Hoy se conmemoran 20 años del fallecimiento del papa Juan Pablo II, quien dejó este mundo el 2 de abril de 2005 en la Ciudad del Vaticano. En Venezuela, su legado resuena con especial fuerza gracias a las dos visitas históricas que realizó al país, momentos que marcaron a generaciones y que hoy, en este aniversario, son evocados con nostalgia y gratitud por millones de fieles.
Primera visita: Un hito de fe en 1985
El 26 de enero de 1985, Venezuela recibió por primera vez a un pontífice. Juan Pablo II aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, donde fue recibido por el entonces presidente Jaime Lusinchi y una multitud emocionada que lo aclamaba como un mensajero de paz. En un país golpeado por la crisis económica tras el «Viernes Negro» de 1983, su llegada fue un bálsamo espiritual.
Durante cuatro días, el papa recorrió Caracas, Maracaibo y Mérida. En la capital, celebró una misa al aire libre en la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota, ante cientos de miles de personas. «¡Venezuela, no te dejes vencer por el desaliento!», exclamó, palabras que resonaron en un pueblo ansioso por esperanza. En Maracaibo, visitó la Basílica de la Chinita, y en Mérida, en los Andes venezolanos, bendijo a las comunidades rurales, destacando la importancia de la justicia social y la dignidad humana.
«Fue como si el cielo se abriera», recuerda María Teresa Gómez, una caraqueña que asistió a la misa en La Carlota con apenas 20 años. «Su voz, su energía, nos hizo sentir que no estábamos solos en esos tiempos tan duros».
Segunda visita: Un reencuentro en 1996
Once años después, el 9 de febrero de 1996, Juan Pablo II regresó a Venezuela en un contexto diferente. El país vivía los coletazos de la crisis bancaria de 1994 y un creciente descontento social. Esta vez, su visita fue más breve, pero no menos impactante. Aterrizó nuevamente en Maiquetía y se dirigió al Hipódromo de La Rinconada, en Caracas, donde celebró una misa masiva que reunió a más de un millón de personas, según estimaciones de la época.
En su mensaje, el papa llamó a la reconciliación y a la solidaridad, instando a los venezolanos a superar las divisiones. «La fe debe ser luz en medio de las tinieblas», dijo, en un momento en que el país buscaba rumbo tras años de inestabilidad. También visitó el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, en Guanare, patrona de Venezuela, reforzando su conexión con la devoción popular.
«Fue un regalo verlo otra vez», cuenta José Ramírez, un zuliano que viajó desde Maracaibo a Caracas para la ocasión. «Aunque estaba más frágil, su espíritu seguía siendo inmenso».
Un legado que perdura
Juan Pablo II, canonizado como San Juan Pablo II en 2014, dejó en Venezuela un mensaje de unidad y resistencia espiritual que aún resuena. Sus visitas no solo fueron eventos religiosos, sino también hitos culturales y sociales que unieron a un país diverso en torno a la fe y la esperanza.
Hoy, a dos décadas de su partida, los venezolanos lo recuerdan como un símbolo de fortaleza. En iglesias y hogares, se multiplican las oraciones y homenajes en su honor. «Él nos enseñó a mirar hacia adelante, incluso en los peores momentos», dice el padre Luis Mendoza, párroco de una iglesia en Petare. «Ese es su regalo eterno».
En este 2 de abril, mientras el mundo católico conmemora su vida, Venezuela revive aquellos días en que un papa polaco cruzó el Atlántico para tender una mano a su pueblo. Su voz sigue siendo un eco de consuelo en una nación que, como él pidió, se niega a rendirse al desaliento.


