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We the people. Nosotros, la gente, por @ArmandoMartini

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Con ese compromiso de importancia singular, se despliega con nitidez la potencia del poderío ciudadano contra la usurpación tendencial de acomodamientos por el poder constituido ligado a cogollos, clases y grupos sociales, cuyo dominio proviene de estructuras que la política intenta para someter la voluntad democrática. Así comienza la Constitución de los Estados Unidos, dejando claro, la democracia, derechos y deberes ciudadanos que no son ideas ni propuestas de políticos, sino de la hondura profunda del sentimiento puro de ciudadanía; de cada uno de nosotros, integrantes de un país, de todos a una. Es la forma que tienen los estadounidenses de reconocerse parte de una misma nación, diversa pero inspirada por un pacto social común, a fin de formar una unión más perfecta, establecer justicia imparcial, garantizar tranquilidad, tender a la defensa, fomentar prosperidad, asegurar garantías, beneficios de la libertad para nosotros y nuestra posterioridad. Radicalización de la democracia mediante derechos fruto de necesidades políticas y socioeconómicas de la inmensa mayoría.

A eso precisamente se refirió María Corina Machado con su reciente propuesta. Hizo un llamado, un desafío al ciudadano. No a los políticos -como tergiversan interesados que de contarse y rendir cuentas, ni por equivocación-, sino al ciudadano para que distinguiera, seleccionara e invistiera de legitimidad, confiriendo autoridad y confianza a los elegidos. La dirigencia política es insignificante sin partido. Pero los partidos políticos y sus dirigentes son entelequia irrelevante, nada valen sin el ciudadano, sin la gente.

“Nosotros, la gente” es el compromiso máximo, declaración sublime, definitiva de dónde está el poder auténtico, verdadero; hacedor de leyes, definidor de normas de conducta y convivencia. “Nosotros, la gente” es la definición contundente, precisa e indiscutible de la democracia. Es la ciudadanía, quienes deciden libres, sin chantajes ni extorciones, qué queremos ser y hacer. En nosotros, está la decisión a qué persona o personas otorgamos la obligación, deber y derecho, al trabajo de poner normas, estilo de vida en leyes y pautas.

Un partido político no es más que una propuesta de ideología, principios, conceptos y objetivos para cumplir. Una invitación que es sólo la forma de interpretar y llevar adelante lo que quiere ser el pueblo que hace país a ese conglomerado humano en un territorio.

Partidos políticos, militantes y simpatizantes no imponen actitudes, conductas y sueños, es el pueblo ciudadano el que los asigna e impone, el que está o no de acuerdo, y es entonces cuando la agrupación política adquiere sentido y fines. Cuando representa a una parte o a un todo. No es sólo cuestión de propaganda, es sentido de representación y correcta interpretación.

Es posible que represente a una parte, pero no a la totalidad. Es cuestión de niveles ante el mismo compromiso, pero también de coincidencia en los conceptos fundamentales. Por ejemplo, diferencias entre democracia cristiana y socialdemocracia, derechas e izquierdas democráticas. Difieren en la percepción del centro ideológico, objetivos y beneficios, entre la sociedad como ente activo, y el individuo como destino para llegar a través de él a la sociedad. O los más conservadores y buscadores de cambios. Sin embargo, concuerdan y armonizan en la democracia como concepto de vida y relaciones; acatamiento permanente a los derechos humanos, exigencia de los deberes de respeto mutuo entre ellos, y la protección por parte del Estado en sus expresiones, responsabilidades y jerarquías de los derechos a escoger, tener y ejercer su opinión, religión, trabajo, relaciones familiares, intercambios con otros individuos, grupos y sociedades, aprobar o criticar actitudes y ejecuciones, exigir rendición de cuentas de gestión y financieras, con la tenencia y disfrute de servicios públicos aceptables. 

Son políticos profesionales, no politiqueros fracasos quienes deben marcar el manejo y desempeño de la sociedad partidista; son responsables de que el partido cumpla los objetivos ofrecidos en su ideología y acciones. Y esa filosofía y quehaceres serán aceptados, rechazados o aprobados por nosotros, el pueblo, la gente, la ciudadanía.

Ése es el concepto de lo planteado por María Corina, no sólo que las personas comprometidas participen, sino que los ciudadanos en su conjunto, decidamos a quiénes vamos a encomendar la difícil dirección y compleja marcha del país. Somos Nosotros, los que debemos con entusiasmo ser los promotores de esta magnífica, poderosa iniciativa que empodera al ciudadano para resolver su destino futuro, decidiendo cómo y para qué queremos ser pueblo y patria.

@ArmandoMartini

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