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La muerte de Simón Bolívar

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La muerte de Simón Bolívar se produjo en la ciudad colombiana de Santa Marta un 17 de diciembre, hace 191 años atrás.

Por: Morfema Press / Wikipedia

La descripción precisa del estado de salud de Bolívar se ve ricamente detallada en los boletines médicos de Alejandro Próspero Révérend, los cuales aumentan en número desde la madrugada del 16 de diciembre y la luctuosa mañana del 17 de diciembre de 1830, en ellos refleja el progresivo debilitamiento de Bolívar llegando a la conclusión de muerte inminente en próximas horas, a los 47 años de edad.

A las nueve de la mañana el doctor Alejandro Próspero Révérend fue cuestionado por el general Mariano Montilla sobre el estado de salud de Bolívar, éste le informó del funesto pronóstico lo cual aumentó considerablemente la preocupación en el séquito de Simón Bolívar.

Tras una breve ausencia del médico debido al cumplimiento de un favor pedido por el general Mariano Montilla de hacer una visita al obispo de Santa Marta, quien se encontraba enfermo, y siempre rodeado de la constante angustia de no poder regresar a tiempo y asistir al general si se presentaba su muerte, el regreso del médico se produjo antes del mediodía y tras realizar nuevamente la evaluación del progreso del general, quien ya no hablaba sino de manera confusa, sólo sirvió de confirmación al peor pronóstico.

Tras el paso de una mañana marcada por el constante desvanecimiento de los signos vitales y pasado el mediodía, el silencio del salón principal de la casa, el cual estaba ocupado por los edecanes, la cúpula militar del Ejército Patriota y los amigos más íntimos de Bolívar, se vio interrumpido por las palabras de su médico Alejandro Próspero Révérend, quien los invitó a pasar a la habitación contigua si querían presenciar los últimos momentos del héroe venezolano.

Rodeado de su séquito, y tras una larga pero calmada agonía, Simón Bolívar falleció a la una de la tarde con tres minutos y cincuenta y cinco segundos del viernes 17 de diciembre de 1830.

El funeral, la autopsia y el primer entierro de Simón Bolívar

Tras la muerte de Bolívar se dio inicio al protocolo médico para determinar la causa de esta mediante la realización de una autopsia, su traslado y posterior embalsamamiento para realizar la exposición de los restos mortales en capilla ardiente al pueblo local, y tres días después realizar la inhumación en una tumba cedida por la familia Díaz Granados en la catedral basílica de Santa Marta.

A las cuatro de la tarde del mismo día, el médico de cabecera Alejandro Próspero Révérendo dio inicio a la autopsia de Bolívar, la cual fue realizada en una de las salas conjuntas de la Quinta de San Pedro Alejandrino, y no habiendo encontrado indicio alguno que contradijera su diagnóstico inicial, así describió el galeno la conclusión del procedimiento en sus memorias:

«Según este examen, es fácil reconocer que la enfermedad de que ha muerto S. E. el Libertador era en su principio un catarro pulmonar, que habiendo sido descuidado pasó al estado crónico, y consecutivamente degeneró en tisis tuberculosa.»

Una vez terminada la autopsia se procedió inmediatamente al traslado y posterior embalsamamiento del cuerpo en el centro de Santa Marta, éste tuvo que hacerse de manera improvisada dado que no se contaban con los elementos suficientes para realizar esta clase de procedimiento de manera correcta, a su vez, debido a que el único boticario de la ciudad se encontraba enfermo, el procedimiento fue realizado íntegramente por el doctor Alejandro Próspero Révérend.

La inhumación de los despojos mortales se realizó en la Catedral Basílica de Santa Marta el 20 de diciembre de 1830, pese a la última voluntad de Bolívar de ser enterrado en Venezuela, la situación política de la Gran Colombia hacía enormemente difícil la realización de los trámites burocráticos y diplomáticos necesarios para realizar el traslado a territorio venezolano, por lo que tras el limitado cumplimiento del protocolo militar para el traslado y honores funerarios de altos mandos debido a los limitados recursos económicos, Bolívar fue inhumado en la tumba de un panteón familiar cercano a la nave central de la catedral, cedida por la familia Díaz Granados. En un inicio sus restos no contaron con una lápida marcada, con el fin de evitar vandalismo y profanaciones.

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