En Caracas, el reloj en la computadora marcaba las 11:30 de la mañana. La sala de Hangouts donde ocurriría la entrevista estaba lista. Al otro lado, en el epicentro de la innovación mundial, estaba Víctor Cárdenas.
Por: Karem González – El Nacional
Desde sus oficinas en San Francisco, su juventud contrasta con la envergadura de su emprendimiento, Slash. Tiene apenas 23 años. Pocos para un negocio de este calibre, dicen expertos.
Hoy el venezolano no solo dirige una compañía valorada en 370 millones de dólares. También, redefine las reglas del juego financiero para las pequeñas y medianas empresas en Estados Unidos.
Su éxito podría atribuírsele al repentino abandono de su carrera universitaria, a aferrarse a las oportunidades a pesar del miedo y a Kanye West.
El origen de todo
Víctor Cárdenas se crió en Valle Arriba, en el seno de una familia acomodada donde la palabra emprendimiento no era mera aspiración sino una forma de vida.
Su padre y su abuelo son empresarios. Forjaron negocios dentro y fuera de Venezuela.
Su formación académica inicial tuvo lugar en la Escuela Campo Alegre, ECA, espacio donde su curiosidad y disciplina comenzaron a tomar forma.
Desde muy joven, de hecho, supo que su camino estaba en las grandes ligas. Por eso, se preparó con una dedicación casi monacal para aplicar a las mejores universidades del mundo.
El esfuerzo dio frutos. Fue aceptado en varias instituciones de la Ivy League, como Yale. Toda una proeza, sobre todo por su nacionalidad. No obstante, su brújula apuntaba a un lugar específico. El mejor: Stanford.
Cuando cumplió 18 años se abrió camino hacia California. El foco, en teoría, era estudiar Computación. Y no, nunca fue un sueño o pasión infantil, sino una decisión estratégica.
Desde muy pequeño entendió que la tecnología era el lenguaje de los negocios del siglo XXI, razón por la cual necesitaba dominarlo. Era la única manera de cumplir su verdadera pasión: emprender.
«Si no tuviese una fintech, tendría un gran número de gasolineras o unos puestos de perros calientes», confiesa. El negocio era el fin; la tecnología, el medio más poderoso.
Se define como un venezolano orgulloso. Y ese arraigo fue el cimiento sobre el cual edificó su futuro.
Lea la nota completa siguiendo este enlace a El Nacional