La postulación del joropo venezolano como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad superó su fase técnica más crítica.
El Ministro del Poder Popular para la Cultura de Nicolás Maduro, Ernesto Villegas, confirmó que los especialistas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) aprobaron sin objeciones el expediente de la expresión cultural.
Este dictamen favorable significa que el joropo avanza sin tropiezos hacia la evaluación final del Comité Intergubernamental, el cuerpo que define la inscripción definitiva.
El veredicto final se espera durante la cumbre del Comité, que se celebrará en Nueva Delhi, capital de la India, entre el 8 y el 13 de diciembre de 2025.
Un tesoro nacional en la escena global
La aprobación técnica de la UNESCO es un paso de gran relevancia, pues certifica la solidez y la rigurosidad del documento que defiende el valor universal excepcional del joropo.
Este proceso de postulación suele ser complejo, exigiendo una documentación exhaustiva que demuestre la viabilidad, la transmisión intergeneracional y el impacto cultural de la práctica.
El joropo ya está catalogado como Patrimonio Cultural de la Nación en Venezuela y es, para muchos, el símbolo más vibrante de la identidad nacional. Su reconocimiento internacional consolidaría a Venezuela como un país custodio de expresiones folclóricas con profundo arraigo histórico.
La posible inscripción del joropo se sumaría a una distinguida lista de manifestaciones culturales venezolanas ya reconocidas por la UNESCO, entre las que destacan los Diablos Danzantes de Corpus Christi (inscritos en 2012), la tradición oral Mapoyo (2014), la Parranda de San Pedro de Guarenas y Guatire (2013) y el Carnaval de El Callao (2016).
Joropo: fusión de tres raíces
El joropo no es simplemente una melodía o una coreografía. Muchos manifiestan que es un evento social y cultural completo que amalgama música, danza y canto en un ambiente inconfundiblemente festivo.
Se distingue por su origen mestizo, una síntesis histórica forjada a partir de tres vertientes: las influencias europeas (en instrumentos de cuerda y formas musicales), los ritmos africanos (en los tambores y la percusión) y las tradiciones indígenas (en ciertos patrones rítmicos y el canto).
Se caracteriza también por el zapateo enérgico, un baile alegre donde los movimientos rápidos del cuerpo y de los pies son esenciales, a menudo simulando faenas del campo o el cortejo.
Asimismo, si bien existen variaciones regionales (joropo oriental, llanero o central), su base instrumental incluye instrumentos emblemáticos como el cuatro venezolano, las maracas y el arpa, que le confieren su sonoridad distintiva y contagiosa.
La decisión final, que se conocerá en diciembre, definirá si esta expresión festiva y vital de la cultura venezolana pasa a ser oficialmente protegida y promovida como un legado cultural de la Humanidad.


