Morfema Press

Es lo que es

alfredo maldonado

Vamos a suponer –y es fácil suponerlo hoy- que la oposición y Edmundo González Urrutia y María Corina Machado ganan las elecciones del 28 de julio, que Maduro y sus allegados se van del país y que los militares se portan bien. En tan variado caso el 28 de julio será sólo y alarmantemente una simple frontera entre el antes y el después.

Los venezolanos debemos aprender que aunque hoy el pasado parezca ido y rápido, el mañana no lo será tanto. Podemos y debemos ser exigentes e incluso impacientes, pero con tranquilidad y espíritu de reflexión y, muy especialmente, de participación.

Pocas semanas tras la caída de madrugada de Pérez Jiménez, había pintas en paredes caraqueñas expresando “perdón, Pérez Jiménez, no supimos lo que hicimos”. Quienes ganen las elecciones, presumiblemente González Urrutia y Machado, deben tener tiempo y ambiente para los muchos cambios que este país necesita, ya con terminar las numerosas obras empezadas o prometidas pero no concluidas durante 25 años, bastaría para que fuese un gran gobierno. Rescatar los dineros robados será tarea importante pero ardua, no debemos confiar demasiado en ella, aunque tampoco olvidarla.

Cada venezolano tiene derecho a esperar que su problema personal o familiar sea resuelto, pero también el deber de entender que la mejor forma de solucionar el problema mio empieza por resolver el de todos, mejor vivirá cada uno en un país más fuerte, sólido y eficiente que en uno con problemas para los demás y el mio resuelto.

El estudio y actualización del catálogo de obras y el análisis eficaz de la situación, la conveniencia y la opción de cada una no se hace en días ni de acuerdo a las necesidades de cada venezolano en particular, sino de acuerdo a un esmerado plan para todo el país, y ésa es la principal responsabilidad de los nuevos electos, más allá de las emociones. El fervor y la fe que hoy provocan María Corina Machado, Edmundo González y su gente, es la base de lo que esperamos de ellos: cumplimiento para construir la Venezuela que soñamos. Y los sueños, para transformarse en realidades, necesitan participación.

No es la Venezuela que harán para nosotros, es la nación que entre todos debemos levantar. La de todos, la de los honestos y esforzados, porque una gran patria no es un regalo, es una ganancia que necesita del esfuerzo de todos.

La otra Venezuela que permanecerá como realidad es la chavista, será problema de ellos, para exigir y actuar como oposición, hacerse parte de la acción. Lo de que “Venezuela es de todos” no es una simple frase política, es una realidad que a todos compromete, ricos y pobres, hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos. Todos. Machado y González Urrutia no entrarán solos en la historia.

Por Alfredo Maldonado

No es como dicen CNN y otros centros de información, la derecha no se está apoderando de Europa, aunque el Partido Popular y Vox aliados le ganen al, peor que comunista, inepto Pedro Sánchez y su desprestigiado PSOE en España próximamente.

No es el imperio de Le Pen en Francia y que la enérgica signora Giorgia Meloni, con más de 7 millones de votos, haya escalado al poder y con ella la llamada ultraderecha que, en realidad, no es más que poner orden en la pea del ya no tan viejo continente.

No, es que los europeos están hasta las narices del desorden y la excesiva burocracia europeos, que se han dejado sorprender con los pantalones (y las faldas) en el piso por Vladimir Putin, quien puesto contra la pared por la resistencia ucraniana y el montón de dinero de la Unión Europea y Estados Unidos, ahora no sólo chantajea sino que sabotea su propio gas, aunque todo indica que quienes pasarán frío serán los rusos y no los europeos aunque el Mar Báltico se ahogue en gas ruso.

A Putin le están fallando las armas, los cálculos políticos, la conducción militar y los oficiales y soldados en Ucrania, y sólo desde hace un par de días se ha sacado de la cartera unos drones que están, por ahora, haciendo algún daño porque los ucranianos aún no les descubren el truco, pero ésa es ya una guerra perdida en medio de armamento descoyuntado y de mediocre calidad, soldados con escasa motivación y miles de rusos colapsando aeropuertos y puestos fronterizos para salir –casi nadie para entrar- huyéndole a una guerra que nadie, excepto Vladimir Putin, quiere.

A Giorgia Meloni –como a Feijóo y Abascal en España- le dan los cálculos porque no está apostando a la dureza fascista como erróneamente señalan algunos medios, sino al orden y al adecuado cumplimiento de los servicios y la paz pública.

No se confundan, Meloni, Feijóo, Abascal y la Le Pen jr. (que está por verse) son personas serias que ofrecen gobiernos en serio, una Europa en esmerado desarrollo con fronteras confiables y sin relajo, cumpliendo los compromisos que deben cumplirse y dejando de lado los atribuidos, y fortificando un mejor hábitat para los europeos. Si queda para los migrantes, bien. Si no, el mundo es grande, Europa tiene límites.

No se confíen en que Giorgia Meloni es una mujer joven y bonita, todo lo que ha dicho hasta ahora es de una realidad contundente. No habla de la vieja Europa, tiene la mente joven y dinámica en la Europa que se renueva con sus propios estilo, dinámica y programaciones.

Los que deberían preocuparse, como Putin, son los dirigentes europeos que, como el alemán Scholz, debieron reaccionar a la carrera tras amanecer sus propios gobiernos con una Rusia que no es la democracia dura de Vladimir Putin, sino el sueño preocupante de la vetusta y represora Unión Soviética ahora empantando en Ucrania.

Ahora Putin –este 1º de octubre, para ser exactos- firma un nuevo truco, unos referendos a punta de fusil y calculadoras rusas para hacerse con los territorios ucranianos que con tanques y drones no ha podido conquistar, un truco con armas sucias electorales que no se creen ni siquiera los ucranianos –alguno queda- afectuosos con Rusia.

Putin está ya atrapado entre tres realidades. Un pueblo nervioso y descontento al cual ha llevado a una guerra que no quiere, una Europa que avanza en busca de dirigentes e ideologías claras como la de Giorgia Meloni y el progresivo despertar de los países al Este, que fueron pro rusos y comienzan a preguntarse qué demonios hacen ahí.

Y China, claro, detenida temporalmente por problemas económicos y porque deben ajustar sus gigantismos, pero que viene avanzando desde el este. Y llegará, la Ruta de la Seda no tiene a la Rusia de Putin como aliado sino como problema.

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