Morfema Press

Es lo que es

Armando Martini

Cuando el cambio se vislumbra arrollador, no son las fuerzas declaradas las que representan el mayor peligro, son las que operan agazapadas, emperifolladas de normalidad. En política, las sombras hablan antes que la luz, nada es casualidad y menos cuando el reloj marca lo inevitable.  

Si los rumores se repiten y dejan de murmurar para gritar, se convierten en plan. Lo que se está desarrollando no es una competencia política, es un sofisticado diseño de sabotaje para frustrar la transición hacia la libertad democrática. Se arrastran como víboras en la penumbra; la conspiración deliberada está en marcha para estropear la transformación a un país de excelencia.

Los artífices del entramado, una coalición de sinvergüenzas heterogéneos cohesionados para defender vagabunderías. Discípulos adoctrinados, colaboradores gratificados que, en pánico, ven esfumarse privilegios. Funcionarios de transacciones, chantaje y extorsión; empresarios vivianes de lo amañado. Politiqueros camaleónicos, y siniestros apoderados cuya lealtad es inversamente proporcional a su oportunidad, y quienes, con charreteras relucientes, uniformes y convicciones flexibles, apartados del honor institucional que juraron defender, negocian el precio de su lealtad. 

Su consenso, tácito pero firme, es cualquier cambio auténtico, es una amenaza existencial. Su objetivo no es gobernar para el futuro, sino perpetuar el pasado para beneficio. Y, en un coro desafinado, acuerdan abortarlo antes de que nazca. Tiemblan aterrados ante la transparencia, sabedores de que sus secretos no resistirían la luz del día.

La metodología es un patrón reconocible que la ciencia política ha documentado. Encuentros circunspectos que desaparecen; tratos de ultratumba; incentivos para la división con promesas lucrativas, prebendas y cuotas de poder; escándalos mediáticos para confundir a la ciudadanía exhausta. Y, la más perniciosa, promoción de un discurso de «paz» y «estabilidad» que significa la prolongación de la impunidad. Presentando la disyuntiva como una elección entre «orden» y «caos», cuando la realidad es una elección entre «cambio» y «continuidad de la corrupción».

Revelan un esquema inequívoco. Lo llaman “normalización”, en realidad es miedo disfrazado de orden. No se trata de desvaríos ni paranoias, es un plan elaborado para descarrilar la bienvenida de un nuevo ciclo político, bajo un manto de aparente legalidad, como si la mentira se legitimara con sellos y firmas.

No son fantasmas, sino maniobras concretas. Sin embargo, el costo del retraso es alto y doloroso. Cada día que logran postergar el cambio representa múltiples tragedias simultáneas. Un día más de oxígeno para un modelo moribundo; un día más de riqueza mal habida; un día más de exilio, represión, miseria, presos, torturados, exiliados, desaparecidos, y un día menos de justicia para las víctimas.

Pero, la subestimación fatal, un error de los conspiradores, ignorar, desconocer la voluntad soberana de un pueblo, que no se archiva ni se firma en secreto. La paciencia ciudadana, aunque extensa, no es infinita. Está demostrado que cuando la mayoría alcanza un punto de inflexión, ningún discurso, uniforme o pacto la detiene. La fuerza legítima de las urnas y de la calle siempre termina por imponerse sobre la ilegítima de la coerción y el fraude. Se enculillan con el cambio, pero aún más a la justicia que lo acompañará. Su resistencia no nace del patriotismo, sino de que sus faenas no resistirían el escrutinio de instituciones transparentes. Verdad que incomoda.

La disyuntiva histórica se presenta clara y urgente, vivimos la bifurcación que definirá el destino por décadas. O bien la voluntad popular se impone, conduciendo a una transición pacífica, ordenada pero firme hacia la restitución del Estado de derecho, o seremos testigos de la perpetuación de un sistema que convierte a los verdugos del presente en supuestos salvadores del futuro. La gran ironía, quienes invocan símbolos patrios son los primeros en preparar su huida hacia jurisdicciones serviciales.

La decisión final no habita en despachos oficiales o secretos de alcoba. Reside en la capacidad ciudadana para discernir entre el auténtico interés nacional y aquellos que se disfrazan para proteger lo injustificable. No hay neutralidad cuando la dignidad institucional está en juego. El silencio encubridor se convierte, inevitablemente, en complicidad activa con el deterioro.

El aguante, no es eterno. Llegó la hora en que la determinación debe zarandear a la resignación, y la acción organizada reemplazar a la esperanza pasiva. La transición hacia la democracia plena no es un favor negociable, es un derecho que se conquista.

En el pliegue de la historia, la luz de la justicia rara vez ilumina, pero el lamento de los olvidados siempre resuena. No hay mayor traición a la humanidad que normalizar el sufrimiento ajeno. Forzados al silencio por quienes idolatran el poder y castigan la fragilidad, los disidentes caen en el abismo de la indiferencia; mientras el mando, sin validación de obediencia voluntaria y respeto ciudadano discute abstracciones, goza del frívolo protocolo ceremonial, permitiendo insignificantes formalidades.

Personas con nombre, familia, sueños y dignidad son inhabilitadas, perseguidas, encarceladas y exiliadas. ¿Su crimen? Denunciar atropellos, defender la libertad y luchar por la democracia. ¿Su castigo? Tortura, prisión, ostracismo y el silencio de quienes deberían indignarse.

La dignidad humana no es negociable. Los derechos humanos no son un favor del Estado; son el cimiento de la civilización. Cuando se ignoran y la sociedad tolera su violación, entrega su esencia, siembra su propia decadencia y cava su tumba. La historia no juzgará a los pueblos por sus monumentos, sino por su humanidad. La grandeza de una nación no se mide por su riqueza o armas, ni se calcula por su PIB, sino por cómo trata a sus débiles. Si permitimos que la injusticia se vuelva costumbre, perderemos batallas legales; pero también el alma como sociedad.

Cuando un niño duerme en la calle, si comunidades son desplazadas por la violencia, si el pueblo padece hambre o si enfermos mueren sin medicinas, no es un «fallo del sistema», es un fracaso ético y moral. ¿De qué sirve una Constitución con principios nobles si se pisotea? ¿Qué vale la ley si solo protege al privilegiado? La injusticia no es un error, es el sistema funcionando como fue diseñado. Y persiste, porque beneficia a unos pocos, a los mismos que duermen serenos y sin remordimiento mientras otros agonizan.  

No es casualidad que sean los mismos sacrificados en nombre de la política o la economía. Sus derechos reconocidos en tratados y constituciones son violados con exceso e impunidad. ¿Dónde queda «todos nacen libres e iguales en dignidad» cuando un inocente se pudre en una celda sin juicio, o un pueblo huye de la muerte? No basta con denunciar, hay que exigir que se cumpla el deber sacro de proteger a las víctimas de la crueldad y la indolencia.

El poder, con su cinismo habitual, habla de “daños colaterales”, “ajustes necesarios” y “realidades duras”. Pero detrás de esos eufemismos hay rostros: el ciudadano decente, el obrero trabajador, el migrante sofocado, la madre que entierra a su hijo por extraños desafueros y sinrazones. La injusticia se perpetúa con acciones y silencios. Cada vez que un gobierno antepone el poder a la vida y la sociedad mira hacia otro lado se consuma un crimen contra la humanidad.

Los estadistas no son los que acumulan poder, sino los que alzan la voz por los que no tienen. Mandela, Luther King y Gandhi entendieron que la justicia no es utopía, sino un camino que se construye. Hoy, esa vía exige reparar lo irreparable, dar justicia, no limosna; ya es suficiente la impunidad, donde hay opresión debe haber consecuencias. La justicia tardía es justicia negada. Ningún progreso es real si no vemos al otro como igual.

No se avanza sin sentido común, con discursos vacíos, indignación pasajera o declaraciones incumplidas. La historia evidencia que los derechos se conquistan cuando la ciudadanía comprende que la pasividad es connivencia. La justicia no se ruega, se exige. La libertad no se mendiga, se defiende. Cada generación enfrenta una prueba, la nuestra es clara: ser espectadores del colapso moral, decoro, pundonor y respetabilidad, o ser la voz que lo reclama.

¿Cómo llamarnos civilizados si permitimos que el ser humano sea tratado como mercancía, estadística u obstáculo? La indiferencia es coautora y partícipe. El silencio, criminal. A los líderes: ¿dónde está su valentía y valor? A los ciudadanos: ¿dónde está su preocupación, disgusto y arrojo? A la comunidad internacional: ¿dónde están los mecanismos para hacer cumplir sus propias leyes?

Que las futuras generaciones no nos recuerden por nuestra cobardía, sino por el coraje de haber dicho ¡Basta! Es momento de actuar, exigir responsabilidades, porque mañana los silenciados podríamos ser nosotros. Y, como escribió Albert Camus -ensayista, filósofo y periodista argelino-francés-, «un hombre solo siempre es vencido, pero el pueblo unido cambia el mundo». 

Se visualiza de proporciones épicas el derrumbe de la confianza y la pérdida de legitimidad que sepultará al intruso castrismo. Las instituciones que otrora sostenían su cimiento, se resquebrajan bajo la corrupción y desinterés. El oficialismo, que de adalides del bien común se convirtieron en una casta privilegiada; gandumbas y fantoches de haberes tenebrosos, bufones del abuso y la opresión, preocupados por sus intereses que por el bienestar ciudadano; son incompetentes en las soluciones a contrariedades que aquejan a la sociedad.

El mundo politiquero se asemeja a una estampida desbocada, donde la razón ha sido pisoteada por el torrente de mondregos enfurecidos. Ya no se trata de debates ideológicos constructivos, sino de una lucha visceral por la permanencia, donde la verdad es una mercancía manipulable y la ética es relegada a un oscuro rincón.

Las herramientas de conexión y conocimiento se han transformado en campos de batalla virtuales, correveidile de insultos y descalificación como armas predilectas. La información veraz se ve opacada por un afluente de noticias falsas y propaganda, creando una realidad distorsionada donde la desconfianza y el miedo reinan supremos.

En este frenesí, la cordura parece animal en extinción. Los líderes, convertidos en gladiadores de la retórica, atizan las llamas del divisionismo, sembrando discordia entre sus seguidores y demonizando a sus oponentes. La moderación es vista con ingratitud y debilidad, el consenso como traición y la empatía como flaqueza. La ciudadanía, mira estupefacta cómo sus voces son acalladas y sus anhelos desconocidos. La fe se desmorona. El ciudadano contempla cómo se demuele quien alguna vez prometió un futuro justo y próspero.

Las causas son múltiples y complejas. Corrupción endémica, falta de transparencia y rendición de cuentas, mentira e ineficiencia institucional, desconexión entre las élites y el pueblo, erosión de los valores éticos, morales, deterioro de los principios y violación de los derechos humanos, han creado un caldo de cultivo perfecto para la decepción, frustración y desilusión.

La responsabilidad recae en holgazanes, sempiternos politiqueros embusteros, oportunistas y asaltantes del erario público; permitiendo que la podredumbre se arraigue.
Cediendo ante el miedo, tolerando la mediocridad y falta de liderazgo. Las consecuencias, son devastadoras para el oficialismo. La confianza en las instituciones se ha desplomado, la participación ciudadana paralizada y haragana. La capacidad de resolver los problemas comunes atrofiados, lo que genera una profunda crisis de legitimidad. La polarización social se intensifica, creando un clima de crispación y violencia. La economía arrasada, arruinada, mientras que la pobreza, desigualdad e indigencia ha sido exponencial.

La ciudadanía convertida en espectador apático, impotente ante un sistema arbitrario y abusador, que responde a intereses de una minoría. Sin embargo, la apatía no es respuesta. Afortunadamente, despierta del letargo en las calles con indignación y prende la llama de diversos movimientos sociales que exigen cambio, libertad y reclaman democracia. Es hora de tomar las riendas del destino. Defender las libertades y luchar por una sociedad de oportunidades.

Hoy, el continuismo, vencido en la política, ética y moral, además del comportamiento ejemplar de la ciudadanía su gran derrota. El castrismo charlatán lo sabe, lo huele, lo siente, es evidente, irreversible. El oficialismo derrotado por un entusiasta sentimiento de cambio; además de la esperanza que representa María Corina Machado, que trabaja incansable, con generosidad cede su prestigio y capital político a Edmundo González Urrutia, quien con señorío e hidalguía honrará la transición, devolviendo en corto plazo, a su legítima representante, sin condicionamiento alguno de los buitres oportunistas.

El tema es complejo y controvertido, no existe solución única ni universal. Recuperemos el valor de la lealtad, rectitud y diálogo, la escucha activa, glorificar la palabra empeñada y el respeto mutuo. Aprendamos la complejidad de las ideas sin caer en la simplificación y fanatismo. La verdad no reside en un solo lado, sino en la búsqueda honesta y abierta del conocimiento.

El camino hacia la recuperación será arduo, pero millones comparten la visión de un mejor mañana. La estampida es una realidad y el deslave innegable. Es hora de actuar y exigir cambio, construir un mundo mejor para nosotros y las generaciones venideras.

@ArmandoMartini

Desde su inicio e instalación desafía el dilema de una encrucijada. Sin embargo, siempre llega el tiempo de plantearse una situación en la que personas, grupos, sociedades y países, se encuentran en algún momento de sus vidas. Se trata de una disyuntiva que se presenta cuando se debe tomar una decisión trascendental, y ambas opciones parecen igual de atractivas o problemáticas.

En estos casos, la elección no es fácil ni cómoda, ya que cualquier decisión tiene consecuencias significativas. Esta intersección surge en diferentes ámbitos de la vida, ya sea en el trabajo, en la vida personal o en cualquier otro contexto en el que se deba tomar una providencia importante.

El problema con la disyuntiva de una confluencia, es que genera un alto grado de estrés y ansiedad en quienes lo experimentan. Muchas veces, la obediencia, el miedo, la indecisión, ambigüedad, falta de temple y personalidad a tomar una decisión equivocada y desacertada, pueden paralizar a las personas, impidiéndoles avanzar.

Es valioso recordar que, en última instancia, el fallo que se tome debe ser basado en objetivos, conciencia ética, buen proceder, principios y valores. No existe una respuesta correcta o incorrecta, sino más bien una que sea valerosa, de conducta coherente y de actuación vinculada a la ciudadanía.

Es crucial reflexionar, analizar detenidamente cada opción, considerando ventajas y desventajas. Además, conveniente escudriñar consejo y orientación, escuchar a personas de confianza, ya sea amigos, familiares o expertos en el tema en cuestión. Pero lo vital, más importante, interpretar a la mayoría, que no es otra, que la ciudadanía decente, honesta, que no se rinde ni abandona, que no cede ni negocia principios. Que anhela ser libre y vivir en democracia.

El dilema de una encrucijada no es dificultad ni contrariedad nueva; en un mundo en constante cambio y evolución, es cada vez más frecuente. La globalización, las nuevas tecnologías, los cambios sociales y culturales pueden generar incertidumbre y dudas, ante decisiones de importancia.

En definitiva, la clave para superarla es tener confianza en sí mismo, actuar de manera imparcial, jamás obedecer la imposición despreciable y servil de terceros interesados, convenientemente instalados. Si bien es cierto, que tomar una decisión no es el fin del mundo y siempre se pueden corregir errores; no es menos cierto, que las consecuencias pueden ser nefastas al demorar por años una sociedad condenada al oscurantismo, la corrupción y el atraso intelectual.

Venezuela exige una decisión de la comisión de primaria, que sea acorde a sus anhelos, conforme a sus deseos, conteste a su futuro. La ciudadanía venezolana, en su inmensa mayoría, es una sociedad de naturaleza libertaria, así lo demostraron nuestros padres fundadores y el Libertador Simón Bolívar es un gran ejemplo. Honremos el legado, enaltezcamos el gentilicio y glorifiquemos el linaje.

Integrantes de la comisión de primaria, tienen una gran responsabilidad, una decisión que parece difícil; pero en realidad es fácil, solo tienen que interpretar el sentir de la enorme mayoría. Colóquense del lado correcto de la historia.

Si así lo hiciereis, que Dios, sus familias y la Patria os premien. Si no, que os lo demanden.

@ArmandoMartini

Quienes indebidamente ejercen la representación opositora, no pueden señalar como aquel militar derrotado, “todo se perdió menos el honor”.

En la Venezuela devastada y un interinato engañado, hasta el honor quedó en el camino. Se puede respaldar jurídicamente, pero muy difícil amparar a quien está siendo víctima de los mismos a quienes defendió, confió su destino político y, con él, futuro de generaciones.

No despertó de un sueño y decidió ser presidente, aunque interino. La cuestión se les ocurrió a otros, producto de cálculos y discusiones, a lo largo de las cuales se dieron cuenta de la porquería que estaban poniendo y mientras criticaban, más fuerte se hacía el régimen castrista, ignorante de generar economía sólida, en cambio, hábiles diseñando perversidades para mentir de forma que parezca no lo están, o que los embustes llevarán a verdades mañana.

A los ingenuos se les puede apreciar, estimar, mirar con simpatía, pero no jugarse la vida por ellos. Le ofrecieron al joven dirigente con ansias de país, un respaldo que duró poco, creó un concepto publicitario con el cual despertó la esperanza, y en eso se quedaron, en titular.
Lo exhibieron por América y Europa, recibió honores y protocolo de mandatario, pero con la misma facilidad después se traicionaron unos a otros, lo abandonaron cuando la gloria ostentada del cargo se atrasaba y el tiempo comenzaba a ser enemigo. Ansiosos de burocracia y prebendas miserables, pusieron oídos a propuestas pequeñas, insidiosas, desleales, que engañan tanto que se mienten a sí mismos.

Los dirigentes de la complaciente oposición, expertos en fanfarronear, descubrieron la tentación de poner en evidencia e incluso fortalecer la posibilidad de que el castro madurismo se derrumbara por la presión internacional, asuntos de normativa constitucional que en los países importantes creen y cumplen sin desviaciones.
Poco faltó para que les funcionara, colocaron a la presidencia castrista en entredicho y buena parte del mundo a fijar la mirada en Venezuela. Uno de los que creyó, el diputado por La Guaira, de activismo político encendido, pero con insuficiencia práctica y exigua experiencia, que lo llevó a confiar en mañosos veteranos de la desvergüenza, duchos en desfachatez política, subestimando con desprecio las excepciones que alertaban sobre la pifia de no escuchar la realidad inteligente, coherencia, formación y osadías suficientes, sin perder la confiabilidad ciudadana; pero prefirió la irracional prosperidad, la absurda incompetencia y la insulto al arraigo, humillándose a la simpleza majadera.

El ciudadano experimentó el concepto general, pero ya no creen en los cabecillas partidistas en su mayoría de escasa capacidad, demostrada durante el interinato, incluyendo el manejo corrupto de los bienes públicos que se les confiaron. Sin embargo, queda esperanza e ilusión en manos y caminos de quienes se han negado valerosos a la componenda colaboradora, al pacto encubridor, al compromiso cómplice, y a la cohabitación alcahueta. Y ante lo acontecido, a pesar de ser escogidos por perjuros e ingratos, habrá que otorgar el beneficio de la duda, a los comisionados de ejecutar la primaria sean honestos, dignos, virtuosos a carta cabal, sin sucumbir al mandato infame de sus proponentes. Ya no pueden evitar el contraste. El país gira hacia la diferencia, a la ciudadanía plena, libre, democrática, liberal, moderna, con ideas y voluntad, sin la carga de zancadillas y patadas históricas.

Los traidores hicieron esfuerzos para que se disolviese, no ha sido obra exclusiva del atrevimiento castro madurista y el fastidio de gobiernos extranjeros. El G4/G3 y sus cúpulas percibieron que se quedaban fuera del juego, que el interino ya no es de ellos. No hay candidato servicial al sistema, que supere el arrojo valiente de quienes coherentes mantienen posición, no negocian principios ni valores, manifiestan verdades y rinden cuenta.

Los que ahora traicionan al interinato, son los mismos que vendieron la Consulta del 16J, entregaron al Tribunal Supremo en el exilio, en los que él, con ingenuidad criminal y pasión estulta, confió, fortalecer el decoro y proteger la dignidad democrática. Sin embrago, prefirieron sustraer en beneficio propio lo ajeno que les fue confiado. Comportamiento equivalente de quienes dicen adversar. El honor entre ladrones es el sentimiento de que incluso los delincuentes tienen un código de conducta entre ellos. Algunos aspectos pueden ser no robarse unos a otros o no testificar contra un compañero criminal. ¿Cómo apoyar a quien se dejó engañar por quienes pensaba gobernar? ¿Podemos confiar en su criterio? Aun con bemoles y justificaciones, la traición es incalificable, la ingratitud inaceptable, el olvido indigno y el abandono innoble. Si tienen algo de respeto, vergüenza y consideración con la ciudadanía, deberían renunciar, hacer acto de penitencia y reflexionar para de nuevo conquistar el aprecio y respeto de la sociedad.

@ArmandoMartini

¿Es Andrés Manuel López Obrador un importante miembro del Foro de Sao Paulo y Daniel Ortega representante de la derecha? ¿Nayib Bukele un salvadoreño de extrema derecha y Gabriel Boric un muchachón audaz del Grupo de Puebla? ¿Gustavo Petro un educado populista, Pedro Castillo un inútil e incompetente y Alberto Fernández un tímido aprovechador de circunstancias?

Quizás resida allí el germen del drama latinoamericano, en que parecemos que somos, pero no somos nada definido en realidad. Hablamos de comunismo y socialismo, de socialdemocracia y socialcristianismo más o menos como el comportamiento grosero lo hace de gobiernos y oposiciones, o el fanático del beisbol que en su vida ha ido a un juego de fútbol y platica con autoridad que le gusta más el Real Madrid que Boca, o arbitrario realiza mordaces comentarios sobre la conducta en el campo de los serbios en comparación con los peruanos.

Llevamos ya una larguísima lista de gobernantes y partidos políticos que han afirmado defender ideologías, a veces difíciles de entender por su anfibología y mezcolanza de varias, además de su promiscuidad, porque en realidad, protegen o buscan el poder por sí mismo, su praxis descarnada y no sueños desperdigados a diestra y siniestra. ¿Cómo pueden ser miembros en Venezuela de la Internacional Socialista partidos tan disímiles como Acción Democrática y Voluntad Popular?, ¿qué tienen que ver esos partidos y sus dirigentes con el socialismo del norte europeo, por ejemplo?

El presidente salvadoreño está haciendo lo que en otros países de la región se califica como violación de los derechos humanos, a cuenta de resolver por la fuerza el grave problema de la expansión nacional de la delincuencia con toda su violencia. En Colombia, en cambio, el primer mandatario alega su cultura y buen conversar para disimular su castrismo proponiendo el perdón a quienes, como él, fueron guerrilleros artífices de terrorismo, intimidación, muerte y terror que medio siglo después permanece en ese país.

Por un tiempo, algunos copeyanos pudieron ser reconocidos como voceros del pensamiento social obrerista de la Iglesia Católica, eran en política defendiendo valores del ser humano expresados en democracia. Después, en un desarrollo, dejaron de serlo y se convirtieron en otra cara del socialismo europeo, en socialcristianos, que en Alemania, a diferencia de Italia, simplemente eran los que no querían ser comunistas ni catolicistas, manoseaban con miedo la izquierda moderada como principio, ejecutado en democracia y con respeto de los derechos humanos.

Pero las cosas van de mal en peor, ya ni siquiera quedan banderas ideológicas para levantar; más importantes en Colombia han sido los planteamientos verdaderos o mentirosos de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, Iván Duque y ahora Gustavo Petro.

Se pregunta si Luiz Inacio “Lula” da Silva, formado en el ambiente político de izquierda caduca, con empeño y disciplina del sindicalismo, querrá llevar ahora a su país, dividido entre la dureza de Jair Bolsonaro y la indisciplina de Lula, a lo que pueda ponerlo a él, ya a los 80 años, al frente de la izquierda más o menos democrática de Suramérica, recordando que Brasil es poderoso por lo que han producido sus emprendedores y no el sindicalismo; tiene problemas por lo que esos gobiernos, y sus promesas abandonadas, han causado corrupción, pobreza, delincuencia y abandono.

Es el drama venezolano, pasó de la furia libertadora de Simón Bolívar a los militares que se sentían con derecho a ser recompensados por sus esfuerzos en la guerra más feroz de América, a civiles incapaces de controlar castrenses, a la disciplina sangrienta del benemérito, a los altibajos de dictaduras desarrollistas, democracias anticomunistas, otras acomodaticias y mandos militares, corruptas e incompetentes con alardes de revolución.

Con el detalle de que todas, buenas, malas, civiles, militares, demócratas, autoritarios, reflexivos, caudillos, han prometido lo mismo a los venezolanos: somos un país rico que debe por ello mantener en el bienestar a sus ciudadanos, cuando lo que debe, es proporcionarle educación, salud, herramientas y oportunidades para que creen su propia riqueza, dicha y ventura.

@ArmandoMartini

Salvo pataleos casuales y rechiflas esporádicas, las aguas del Lago de Maracaibo suelen ser, serenas, apacibles, eso sí, con mucha brisa y suficiente hálito. Sin embargo, hay veces en las cuales, irritaciones y furias del Catatumbo parecen desatarse entre recios murmullos de traición, serpentinos silbidos de adulación y sinuosa conveniencia, cuando aparecen zulianos que tienen la fortaleza de dejar a un lado la perseverancia y honestidad que proclaman con sinfonía y ritmo contagioso, las maravillosas e inigualables gaitas; practicando con descaro e hipocresía, una especie de talasoterapia lacustre no salubre, pero con mucho componente exótico.

Como dudar, por un instante la importancia política, social, venezolana y electoral del territorio atiborrado de riquezas, petróleo, ganadería, plátanos, frutas, producción de carne y leche, tanto como no es fácil encontrar traición, alabanza servil, jalabolismo y oportunismo en un zuliano. Pero nada ni nadie es perfecto, los pecados se cometen en las mejores familias, hasta en las que se han beneficiado con prebendas que se creyeron merecidas y resultaron ser sólo desembolsos nauseabundos a la doblez, fingimiento y gollete sumiso.

Desde la Goajira hasta las plantaciones que ya el chavismo arruinó con el pretexto embaucador de que los rusos las cuidarían mejor que los zulianos, desde la ribera oeste hasta el sector oriental, en los muelles, tuberías petroleras que el régimen deja podrirse bajo las aguas y en las ciudades, son como los conocemos y apreciamos; alegres, leales, afables, trabajadores, siempre con una mueca, una sonrisa y un chiste caluroso bajo el sol, durante los apagones perversos de una revolución, que odia a la tierra de La Chinita y abriéndose cuando cruzan el puente para regresar al hogar, terruño generoso que un poeta señaló, era y sigue siendo amada por el sol.

Pero en todas partes se cuecen habas, nos recuerda el refrán, y bajo el manto espléndido de la Virgen de la Chiquinquirá, a veces aparece un furúnculo, un flemón, que unos tiempos alaba a la socialdemocracia, al día siguiente se convierte en seguidor de un rebelde, cobra beneficios porque los perjuros y renegados siempre recaudan, aunque expertos pero ingenuos en el trato a los hipócritas, reclamen después que les dieron Monómeros con dinero y posiciones para cobrar a pacer, gusto y sin control, que engañaron a medio país con su estilo populachero y querendón para luego entregarse con morral, enseres, cabeza doblada y sonrisa elástica, a quien los derrotó.

Nunca falta alguien así, que se estremece de emoción cuando lo visita el poder, y ejercita su capacidad de poner en acción caras variadas según quien le hable, cuándo y dónde. En el Zulia, tierra de gente buena y siempre con la fisonomía limpia, ya han engañado sujetos así que se aprovechan y valen de la bondad ciudadana, gente de trabajo y mano extendida para timarlos y hacerles creer, defienden sus intereses en vez de los propios.

Cruzó el Lago el conductor de torpezas e ignorancias, sometido a Moscú, Teherán, La Habana y el enano moral se puso a brincar talanqueras con el entusiasmo de la hipocresía, con la fuerza del entrenado en saltarlas, y el bolsillo siempre hambriento de sinecura y recompensa. Allá se encontraron el jefe entregado a erudiciones extranjeras y el retorcido con alma de excepción, recibió instrucciones y salió a dar cara lavada a los zulianos que se dejaron seducir por él.

El que exclamó al mundo con seguridades, el interinato era la gran salida, el futuro de una nación oprimida y abusada; para al poco tiempo, asegurar, lo que cuenta es el régimen, que declara el CNE es más puro que una virgen vestida de blanco, confiando en que más ingenuos e incautos voten por él, cuando sería candidato de la minoría opositora que actúa ilegitima como mayoría, para entregarle el poder al régimen violador de los Derechos humanos y con recompensa por su captura en bandeja de plata, manos levantadas y cabeza mirando hacia abajo, esperando su gratificación.

Mal va el país, y peor el régimen, si van a confiar en esta clase de guabinas morales y políticas, de gastronomía original del patacón, chivo y mojito en coco, del icaco y huevos chimbos, plátano lacustre, mandoca, dulce de limonsón y paledonia; que continúa sin agua ni electricidad, y sin opciones. Es una verdadera lástima.

@ArmandoMartini

Por Armando Martini Pietri

Hagamos un ejercicio en el que perdemos el juicio, olvidamos burlas, traiciones, apostasías, y participamos en la primaria propuesta por la quebradiza “oposición” y el siempre fracasado G4, para escoger un candidato a la presidencia, sin legitimar previamente a la Dirección Política Opositora. La jornada no será la deseable, la harán a su conveniencia, leal, saber y entender; con la intervención y asesoría del Consejo Nacional Electoral y la ausencia de los ciudadanos que han huido a otras latitudes. 

¿Aparecerá en la primaria partidista, un candidato fuerte, creíble, legítimamente opositor, que no negocie principios, rinda cuenta, diga la verdad y tenga posibilidades? ¿Serán impuestos los encubridores que reflejan la patética realidad de una oposición entregada, fragmentada? ¿O, saldrán beneficiados los cohabitadores temerosos, para denunciar las conclusiones del Informe de la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU y levantar la voz, sobre los crímenes de Lesa Humanidad ventilados ante la Corte Penal Internacional?

La primaria, es lo que es, con las condiciones impuestas por el G4. Hay aspirantes nacidos y formados en el interior que se presentan como caraqueños de siempre. Los casi desaparecidos socialcristianos y la integración de alcaldes, que, con timidez, hacen oposición. El ridículo de las dos Acción Democrática. Lo pusilánime de gobernadores complacientes. El interinato, que busca desesperado a quién representar, en su ocaso a punto de fenecer. El eterno pretendiente y los creídos ególatras de siempre. Y no sigamos en esta retahíla porque el miserable consenso, está en vigencia, y por eso, lo insensato e irracional de la simulación electiva.

Una oposición en pedazos, con dirigentes señalados de corrupción, la misma de la cual se acusa al castro-chavismo. Una oposición que, en realidad no representa a la ciudadanía, solo defienden sus bastardos intereses. Tan mala y torpe, que el gobierno estadounidense, ya no les confía la interlocución y decide hacer reuniones, cesiones, concesiones directamente con el régimen madurista, a quien no reconoce. 

Y, la excepción. María Corina Machado. Quien tuvo la sinceridad poco habitual en las damas, de confesar su verdadera edad. Incansable y dura crítica de los dislates nacionales, que mantiene actitud valiente y coherente; no negocia ni traiciona principios, respeta y honra la palabra empeñada. Plantea soluciones en su propuesta: Tierra de Gracia. Defiende la verdad, como factor de lucha, y sin miedo, denuncia la humillación ciudadana, y el trato de enemigo interno que da el socialismo-chavismo, que, durante años, con apoyo de fuerzas extranjeras, confiscó bienes, escamoteó territorio y ahorros, robando el futuro, la tranquilidad y esperanza. 

Hace un esfuerzo enorme, para que la ciudadanía abra los ojos, convencida que, al hacerlo, verán la realidad, de lo que significa la ignominia castrista. La verdad es como el agua, se cuela y aparece; sólo es cuestión de tiempo. Práctica la comunicación veraz, responsable, sincera, abierta, sin ambigüedades ni guabineo. Entiende la diplomacia, como útil en tiempos democráticos, e insiste, en el diálogo franco, auténtico, de resultados concretos y resultas precisas para la restauración de la libertad y democracia. 

Pero, el tiempo conspira contra Venezuela. Instante que pasa, empeoran los servicios públicos, la calidad de vida se perjudica y el salario se deteriora. Cada día, se aventuran más ciudadanos en busca de un refugio lejano a la patria que los vio nacer. En horas, ciudadanos son asesinados, torturados. Cuanto antes, restauremos la democracia, más vidas se habrán salvado y menos madres, llorarán la pérdida de un hijo. Triste situación inédita en el mundo.

Se asegura, que el castro-madurismo está dividido en co-gobiernos. Una cosa piensa el ejecutivo y sus compinches, otra el PSUV y quienes siguen creyendo en él, además se están formando otros grupos; los que giran alrededor del que padece alteración del lenguaje, y habla hasta por los codos. Síntoma de trastorno neurológico, psiquiátrico propio de egocéntricos. Señal de fase maniaca del trastorno bipolar, en fases de ansiedad, agitación, psicosis orgánicas y exhibicionismo. Sin detallar los que se denominan “chavismo originario”, que plantean regresar a fórmulas de quien inició este desastre, el muerto para siempre. Y los comunistas, sinvergüenzas, que están de acuerdo en estar en desacuerdo con todo.

¿Porque sucede? Durante años, nosotros, países e instituciones, se hicieron los locos, miraron a otro lado, ante el avance del chavismo. El peligro del castrismo venezolano, no es sólo un problema interno, son muchos los que costean las consecuencias de la mentira y el disimulo. El régimen puede y tiene la posibilidad de concluir el drama, que vive y padece la familia venezolana, dando la oportunidad a otros, para que implementen correctivos y devuelvan la grandeza a la Venezuela, que todos merecemos. 

¡La libertad guiando al pueblo! 

@ArmandoMartini

No hay que ser experto ni versado en economía, geopolítica, información o análisis para darse cuenta del estado mortuorio, lúgubre y sombrío del continente americano. Bastan breves vistazos, y sin comparaciones con la Unión Europea, parte de África y mucho menos de Asia. Latinoamérica está en decadencia, perdió esplendor, está en proceso de disminución y deterioro de la plenitud. Sin embargo, testaruda persevera eligiendo entre simuladores, payasos, comediantes y vulgares tiranos proponiendo democracias de medio pelo.

En lo político, Costa Rica es un oasis de ciudadanía, una excepción que confirma la regla, que, sin el concurso y apoyo ciudadano, nada hubiese logrado. Nación en un continente rebosante de volcanes y pésimos gobiernos, pueblos y sistemas que no sólo no han copiado el ejemplo tico, sino que han derivado hacia tiranías brutales de izquierda, como la de Nicaragua con los Ortega. La derecha salvadoreña de Bukele tiene que cuidarse, en medio de la delincuencia y narcotráfico. Más dinero o malhechores presos no significa automáticamente imperio de la justicia. Si no lo creen, pregunten a Venezuela.

En Colombia, un país de belleza ensangrentada, elige entre la indiferencia y un exguerrillero de mucho prometer que no termina por decidirse entre el castro-madurismo y la tradición colombiana. En Ecuador, la gente no se define entre populismos y gerencia empresarial. En Perú, una oligarquía solapada y firme no deja gobernar al izquierdista que eligieron irresponsables, pero tampoco lo apartan. Los chilenos disfrutaron años de libertad y democracia, más o menos exitosos en lo económico, pero se decantaron por un estudiante de escasa capacidad política, que dejó de ser original cuando por mandato popular le impidieron una nueva Constitución, que pocos parecían querer, tras haber sido exigida por muchos. En Argentina, eligieron a un presidente sin voluntad, por deseo de una dirigente a la cual le demuestran delitos y corrupciones como nunca en la historia, conduciendo a la desazón e inmoralidad. En Uruguay, la democracia se consolida y Paraguay tiene en su frontera la corrupción, pero liderará la petición para investigar crímenes ejecutados en Venezuela.

La esperanza brasileña duda entre lo presumido con obras y el maligno Foro de Sao Paulo que abundó en corrupción y comunismo propagandista, cobijando la podredumbre empresarial con amparo gubernamental. Demostrando cuando la justicia no funciona y su parcialización se nota a leguas. Ejemplo asqueroso el de Odebrecht, que involucra gobiernos delincuentes y ladrones de relevancia. ¿Cómo puede haber justicia ecuánime, imparcial e integridad igualitaria, si la selectividad impera, solo unos son investigados y otros no? Y no es defender o atacar; se trata de justicia pura y dura. Declaraciones, investigaciones y publicaciones señalaron irregularidades, la mayoría confirmadas, otras en proceso de serlo. Sin embargo, el caso está viciado y lejos de llegarse a la verdad, dejará enormes dudas. La corrupción es real, lo triste, no todos quienes recibieron gratificaciones están en el banquillo de los acusados. Justicia parcial no es justicia y eso es producto de la complicidad.

Entretanto, We The People, pierde aliento. Guyana se hará poderosa y acaudalada si abrazan a las grandes petroleras y no inventan nacionalismos limitantes ni estupideces cubanas. Mientras México se arma de paciencia y los mexicanos hacen esfuerzos, se aferran al astuto -no sabio- y aguantan.

Venezuela no puede ir más para atrás. Una muestra, el informe que presentó ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la República de Venezuela. El primero se publicó en septiembre 2020, y dictaminó crímenes de lesa humanidad por las protestas. El segundo, se conoció en 2021, concluyendo que el sistema de justicia; era una herramienta para la impunidad y persecución. El publicado el 20 de septiembre 2022 informa sobre crímenes de lesa humanidad cometidos por órganos de inteligencia del Estado y violaciones a los derechos humanos. Señalando motivos razonables para creer que la República Bolivariana de Venezuela y algunos funcionarios detentan responsabilidad. A pesar de todo, hay quienes pretenden factibles pactos de cohabitación, y convencidos, lo hacen creer a la comunidad internacional. La realidad, es que están condenando a Venezuela, como Estado, a su desaparición.

El castro-madurismo se burla, hace caso omiso, y continúa acompañado de rastreros serviles, que vendieron su alma al diablo por fortuna y prerrogativas. La ciudadanía debe reflexionar, sacar empeño y conseguir voluntad, para desmontar la estructura que, sistemática e intencional, con premeditación y alevosía, arruina a Venezuela y su futuro.

@ArmandoMartini

Por Armando Martini Pietri

Los ciudadanos fuera del país tienen derecho a votar. Un Estado democrático, serio y responsable debe garantizarlo. Sin embargo, la falta de vergüenza y la pícara desfachatez entorpece a conveniencia el camino y lo atiborra de obstáculos. De acuerdo con la Constitución tienen la facultad del ser humano para legítimamente sufragar como cualquier otro radicado en la nación. El venezolano en el exterior debe ser respetado en cualquier consulta esté donde esté; tiene consagrado la potestad del voto, que debe reclamar con raigambre, firmeza y valor para elegir a la nueva dirección política de oposición, primer paso del cambio político, económico y social. Unos primeros, otros después. 

El Poder Electoral, está obligado representar a todos y un rector igualmente. Así está escrito en la Ley, que pocos acatan y escasos cumplen. El vicepresidente del Consejo Nacional Electoral, escogido en una negociación agazapada, lúgubre, turbia, pero de interés para infiltrados cohabitadores y alcahuetes, hizo presumir simbolizaba un freno al abuso y arbitrariedad del castro-madurismo. Su neutralidad, suponía proteger, defender al ciudadano de las violaciones y despropósitos habituales oficialistas. Sin embargo, no resultó así en la práctica. Fue una farsa, una estafa, un vil, bajo y despreciable engaño.

Los compatriotas forzados a emigrar, son el segundo más elevado del mundo. El comisionado de la ONU para refugiados, contabiliza cerca de siete millones; que el perjuro funcionario electoral pretende olvidar, dejándolos huérfanos, sin representación, y, que, además, con desvergüenza rechaza. Atroz e inhumano que un integrante directivo del CNE, acepte, justifique sin ruborizarse ni recato llanamente e incluso con argumentos propios que alrededor de una sexta parte de la población, por el sólo hecho de buscar mejor vida en otras latitudes, pierde sus derechos. Que, al no encontrarlos, advierte que un estulto mequetrefe los substrajo, los robó, saqueándole incivil su venezolanidad, sin saber por qué, es ultrajado y humillado con despiadada matraca. 

Cuando toma posición -el rector- respecto a los venezolanos en el exterior “no podrían votar en las elecciones presidenciales 2024”, traiciona a millones, argumenta contrariedades diplomáticas del castro-madurismo -dificultades causadas por Chávez antes y el heredero desde la muerte del anterior a quien vio volar como pajarito-, cuestiones que nada tienen que ver con deberes y derechos de los ciudadanos de esta República bolivariana en la cual Simón Bolívar de estar vivo hubiera hecho fusilar a más de uno.

Podría entenderse la advertencia sobre dificultades para depositar y recoger los votos por rupturas diplomáticas, y como “demócrata” por ahí debería comenzar. No se diga “de oposición” nunca lo fue ni ahora se convirtió, y si lo fue -tibio y opaco- dejó de serlo; salto la talanquera henchido de emoción al ser condicionado miembro del CNE. No obstante, como parte de un poder debería representar, defender los intereses de la ciudadanía, donde estén, posean el nivel socioeconómico y la posición política que deseen.

Son inmensas las probabilidades que los refugiados, la diáspora, exiliados, emigrantes repudien avasallantes, cualquier aspiración o intento continuista del PSUV y G4 por igual. ¿Coincidencia? ni de vaina, connivencia cómplice. Y, a eso precisamente, le tienen culillo quienes ramplones entorpecen y problematizan. Ante la realidad, no hay que ser perspicaz para prefigurar que la sociedad de la infame dupla haga valer su control, para sabotear el voto interno y más allá de nuestras fronteras. Ambos quieren permanecer y compartir por siempre. Es buen negocio. Desconocer so pretexto del estatus migratorio, es violatorio al Derecho Humano y a la Convención Internacional sobre el Estatuto de los Refugiados. 

Se observa desgano, apatía y reproches, aún no se aclara el panorama y la desconfianza persiste, demasiado ha sido el engaño. El ciudadano espera que la sandez tenga límites y haya llegado a su final. Para iniciar un periodo de entusiasmo ecuánime, motivación justa, imparcial y transparente para legitimar la conducción política opositora que se convertirá en plebiscito de las erráticas políticas opositoras del G4, que muy caro hemos y estamos pagando. Fortalecer la democracia es obligación ciudadana para lograr el cambio político anhelado.

El rector que con premeditación y alevosía no lo está haciendo, queda inhabilitado por pusilánime, sin valor ni espíritu para afrontar o es traidor a sus conciudadanos. Y los está traicionando, además, distorsionando la Constitución, que redactaron quienes ahora él acepta en cuclillas, de rodillas, obediente y sumiso como amos. Si algo de dignidad queda debería dimitir, pero desconoce la emoción del valor propio; desecha la pasión en su actuación de ser libre y respetado, sobre todo por sí mismo, lo que brinda el poder de autonomía.

@ArmandoMartini

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