El 23 de febrero de 1933, en el contexto del auge de la industria petrolera, nació la ciudad de El Tigre. No hubo una fundación formal; más bien, la llegada de campesinos del Caris y zonas aledañas permitió que un pequeño poblado se formara alrededor del pozo OG-1. Esta incipiente población fue tomando forma y creciendo a un ritmo moderado durante las primeras décadas.
Con estas palabras comenzamos a redactar el artículo de Bitácora Energética dedicado a la historia de la ciudad, conversando con el cronista popular Cheo Salazar. En él, destaco que esta importante ciudad del sur del estado Anzoátegui recibió una gran cantidad de inmigrantes, principalmente de la Isla de Margarita, de estados vecinos y algunos extranjeros. Su camino hacia el pleno desarrollo se vio impulsado por el reventón del Pozo Oficina 1. Sin embargo, este proceso enfrentó una grave amenaza en la década de 1960, cuando una profunda recesión petrolera colocó a El Tigre casi a la par de Ortiz, un pueblo que inspiró a Miguel Otero Silva para escribir su novela “Casas Muertas”, en la que reflejó brillantemente la infecunda suerte de esa población del estado Guárico. Esta crítica situación fue superada por muchos hombres y mujeres que perseveraron y lucharon para que el pueblo sobreviviera a la hecatombe. Esos valientes salvaron la sabana de convertirse nuevamente en un desierto.
Durante ese difícil momento, El Tigre sufrió una severa recesión provocada por la drástica reducción de la actividad petrolera en la región. Muchos se marcharon, mientras que otros más audaces decidieron resistir. En ocasiones, nos convertimos en un pueblo fantasmagórico. Imaginen que los terrenos, hoy considerados «lomitos» ubicados en la avenida Francisco de Miranda, se cotizaban a Bs. 0,25 el metro cuadrado; se ofrecían a crédito y pagaderos en cómodas y olvidadizas cuotas. Muchos testigos presenciales y protagonistas de aquella época aún viven en la ciudad y pueden dar testimonio de esa aciaga coyuntura histórica. Es cuestión de indagar un poco para darnos cuenta de que no todo el camino ha estado, como en el presente, empedrado de bondades. Hay vecinos que han trabajado arduamente para contribuir a la prosperidad, el desarrollo y la consolidación de nuestra pequeña urbe. Son héroes anónimos a quienes debemos rendir homenaje: nativos e inmigrantes que nos convirtieron en un crisol de culturas.
La entrevista con el cronista popular nos revela que, a lo largo de los años, algunos vecinos, comerciantes e industriales soportaron y sobrevivieron a la espantosa recesión económica, lo que permitió que el pueblo recuperara su lento ritmo de crecimiento. En la década de 1970, con la llegada de La Gran Venezuela, El Tigre aceleró su desarrollo y expansión, logrando consolidarse como ciudad y convertirse, de hecho, en la capital del sur del estado Anzoátegui. El eximio poeta Helí Rafael Colombani Bianchi, oriundo de Irapa, estado Sucre, e hijo adoptivo de la Mesa de Guanipa, visualizó esa realidad y promovió la idea de que, en un futuro no muy lejano, esta inmensa región del sur anzoatiguense podría convertirse en el estado Guanipa, cuya capital sería nuestra querida ciudad de El Tigre. Es un sueño que puede hacerse realidad. El futuro es inevitable e impredecible; hay que dar tiempo al tiempo.
El petróleo, la recesión, la agricultura, el petróleo nuevamente… otra vez la agricultura y vuelve la esperanza con el petróleo. Esta dinámica pendular ha caracterizado la corta vida de nuestra ciudad de El Tigre. La siembra e industrialización del maní dieron origen a Agrícola Guanipa C.A. (AGUANCA) y los silos de ADAGRO, que son testigos de un renacimiento en la década de 1970.Esta
ciudad hoy en día se encuentra en una encrucijada geográfica que puede ser aprovechada con la industria petrolera Pujante y Activa en la Lucha como franse de nuestro Himno del Estado Anzoátegui, donde. Cada ciudadano apegado a la luz de la industria petrolera tras los recientes acontecimientos políticos.
Se espera que las empresas petroleras logren un equilibrio con el medio ambiente y los productores locales, quienes han mantenido su labor agrícola a pesar de las adversidades.
El Tigre ha sido, es y seguirá siendo un punto de referencia crucial en la región. Con la aspiración colectiva de convertirse en la capital oficial del nuevo estado que todos deseamos, es fundamental que las nuevas generaciones comprendan su historia y trabajen por un futuro próspero. Como decía Antonio Machado, “Caminante, no hay caminos, se hace camino al andar”. La historia de El Tigre es un testimonio de resiliencia y potencial; es momento de seguir avanzando y enfrentar los desafíos con determinación. ¡Vale la pena!
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