieron del antiimperialismo su causa existencial.
8. ¿Cómo debe interpretarse la llegada de empresas norteamericanas al sector energético? No se trata solo de negocios. La presencia empresarial funciona como mecanismo de verificación, trazabilidad y anclaje institucional. Introduce estándares de cumplimiento, monitoreo internacional y vínculos contractuales que limitan márgenes para la opacidad. En paralelo, crea incentivos para la estabilización porque amplía el número de actores interesados en reglas previsibles.
No se trata únicamente de negocios. La presencia empresarial introduce prácticas de gobernanza corporativa, estándares de cumplimiento y mecanismos de trazabilidad financiera que conectan la operación local con sistemas regulatorios internacionales. Ese entramado limita márgenes de discrecionalidad y amplía el número de actores interesados en reglas más previsibles, lo cual puede favorecer dinámicas de estabilización.
9. ¿Dónde se ubica el liderazgo opositor en esta arquitectura? Figuras como María Corina Machado cumplen un rol crucial en la producción de legitimidad democrática y en la articulación del respaldo social a una salida que no reproduzca pactos de impunidad. Su fuerza no proviene del control coercitivo, sino de la capacidad de representar una expectativa ética y política de futuro. En un proceso de desmontaje, esa legitimidad será indispensable para que la tutela externa tenga horizonte de retiro y para que la ciudadanía identifique una verdadera reconstrucción nacional.
10. ¿Cuál sería una secuencia realista del cambio? La corporación que todavía gobierna buena parte de Venezuela necesitó más de un cuarto de siglo para consolidar su dominio sobre territorios, instituciones y economías. Desmontar ese entramado demandará tiempo, coordinación internacional y una lectura honesta de las capacidades disponibles. Tal como lo ha emprendido la administración Trump, primero deben debilitarse las fuentes de financiamiento ilegales y la protección de las redes criminales; en paralelo, avanzar en la recomposición del control territorial y en la generación de garantías básicas (que explica la presencia de una de las figuras claves del régimen como encargada de una presidencia ilegítima) asi como la reactivación inicial de la actividad petrolera, eje de la economía venezolana. Después será necesario reconstruir las instituciones y reorganizar las organizaciones políticas para que haya competencia electoral,sin que el resultado esté predeterminado por la amenaza y el fraude contumaz. Alterar ese orden podría producir un entusiasmo momentáneo, pero se corre el riesgo de que la estructura profunda mute para quedarse en el poder.


