De acuerdo con las estimaciones oficiales de España, en este país viven casi 700.000 venezolanos y esta semana el joven caraqueño Salomón Marea, de 24 años, ha sido noticia por obtener la segunda mejor nota para acceder a una plaza como Médico Residente, al contestar correctamente 190 de 200 preguntas del examen MIR (Médico Interno Residente) que todos los galenos deben presentar para acceder a un cupo como residente y cursar la especialidad y un hospital del sistema de salud público español.
Salomón llegó a España en 2019 con la intención de cursar estudios de Medicina y logró obtener su título en la Universidad Complutense de Madrid, aunque esa no siempre fue su primera opción, pues antes de enfrentarse con la realidad migratoria, durante algún tiempo coqueteó con la idea de estudiar Ingeniería Biomédica.
“Al principio tuve muchas dudas y me planteé muy seriamente estudiar Ingeniería Biomédica. Me pareció fascinante la manera en la que esa carrera combina las matemáticas y la ingeniería aplicada a la salud. Sin embargo, hacia finales del bachillerato, me di cuenta de que el trato directo y humano con el paciente era algo innegociable para mí. Ver cómo es esa conexión real entre el médico y la persona me gustó mucho, y eso fue lo que inclinó la balanza definitivamente hacia la Medicina”, dijo el médico venezolano en entrevista con El Nacional.
Al llegar a España, Salomón tenía a su favor dos aspectos que facilitan mucho el proceso para cualquier migrante y que en su caso le han permitido hacer realidad su sueño de ser médico: tenía la nacionalidad española por parte de su padre y su madre llegó con él, dispuesta a apoyarlo en todo el proceso de formación, lo cual le ha permitido dedicarse de manera exclusiva a sacar adelante una carrera tan compleja como la Medicina.
“Tuve la inmensa suerte de contar con la nacionalidad española gracias a mi padre, lo cual me ofreció muchísimas facilidades a nivel migratorio y burocrático. Además, considero que España es un país con enormes similitudes culturales con Venezuela; esa cercanía en la forma de ser de la gente facilita mucho la integración”, expresó Marea.
Al proceso de selección de la prueba MIR de este 2026 se presentaron más de 15.000 médicos aspirantes, de ellos la segunda mejor calificación fue la del joven venezolano Salomón Marea. La primera posición la obtuvo Bianca Ciuobanu, una mujer rumana de 41 años, que respondió correctamente dos preguntas más que Salomón.
—¿Qué sintió al ver las listas del MIR y ver que estaba en la segunda posición? ¿Qué fue lo más difícil de la prueba?
—Sentí una felicidad y un alivio indescriptibles. Saber que ese número me garantiza poder elegir la especialidad que realmente quiero y, sobre todo, poder quedarme en Madrid cerca de mi familia y mis amigos, es una suerte. En cuanto a lo más difícil de la prueba, sin duda es el desgaste mental y físico. Mantener un ritmo de estudio de 10 horas diarias durante 7 meses seguidos es algo completamente extenuante; es una verdadera prueba de resistencia.
Según lo que explica Marea, la prueba del MIR “es un examen estatal que abarca prácticamente todos los contenidos de la medicina y sus especialidades. Consta de 200 preguntas y dura unas cuatro horas y media. La dificultad principal radica en que es un examen comparativo: no basta con sacar una buena nota, tienes que sacar una nota mejor que la del resto de tus compañeros para quedar en un puesto alto (…) Ese puesto es el que te permite elegir el hospital y la especialidad en la que quieres formarte como residente”.
En el caso del joven venezolano, haber obtenido tan buena puntuación le permite escoger y ahora se debate entre la Cirugía Estética y la Urología. “Es una decisión para toda la vida. Ahora mismo dudo principalmente entre dos: Cirugía Plástica y Reconstructiva, por su capacidad de restaurar la función y la calidad de vida de los pacientes de una manera tan minuciosa, o Urología, que me parece una especialidad súper completa que combina a la perfección la parte clínica con una parte quirúrgica y tecnológica muy avanzada”, expresó.
—¿Cuánto tiempo de preparación fue necesario para alcanzar este logro?
—En total, diría que son unos 17 meses. Tienes los 7 meses de estudio intensivo exclusivo, justo después de graduarte, pero a eso hay que sumarle unos 10 meses previos de estudio introductorio, que se llevan a cabo de forma paralela mientras cursas el sexto y último año de la carrera. Es un año y medio donde el MIR se convierte en el centro de tu rutina.
—¿Cómo ha sido la experiencia de ser migrante y además sacar adelante una carrera tan compleja como Medicina?
—Ha sido una experiencia tremendamente enriquecedora, pero llena de retos. Al grado de exigencia de la Medicina tienes que sumarle el proceso de mudarte, hacer tu vida desde cero y adaptarte a otra sociedad. Afortunadamente, España me ha recibido con los brazos abiertos, lo que me ha permitido integrarme de maravilla.
—¿Ha podido dedicarase de manera exclusiva a estudiar o le ha tocado trabajar para poder vivir en España como la gran mayoría de los migrantes?
—He sido muy afortunado de poder dedicarme en exclusiva a los estudios, y esto es única y exclusivamente gracias a mi madre. Ella ha hecho los sacrificios necesarios para costear todos los gastos durante estos años. Sé muy bien que la gran mayoría de los migrantes tienen que compaginar trabajos muy duros con sus estudios, lo cual multiplica la complejidad de la carrera. Por eso, mi posición en el MIR es también suya; estoy profundamente agradecido por la oportunidad que me dio.
—¿Le gustaría alguna vez poder ejercer la medicina en Venezuela?
—Absolutamente. Creo que es la «espinita» y el sueño que llevamos dentro casi todos los que emigramos: tener la oportunidad de volver y devolverle al país que nos vio nacer y crecer todo el conocimiento y la formación que hemos adquirido fuera. Sería un honor tremendo poder ejercer en Venezuela en el futuro.
—Algún mensaje que quiera darle a los jóvenes venezolanos que también han tenido que emigrar y que no han podido estudiar la carrera que soñaban.
—Les diría que no se rindan y que sean amables consigo mismos. Emigrar te pone la vida en «modo difícil» y a veces los planes no salen a la primera, ni a la segunda. Si no han podido estudiar lo que soñaban aún, que sepan que los tiempos de cada quien son distintos; no hay una edad límite para empezar a construir un sueño. Y si han tenido que tomar otros caminos para salir adelante, eso también tiene un mérito incalculable. La resiliencia que se gana siendo migrante es un motor que tarde o temprano te impulsa hacia el éxito, en la disciplina que sea.


