Morfema Press

Es lo que es

Carlos Blanco

Vía LaPatilla

En medio de una de las semanas más convulsas y decisivas para la historia reciente de Venezuela, Carlos Blanco ofreció un análisis profundo sobre el momento que atraviesa el país, el estado real del chavismo, la situación de las Fuerzas Armadas, el rol de Estados Unidos y las perspectivas de una transición democrática liderada por María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González Urrutia.

Blanco sostiene que lo ocurrido desde el 3 de enero marca algo más que un cambio coyuntural: representa el colapso definitivo de un proyecto político que ya no tiene capacidad de sostenerse ni material ni moralmente. “Estamos en presencia no solo de una derrota, sino de una humillación histórica y de la liquidación de un proyecto que ya no puede reivindicar ninguna bandera”, afirmó.

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la fragilidad del actual esquema de poder en Venezuela. Para Blanco, la figura que hoy encabeza el Ejecutivo carece de respaldo real, especialmente del componente militar. “Esta señora que está encargada de la presidencia no tiene ningún respaldo militar. Y no lo tiene porque esa fuerza, como institución, ya no existe”, sentenció.

Según el analista, lo ocurrido la noche del 3 de enero fue revelador: no hubo despliegue, no hubo reacción, no hubo defensa del poder que se decía ostentar. “Ni un solo triquitraqui pudieron disparar. No defendieron a quien se atribuía la condición de comandante en jefe”, subrayó.

Blanco explica que esta ausencia de respaldo no es circunstancial, sino el resultado de años de destrucción institucional. Bajo Hugo Chávez —y luego profundizado con Nicolás Maduro— la Fuerza Armada fue utilizada como instrumento de represión y corrupción, erosionando sus principios fundamentales: jerarquía, obediencia, cohesión y honor militar.

Para el asesor político, la Fuerza Armada venezolana dejó de ser una institución funcional mucho antes de los eventos recientes. “Ya estaba profundamente descompuesta. Se veían capitanes dándole órdenes a generales, una cadena de mando rota y un descontento masivo dentro de los propios cuadros”, explicó.

Lo ocurrido en enero solo confirmó esa realidad: una estructura anulada, incapaz de actuar como cuerpo cohesionado. “Hoy los generales se visten de civil porque no pueden presentarse como militares ante una sociedad que los repudia”, añadió.

Blanco considera inevitable que, más temprano que tarde, los militares deban plegarse a un proceso de cambio democrático, pero advierte que la reconstrucción institucional será compleja y profunda. Esta deberá basarse en nuevos valores, una doctrina moderna y una reintegración con fuerzas armadas democráticas del hemisferio.

Estados Unidos y el dilema del poder provisional

Otro eje clave del análisis fue el rol de Estados Unidos y la nueva doctrina de seguridad hemisférica planteada desde Washington. Blanco destacó la importancia del reciente hearing del secretario de Estado, subrayando el énfasis reiterado en la palabra “transición”.

A su juicio, Estados Unidos ha colocado a la actual cúpula gobernante en un dilema sin salida: obedecer plenamente las instrucciones externas o enfrentarse a un aislamiento total. “No pueden hacerlo a medias. Si obedecen, se desconectan de lo que queda de su base política. Si no obedecen, el desafío no será tolerado”, explicó.

Esta situación, según Blanco, hace que el actual esquema de poder sea necesariamente breve y provisional. “Ese interinato va a ser mucho más corto de lo que muchos imaginan”, afirmó.

Presos políticos: una prioridad ética y democrática

El asesor fue enfático al referirse a la situación de los presos políticos, a los que calificó como una evidencia directa del carácter criminal del régimen. “No están presos por cometer delitos, están presos por pensar distinto, por protestar, por mostrar actas, por solidarizarse”, dijo.

Blanco enumeró los organismos involucrados en la represión —DGCIM, SEBIN, CICPC, CONAS, colectivos armados y unidades militares— y sostuvo que la liberación plena de los presos políticos es un objetivo central e irrenunciable del movimiento democrático, tanto por razones humanitarias como por justicia histórica.

María Corina Machado y la siembra del futuro

Sobre María Corina Machado, Blanco fue categórico: la describió como una líder incansable, dedicada a abrir los canales del futuro de Venezuela. Detalló su intensa agenda internacional, que incluye reuniones con el presidente y el secretario de Estado de Estados Unidos, senadores de ambos partidos, representantes, think tanks y actores clave del ámbito político y económico.

“El trabajo que está haciendo no es solo de siembra, sino de siembra y cosecha. Está generando convicción internacional de que ella y Edmundo González Urrutia son factores esenciales para la reconstrucción del país”, aseguró.

Para Blanco, sin ese liderazgo no hay transición posible.

¿Elecciones? Sí, pero con condiciones reales

Consultado sobre la posibilidad de elecciones en el corto plazo, Blanco fue prudente. Reconoció que los comicios deberán realizarse, pero solo cuando existan condiciones reales: un CNE confiable, un registro electoral depurado, mecanismos de votación transparentes y la inclusión de la diáspora, excluida en procesos anteriores.

“No podemos olvidar que ya tenemos un presidente electo, con votos contados y probados”, recordó, insistiendo en que cualquier salida debe construirse a partir de esa realidad política.

Al cierre de la entrevista, Blanco rechazó el dilema simplista entre optimismo y pesimismo. Prefiere, dijo, concentrarse en lo que efectivamente puede construirse: una transición basada en la fuerza popular organizada, la unidad democrática y el respaldo internacional.

“Estamos en un momento de cambio. Las olas vuelven a subir y podemos volver a navegar”, concluyó.

Por Boris Muñoz en El País

El asesor de María Corina Machado y exministro exiliado en Boston cree que el país podría convertirse tras una transición “en la locomotora económica y en un faro democrático para América Latina”

Han pasado tres meses desde el despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe y la crisis con Venezuela sigue sin resolverse. Mientras María Corina Machado participa en foros económicos internacionales promoviendo el potencial de inversión del país, Donald Trump —su principal aliado— mantiene una postura ambigua sobre los próximos pasos. En paralelo, más de 600.000 venezolanos en Estados Unidos han perdido el amparo del Estatuto de Protección Temporal (TPS) y han quedado expuestos a la deportación. Maduro enfrenta la mayor crisis de su mandato, pero cada día que pasa es un día más en el poder, aunque la llegada del portaviones USS Gerald Ford a aguas caribeñas y el lanzamiento de la Operación Lanza del Sur, pareciera señalar un jaque a punto de consumarse.

Desde Boston, Carlos Blanco (Caracas, 78 años) observa el escenario con calma y sin precipitar conclusiones. Durante años ha sido uno de los principales asesores de Machado, aunque su historia política comenzó mucho antes: en los ochenta asumió la tarea de reformar el Estado venezolano para liberarlo del personalismo, la concentración de poder y la corrupción heredados del rentismo petrolero. Como ministro para la Reforma del Estado en el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez, alcanzó gran protagonismo. Su proyecto apenas comenzaba a dar frutos cuando Hugo Chávez irrumpió con un golpe militar que lo catapultó a la presidencia seis años despúes. Pese a su retórica redentora y revolucionaria, Chávez no erradicó los males del país: los multiplicó. Y su sucesor, Nicolás Maduro, profundizó el abismo.

Todo esto importa porque, si finalmente se produce una transición en Venezuela, hará falta mucha experiencia para evitar que derive en un nuevo autoritarismo o en más caos. Blanco lleva casi dos décadas fuera del país, pero no se ha perdido un solo minuto de su historia reciente. Es uno de los estrategas e interlocutores más cercanos a Machado y podría convertirse en una pieza clave en la ardua tarea de reconstruir un país devastado por un cuarto de siglo de chavismo.

Pregunta. El cambio del que se habla en Venezuela es muy concretamente un cambio de régimen. ¿Qué le diría a los venezolanos que tienen la expectativa de ese cambio?

Respuesta. Hoy existe una nueva ola favorable al cambio en Venezuela. Aunque en los últimos 25 años ha habido varios intentos de cambio, nunca se logró una transición real. Ahora, hay cuatro factores que lo hacen más factible: las elecciones primarias en 2023 y las presidenciales de 2024 fortalecieron la confianza internacional y nacional en el liderazgo opositor. Ha surgido una organización popular que sigue activa, pese a tener que pasar a la clandestinidad por la represión tras el robo de las elecciones del 28 de julio. El respaldo internacional, liderado hoy por Estados Unidos, se ha intensificado. Este apoyo comenzó con Clinton mucho antes de Trump. Se mantuvo en todos los gobiernos sucesivos. Hoy es más firme que nunca y ha adquirido fuerza por la operación militar que libra Estados Unidos en el Caribe contra el Cartel de los Soles. El cuarto elemento es la fractura interna del régimen: hay divisiones significativas tanto en la esfera política —los antiguos aliados del chavismo como el Partido Comunista— como en las fuerzas armadas y policiales, aunque la represión de la Dirección General de Inteligencia Militar (Dgcim) ha logrado contenerlas. Los principales apoyos del régimen son la estructura policial y militar, junto a algunos colectivos armados. No son millones de milicianos como se afirma, sino apenas unos pocos miles. Pueden generar terror, pero no sostener el poder. La suma de estos factores impulsa el cambio político en Venezuela.

P. Hay dos escenarios principales de lo que podría pasar en una transición. Uno es que un Gobierno opositor iría tras el chavismo y sus facilitadores para hacer un gran ajuste de cuentas y desmontar su andamiaje corrupto. El otro es que Venezuela se arreglará mágicamente y que volveremos a ser a la comunidad imaginada idílica de antes del chavismo.

R. Está muy bien el tema porque no es cierto que nosotros creamos conveniente la hegemonía de un sector, aunque sea mayoritario. Creemos que debe haber diversidad. El liderazgo de María Corina y Edmundo [González] funciona con la mayoría de los partidos políticos del país, los que están integrados en la Plataforma Unitaria, y otros sectores de la sociedad venezolana como la Iglesia, el empresariado, el movimiento sindical y grupos del chavismo con los cuales tenemos relación.

P. Hay venezolanos que temen a una María Corina Machado todopoderosa. Ella ha anunciado que Venezuela se abrirá agresivamente a inversiones extranjeras en todos los sectores de la economía. Es lógico preguntarse en qué escenarios políticos se manejará esa apertura, si no es dentro de una unidad vertical ¿Qué le diría a los que temen la llegada de un nuevo autoritarismo de distinto signo?

R. El primer objetivo es recuperar la libertad. Tras un régimen autoritario, la democracia no surge de inmediato; se construye progresivamente. Para lograrla, se requieren elecciones auténticas y la creación de instituciones sólidas, empezando por un Consejo Nacional Electoral creíble. Este organismo es esencial para renovar la Asamblea Nacional y permitir futuros procesos electorales transparentes. En definitiva, la democracia es un proceso ordenado que busca restablecer la libertad y la estabilidad.

P. ¿Por dónde empieza el orden?

R. El primer paso es controlar el territorio y evitar que las instituciones públicas sigan asaltadas bajo control ilegítimo. Es fundamental renovar las policías, reestructurar la Fuerza Armada y empezar a construir un sistema judicial confiable. Esto demanda autoridad fuerte, basada en la Constitución y las leyes, nunca en la arbitrariedad autoritaria. Autoridad y derechos son compatibles.

P. ¿Cómo lo harán?

R. En las elecciones de 2024, empleados públicos, policías y militares votaron en una proporción estimada de 70/30 a favor de Edmundo González igual que el resto de la población. Esto muestra la disposición de muchos funcionarios a proteger las instituciones y a facilitar una transición menos traumática para el país. Aunque existen dudas sobre el futuro y sobre María Corina, prevalece la percepción de que el cambio es necesario. La expectativa y la ansiedad por ser un país diferente ya forman parte del día a día; el cambio ha calado en el tuétano de la sociedad.

P. Mucha gente no quiere ilusionarse con un cambio y prefiere una postura de espera pasiva antes que de esperanza activa.

R. Es natural el escepticismo, alimentado por fracasos anteriores, pero es un escepticismo sano: ahora la ciudadanía confía menos en promesas y se apoya más en hechos observables. A pesar de la represión, la resistencia es persistente y cuenta con un apoyo internacional importante, principalmente de Estados Unidos. El proceso busca la libertad y necesita de una autoridad legítima en la transición. La amplitud política debe facilitar la salida del régimen y la vuelta a la democracia. Pese a que factores internos y externos, como la dirigencia política, los aliados internacionales y hechos globales (por ejemplo, el papel impresionante de China), inciden en la situación venezolana, hoy las condiciones para el cambio son favorables.

P. Machado y sus voceros han hablado de planes de transición para las primeras 100 horas y los primeros 100 días. ¿En qué consisten concretamente?

R. En las primeras 100 horas de transición, es clave controlar el territorio mediante participación ciudadana con el respaldo mayoritario de la Fuerza Armada y las policías. Garantizar la alimentación será prioritario; ya existen conversaciones con organismos multilaterales y gobiernos para una operación internacional de apoyo social y de seguridad. Esta operación incluirá la vacunación inmediata de niños y el regreso a las escuelas, no solo para mejorar la nutrición infantil, sino para facilitar que las madres puedan reincorporarse a sus trabajos. Todo eso arrancará en el primer minuto, aunque algunas cosas no se materialicen de inmediato.

P. Un plan de reconstrucción y salvamento.

R. Hay que avanzar rápidamente, no solo en la estabilización económica, sino también en el crecimiento, priorizando inversiones en infraestructura, educación, salud y vivienda. Estas áreas impulsan el desarrollo y atienden necesidades sociales urgentes. Comparo la situación venezolana a la del fin de una gran guerra, como la Segunda Guerra Mundial. La gente recuperó la esperanza cuando las ciudades arrasadas empezaron a ser reconstruidas. El reto principal es devolverle a la población la posibilidad de mirar al futuro con ilusión.

P. ¿Cómo enfrentarán la criminalidad y el crimen organizado, considerando la presencia de guerrillas, mafias mineras, narcos, militares corruptos?

R. En las primeras 100 horas, se liberarán de manera inmediata y organizada a los presos políticos (hoy casi 900), evitando riesgos a su integridad por parte del régimen saliente. Es urgente avanzar en reformas institucionales, especialmente en la reestructuración de la Fuerza Armada, que debe contar con comandos respetados. Cuerpos como la DGCIM, fuertemente corrompidos y ligados al crimen, necesitan intervención, aunque en otras policías aún hay funcionarios honestos que resisten. Para enfrentar el crimen organizado, nos apoyaremos en estos miembros leales y en quienes han resistido o incluso estado presos. Todo el proceso debe seguir la Constitución y las leyes, manteniendo el orden y la paz.

P. Muchos de esos temas dependen de las decisiones de Donald Trump, cuyo compromiso con Venezuela es todavía incierto. Por otra parte, en círculos críticos, la acusación de Nicolás Maduro como líder del Cartel de los Soles y del Tren de Aragua se interpreta como un recurso político para justificar medidas más agresivas, como el despliegue de fuerzas militares estadounidenses en el Caribe y una posible intervención de cambio de régimen. ¿Cómo condiciona esto la situación?

R. Desde los comienzos del gobierno de Chávez, se estableció colaboración con las FARC para permitir el tráfico de drogas por Venezuela, con la participación activa de militares y ministros oficialistas, protegiendo estas rutas ilícitas bajo la lógica de debilitar al “imperialismo”. Esta protección facilitó el crecimiento del narcotráfico y creó una red de complicidad que involucró a gran parte de la estructura militar y policial. La Fuerza Armada se reorganizó luego en “virreinatos” regionales clave para el tráfico de drogas; de ahí se difundió el término Cartel de los Soles, que es anterior al chavismo y que describe la estrecha relación entre la jerarquía militar y el narcotráfico. Esto se intensifica bajo Maduro.

P. En cuanto al Tren de Aragua.

R. La formación de bandas armadas, colectivos y pandillas con mando territorial permitió la expansión nacional e internacional del Tren de Aragua, usado por el régimen como instrumento de terror. Existen células del Tren de Aragua en España, en Estados Unidos y varios países de América Latina, y el régimen lo ha utilizado para ordenar asesinatos como el del teniente Ronald Ojeda en Chile y la trata de mujeres migrantes venezolanas. El daño causado por esta banda ha sido parte de la vida nacional por más de una década, motivo por el cual muchos venezolanos han emigrado. Para la comunidad internacional, el Tren de Aragua puede ser algo nuevo, pero nosotros lo hemos padecido por más de una década. Muchos venezolanos salieron del país por causa de grupos como el TDA. Por todo esto, lo que existe en Venezuela no es una dictadura como lo fueron las de Pérez Jiménez, Somoza y Pinochet, sino una organización criminal que ha permeado al Estado y donde el crimen y la corrupción se han vuelto motores políticos cuyo objetivo es la expansión internacional.

P. ¿Cómo se conecta el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe con la situación venezolana?

R. El despliegue responde directamente al vínculo del régimen de Maduro con el narcotráfico y al papel central del Cartel de los Soles. En Venezuela se libra una guerra iniciada bajo Chávez y continuada por Maduro, sostenida por aliados internacionales como los cubanos, rusos, Hezbolá, las FARC y el ELN. Esta guerra no solo afecta a la disidencia política, sino que también se dirige contra las instituciones tradicionales que han sido corrompidas por el régimen.

P. ¿El Estado malandro?

R. Exactamente. Durante años los venezolanos han enfrentado esta guerra casi solos, contando apenas con apoyo diplomático, sobre todo en el periodo de Juan Guaidó. Se han impuesto sanciones internacionales contra individuos, grupos, empresas –como Pdvsa– y el régimen, y ahora Estados Unidos ha respondido militarmente en el Caribe. El costo humano ha sido enorme: desde 2014, la represión dejó 269 asesinados por protestar contra Maduro y más de 17.000 detenciones por razones políticas, según el Foro Penal Venezolano. Es una guerra con víctimas reales.

P. Sin embargo, el término “guerra” resulta problemático, pues en Venezuela no ha habido un conflicto civil armado convencional como en Siria. Más que una guerra civil, existe un enfrentamiento entre la sociedad y un régimen criminal, no solo por el narcotráfico que se le achaca como por la destrucción del futuro para millones de venezolanos mediante la represión, la corrupción y las condiciones de vida miserables.

R. Las guerras actuales incluyen operaciones psicológicas y tecnológicas, no solo combates directos. Hoy en Venezuela hay una operación de intimidación nacional e internacional que aísla políticamente al régimen. Aunque esto no garantiza una salida inmediata, el cerco internacional se hace cada vez más fuerte y los aliados reconocen la necesidad de mantener la presión. Maduro está esquinado.

P. Por otra parte, ¿cree usted que acusar a Maduro de liderar organizaciones criminales y la respuesta cautelosa de la oposición ante la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS), que deja a 600 mil venezolanos expuestos a la deportación, muestran una tendencia en la política venezolana en la que la presión internacional y el cálculo diplomático tienen más peso que la defensa de los intereses reales de los ciudadanos, dentro y fuera del país?

R. La atribución a Maduro de liderar el Cartel de los Soles sirve principalmente de herramienta política internacional, más que como resultado de una investigación judicial independiente. Al mismo tiempo, la oposición, a través de María Corina y Edmundo González, ha mantenido desde hace meses una gestión discreta y pragmática sobre el tema del TPS. Desafortunadamente, no hemos obtenido los resultados deseados. Pero eso no puede llevarnos a intentar dictar la política migratoria de Estados Unidos. No usaremos nuestra tragedia migratoria para confrontar al principal aliado internacional que tiene el movimiento democrático. Sin embargo, la oferta que han hecho Edmundo González y María Corina, y por la que sí pueden responder con absoluta propiedad, es que solo la libertad de Venezuela permitirá la verdadera protección de los casi 9 millones de migrantes venezolanos que andan por el mundo.

P. La viabilidad del movimiento de la transición está prendida con alfileres a Trump, un líder voluble y errático. Es crucial que las decisiones se tomen en semanas; de lo contrario, el impulso se diluirá. Maduro parece leer a Trump y no muestra señales de negociar pese a las presiones. ¿Qué opinas de estos factores?

R. Estados Unidos ya asumió que negociar con Maduro es inútil y frenó intentos de acercamiento, como el de Richard Grenell. Trump, más que causa, es reflejo de las condiciones actuales en Estados Unidos y el mundo: las sociedades optan por líderes disruptivos cuando buscan cambios profundos, con resultados variados, como ocurrió con Chávez. Para los venezolanos, pedir apoyo internacional es legítimo y necesario; la lucha por la libertad no puede recaer solo en una sociedad. Simón Bolívar también recurrió a potencias extranjeras cuando luchaba por la Independencia. Es un deber reclamar respaldo externo, especialmente de Estados Unidos por su peso global.

P. ¿No es eso intervencionismo?

R. La guerra es internacional desde que Hezbolá, Rusia, ELN, FARC y Cuba se involucraron en Venezuela. Nosotros contamos con el apoyo de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y distintas naciones latinoamericanas. Cada una aporta lo que puede. Costa Rica y Ecuador califican al Cartel de los Soles como organización terrorista; Estados Unidos despliega una flota militar. El propósito es obligar a Maduro a irse. Si esto no ocurre, la cosa se va a poner peor para él y el régimen.

P. Usted es considerado el mariscal de campo de María Corina Machado, pero tiene una larga trayectoria. En los años ochenta y noventa fue tecnócrata y ministro que impulsó las reformas del Estado y la modernización institucional. Tomando en cuenta todo lo conversado, ¿cuáles son los mayores desafíos para reconstruir Venezuela?

R. Soy un miembro más del equipo estratégico de María Corina. Es lo que le ocurre a quienes han vivido mucho tiempo. Mi historia, de hecho, es larga: de niño viví la experiencia inolvidable de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez y más tarde experimenté otros periodos importantes, como la lucha democrática y los procesos de reforma, algunos exitosos y otros fracasados. Hoy Venezuela necesita recuperar su democracia y crear instituciones sólidas y transparentes. El movimiento actual tiene la oportunidad de impulsar la sociedad hacia una mayor conciencia. La responsabilidad ciudadana consiste no solamente de derechos sino sobre todo de deberes, en particular entre los servidores públicos. Ojalá se pueda abordar esa tarea exitosamente.

P. Javier Corrales explicó en The New York Times que el estancamiento de la transición venezolana se debe a la resistencia de militares y grupos económicos ligados a Maduro, que temen perder sus privilegios. ¿Está de acuerdo?

R. Sí, existe una resistencia real al cambio en Venezuela. Quienes perderían privilegios y estatus —muchos con acusaciones internacionales— son los principales interesados en conservar a Maduro en el poder. Maduro utiliza mecanismos de control, recurriendo a grupos armados y a la violencia para intimidar a la población. Sin embargo, creo que persiste una voluntad profunda de cambio capaz de superar estos obstáculos. El momento exacto es incierto. Pero como ocurrió con la caída del muro de Berlín: no sabemos cuándo será, pero sabemos que ocurrirá. Aunque Estados Unidos presiona militarmente al régimen, la responsabilidad central sigue recayendo en las fuerzas internas lideradas por Edmundo González y María Corina Machado.

P. América Latina enfrenta retos similares a Venezuela: autoritarismo, corrupción, crimen organizado y fragmentación política y social. ¿Cómo ve el futuro de la región y de Venezuela?

R. América Latina suele contraponerse a Estados Unidos, pero ahora está en un momento de convergencia real, no con el Gobierno en específico como el de Trump, sino en términos de proyecto social. La región tiene ventajas como el idioma común y la ausencia de grandes conflictos religiosos y tribales; aunque existe violencia, no predominan las guerras entre países. Tras la experiencia extrema de Venezuela, la región está en proceso de reconstrucción. Venezuela, por su historia, geografía y recursos, podría convertirse en la locomotora económica y en un faro democrático para América Latina —como lo fue tras 1958, cuando solo había un puñado de democracias en un océano de dictaduras. Para mí, Latinoamérica es el futuro de la humanidad.

P. ¿Cómo ve el papel de los presidentes Gustavo Petro y Lula da Silva con respecto a Venezuela?

R. Petro se ha alineado con Maduro como parte de su estrategia internacional para enfrentarse a Estados Unidos y se aleja de Maduro cuando le conviene. Sobre Lula, padece una cobardía histórica: pudo haber sido decisivo para la recuperación democrática de Venezuela o ayudar a canalizar los diálogos, pero ni siquiera logró que le pusieran un fusible a la embajada argentina bajo su resguardo mientras nuestros compañeros estaban ahí. No envió a nadie para que visitara a los asilados. Por eso, la postura de Lula ante Venezuela no es neutral ni independiente, sino cobarde, lo cual no está a la altura de su trayectoria como líder capaz de transformar la izquierda brasileña del Partido de los Trabajadores en un movimiento popular democrático y moderno. Ahora lo está transformando en algo bastante decadente, incapaz de ejercer un liderazgo fuerte en la región y con su vecino más problemático que es Venezuela.

P. Si no sucediera nada con el despliegue naval, ¿quedaría Estados Unidos en ridículo internacionalmente? ¿Podría eso frustrar la transición y afectar el liderazgo opositor?

R. No comparto esa hipótesis. La presión de Estados Unidos ya surte efecto, al igual que los intentos de fractura interna. La operación es sobre todo política, aunque tiene un componente militar. Busca aislar internacionalmente a Maduro y enviar una señal clara a sus aliados. Su impacto es palpable, aunque no puedo especular sobre el futuro. Prefiero concentrarme en lo que está ocurriendo ahora mismo

P. Si alguna ilusión tienen los venezolanos, de dentro y de fuera, es reunirse en el país para la Navidad. Pero el reloj del cambio está en cuenta regresiva. ¿Nos comeremos los venezolanos las hallacas en Venezuela?

R. ¡Qué más quisiera yo!

1. Esa preocupación casi eléctrica de conectar con las masas es tradición en la política de todos los tiempos cada vez que hay un bajón en el ánimo ciudadano. Esa expresión no es inocente: sugiere que unos –los dirigentes políticos- deben (re)establecer el vínculo ausente o perdido con los otros –los ciudadanos de la calle- que ahora estarían mirando hacia San Mateo. Entre nosotros se recuerdan los tiempos en los que esa “conexión” existía: las jornadas de 2002, 2003 y 2004, y otras parecidas hasta la coronación del interinato en 2019.

2. Desde entonces, esa ligazón fue desvaneciéndose y ahora parece extraviada; cada cual anda por su lado, los dirigentes en busca del pueblo perdido y los de abajo en una dinámica de aborrecer a tiempo completo a aquellos que ponderaron, siguieron, quisieron y en algún sentido, adoraron. Una curiosidad particular es que los más ensalzados de ayer son los más detestados de hoy. Cada vez que asoman la nariz, pasa la cuchilla del Twitter para rebanársela.

3. Los más detestados buscan argucias para restablecer la ilusión traspapelada: se muestran solidarios con causas ajenas y simpáticas (sea el cambio climático o la condena a Rusia) para triangular un gesto de simpatía que les pegue de rebote. Pero nada. No lo logran y la furia no hace sino crecer.

4. Por el lado ciudadano las cosas no son mejores. La rabia contra el orden chavista no cesa, solo que se ha extendido en contra de otras capas inesperadas, empresariales, políticas, gremiales, profesionales y hasta de los medios de comunicación. Esta situación quiere ser embutida en el relato del régimen: la gente está cansada de la política y lo que quiere es trabajar, vivir, respirar, sin que el juego de los de arriba la perturbe más de lo que lo ha hecho.

5. Sin embargo, pareciera una visión discutible. Es cierto que hay muchos que están “mejor” hoy que el año pasado gracias a que la inflación pasó de la velocidad supersónica a la subsónica, la dolarización y su magro derrame hacia abajo, las remesas, el rebusque masivo, una economía contraída cada vez para menos participantes (una torta pequeñísima para menos comensales), la entrada y salida regulada de las divisas en el mercado, reducción del gasto público, control draconiano del crédito bancario, mejores precios del petróleo y mayor producción; medidas todas suspendidas del hilo de la casualidad y de su insostenibilidad, no de una economía basada en las instituciones, la ley, el respeto a la propiedad privada y al emprendimiento honrado. Estamos mal y vamos mal, aunque una burbuja de aire alivie la asfixia para algunos, prestándose los respiradores los unos a los otros.

6. De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (UCAB), en 2021 más de 94% de los venezolanos era pobre en términos de ingresos y más de 76% estaba en situación de pobreza extrema. ¿Alguien, más o menos serio, pensaría que tal situación es hoy sensiblemente diferente? ¿Pasar de recibir, por ejemplo, 10 dólares en un mes a recibir 13, hace a alguien no pobre? Confundir la situación de la mayoría con la de 7% con más ingresos o de 2% que flota en la abundancia y hace foros, conferencias, reuniones con esa cosa fofa que es el “optimismo sobre la situación”, es crimen de comprensión lectora.

7. En este contexto, que haya dirigentes que se planteen “conectar” con el país supone dos errores graves: el primero consiste en que la solución es un problema de enchufe, en este caso de los dirigentes con los de abajo; en segundo lugar, es suponer que los dirigentes lo son ad eternum y que la “desconexión” es un hecho circunstancial; remediable si hay cables, alicates y cinta adhesiva. No se advierte que el problema es más profundo y consiste, precisamente, en estar “afuera”, en concebirse como lo otro del movimiento social y popular, que solo tiene un problema de “enchufe”. No se advierte que un dirigente “desconectado” no es dirigente de nada ni de nadie, ya no es dirigente; que los que siguen disfrutando de la franquicia que una vez tuvieron están perdidos en el espacio sideral.

8. No se trata de restablecer el vínculo perdido sino de reconstituir una dirección política en un proceso de masas: unos volverán a ser reconocidos, otros continuarán en la península del repudio colectivo y, más allá, emergerán rostros nuevos. Este objetivo solo se puede lograr en un proceso ciudadano.

1- La inmensa mayoría quiere que Maduro y su régimen se vayan; pero los datos indican que los venezolanos están desconectados de la dirección política del país, lo cual incluye a la opositora. La conexión emocional que muchas veces hubo ya no existe; ese vínculo que va más allá de lo racional y que lleva a los seres humanos a las empresas más arriesgadas con la sola voz de los líderes, se disolvió. Ahora lo que predomina es el desagrado hacia los dirigentes y es tanto peor cuanto mayor fue la admiración en el pasado.

2- Observo las redes sociales y también las impresiones de quienes conozco: lo que antes fue fervor hacia determinados guías, ahora es hastío y amargura; tal es el costo que pagan los que no cumplen su cometido. En otras latitudes el fracaso repetido conduce a la renuncia, al apartamiento, para darle tiempo al tiempo. Entre nosotros no es la conducta que predomina. La mayoría de los dirigentes actúa como si los fracasos fuesen responsabilidad de otros y nunca se sienten obligados a dar cuenta. Es natural que un jefe político se equivoque como cualquier ser humano, pero su responsabilidad es mayor porque esa equivocación impacta a muchos; lo que sugiere una revisión pública de por qué las cosas ocurrieron de un modo y no de otro. Eso no acontece entre nosotros.

3- El fracaso puede provenir de diferentes vertientes. La estrategia puede ser teóricamente correcta pero se sobrestima la fuerza propia o se subestima la del enemigo; pero también puede venir del voluntarismo (si yo quiero, puedo); o proviene de una profunda ignorancia histórica –que es lo que creo que le ocurre a la mayor parte de la dirigencia actual-, que impide conocer las pulsiones más profundas, de larga data, de una sociedad que se ha conformado por siglos.

4- Tengo la impresión de que esa desconexión va de la mano de otro sentimiento que noto –sin que tenga datos diferentes a los de la conversación cotidiana- que es el de la decepción hija del engaño. Se han planteado caminos, objetivos, estrategias, que han fallado en su objetivo esencial por lo que mucha, muchísima gente no perdona. Ha entregado su estabilidad laboral y familiar, sus bienes, su tranquilidad, y miles se cuentan entre perseguidos, exiliados, torturados y muertos. Millones los emigrados; millones los que siguen en Venezuela en medio de lazos rotos o maltrechos, y el resultado para todos contradice las expectativas.

5- Venezuela se convirtió en un país roto, cuyas piezas no se han vuelto a ensamblar y, por el camino que se camina, no pareciera que puedan volverse a unir. A veces me parece que lo que vivimos es un enorme duelo que no cesa, de esos dolores que se ensanchan con su solo recuerdo. Más aún, los que vivimos el país que se nos fue caemos en cuenta de que no volverá y solo regresa en esos latigazos de remembranzas que asaltan un día tras otro. Era un país en que parecía que todo dependía de ti, de lo que hicieras o dejaras de hacer; el futuro era imaginable. Ahora, el futuro también emigró.

6- Esta situación puede tener una salida inesperada. Un cambio en la alineación de los astros; un acontecimiento singular que cambie el juego, de ese tipo de eventos que hace saltar por los aires la aparente estabilidad existente, donde aparecen dirigentes de la nada y se hunden los existentes, en la nada. Eso puede ocurrir, porque en la sociedad venezolana el magma subterráneo del descontento es fluido y ardiente, y puede abrir un cráter aquí o allá. Sin embargo, la probabilidad del evento singular es imposible por su propia naturaleza no se puede pronosticar.

7- Frente a tal expectativa hay otra ruta que es la de dotar a la sociedad de una dirección política renovada. El método empleado hasta ahora dio resultados al comienzo de este régimen y durante años, pero ya no; consistía en agrupar, reagrupar, incluir, excluir, partidos y organizaciones sociales. Esas agrupaciones no tenían o perdieron en el camino la representatividad que se suponía ostentaban. La mano poderosa de los dueños de la oposición –en realidad una mano perversa y enclenque- coloca las fichas, las retira y las ubica, mientras sus artificios cambian de nombre con cada vuelta de la luna.

8- Ahora corresponde transitar otro sendero que es el de reconstituir la dirección democrática en un proceso popular. No se trata de elecciones primarias, pues estas sugieren la nominación de un dirigente para unas elecciones inexistentes (¡se agita el fantasma del 2024!), sino de un tipo de consulta nacional, sin el bandidaje electoral del régimen, con supervisión y reglas acordadas entre los participantes, con compromisos claros, que permitan constituir un actor nacional e internacional poderoso. Este proceso no incluye ni excluye a nadie a priori, sino que son los propios ciudadanos los que al participar, deciden. Desde luego, debería haber una supervisión eficiente y confiable para impedir que el régimen o sus testaferros influyan en el resultado de la consulta.

9- La dirección que así resulte contará con el legítimo mandato popular, inmediato y reciente, y no ese mandato que agoniza, prolongado en la cuarta dimensión, que emergió de las elecciones de 2015 (¡hace 7 años!) con la Asamblea Nacional. No es solo el resultado el que interesa sino el proceso de movilización por los equipos o individuos que deseen contarse en esa jornada.

10- Hay escepticismo y desinterés combinados ante esta necesidad, precisamente por las razones que apuntamos al inicio de estas líneas, pero es posible que no haya otra opción para agrupar fuerzas, generar atracción hacia nuevas ideas y confianza hacia nuevas estrategias que anclar la legitimidad en la participación ciudadana. Una vez que se comparta el propósito se buscará la manera de llevarlo a la práctica; pero hay que cooperar genuinamente para lograrlo. Tal vez sea la manera más expedita de salir del hoyo, salvo la aparición del cisne negro o del pájaro loco.

@carlosblancog

1- Venezuela es una nación destruida. Más adelante será otra vez una nación. Allí participarán los millones que están dentro y los millones que caminan por el mundo. Venezuela desparramada por otros territorios es una realidad social, política, económica y cultural de inmensas proporciones cuyos alcances todavía no se advierten con suficiente claridad.

2- La diáspora venezolana es desigual. Han sido oleadas sucesivas, diferentes en su composición social: unas empujadas por la carencia de futuro y otras por la carencia de presente, todas amputadas de pasado. Los que se fueron en la década de los noventa porque sentían el resoplido de la bestia y tenían los medios para irse, otros al comienzo de los 2000 porque le vieron la cara al gorilaje entonces haciendo el papel de tiernos amigos de los pobres, luego los asediados por todas las hambres y con la sensación de derrota en todas las luchas. Millones; millones de seres humanos, donde cada uno es un nombre, un apellido, una forma de querer, un lazo roto, una nostalgia y un deseo de bracear desde el fondo que ahoga, hasta la superficie.

3- Cada motivo ha sido único aunque se parezcan los de unos y otros. Sin contar con los que han querido irse y no han podido, con los que se han ido y han tenido que regresar o han querido volver porque “prefiero pasar trabajo con los míos que allá lejos”. La realidad de fondo es que la población venezolana se reconstituye de una manera sorprendente en muchos países, lo que incluye aquel que con evocación llamamos Venezuela. Estar fuera porque se quiere viajar, por motivos profesionales o académicos, por el ejercicio de la libertad que tienen los ciudadanos del mundo, es una cosa; pero otra muy diferente es irse porque al abrir la puerta de la casa ya no hay calle ni vecindario sino un inmenso hueco producido por la devastación.

4- Hay un minúsculo sector de las élites rosadas, que es el sector adaptativo, “optimista” y colaborador, que proclama la buena nueva de la normalización; sin embargo, hay que preguntarse sobre cuál normalización hablan y para quiénes. Hay dolarización perversa, acompañada por sus dosis de lavandería monetaria (legal e ilegal), incremento notable de importaciones, dotación de tiendas y automercados, restricción del flujo de bolívares y consiguiente disminución de la inflación, con el hecho inevitable del goteo hacia los de abajo en proporciones variables y siempre escasas respecto de las necesidades.

5- Así se ha creado una economía zombi en la cual la normalización implica que las distancias entre los de arriba y los de abajo se incrementan. La necesidad de (re)buscar dólares a como dé lugar ha dado espacio a la destrucción del empleo formal fijo. Trabajar a tiempo completo para tener un sueldo en bolívares es empleo de aventura; muchos prefieren otra aventura que consiste en tener dos, tres o más empleos, según las posibilidades. Los de la élite rosada llaman a esto emprendimiento cuando en realidad es desesperación.

6- Ese país de la diáspora ha sido tratado la mayoría de las veces desde la perspectiva humanitaria, lo cual es indispensable. Así, ha habido apoyo de gobiernos, ONG y organismos multilaterales para darle cobijo a los conciudadanos que han emigrado por millones. Cabe destacar el papel excepcional, solidario, del gobierno de Colombia y de la mayoría de los sectores de ese país. Ese flujo ha sido en su inmensa mayoría de ciudadanos de bien, trabajadores, esforzados, deseosos de mantener o levantar sus familias, desarrollar sus profesiones o estudios, donde también se han mezclado malandrines y hampones en una ínfima pero ruidosa proporción.

7- El caso del gobierno de Trinidad y Tobago es el otro extremo por miserable, criminal, discriminatorio y brutal. El más reciente testimonio es el asesinato de una criatura por parte de policías o soldados trinitarios que dispararon contra una embarcación de ciudadanos desesperados, en huida del hambre para llegar a la muerte. No tienen perdón de Dios.

8- Se han visto manifestaciones de xenofobia en varios países; en unos casos por la acción de delincuentes de origen venezolano, lo que genera rechazos que a veces se desvían a generalizaciones por la nacionalidad, en vez de ser tratados como simples delincuentes que merecen ser sancionados; en otros casos porque son o se les ve como oferta de mano de obra que compite con la local y como gente que presiona sobre la provisión de servicios, los espacios y el presupuesto públicos.

9- En todos los países hay movimientos de opinión de líderes significativos que enfrentan la xenofobia y reconocen el aporte de los venezolanos como esforzados trabajadores y profesionales de primera línea. Hay excepciones con líderes irresponsables que estimulan la segregación; pero, parecen ser los menos.

10- Pienso, sin embargo, que hay tareas de la diáspora que están pendientes. Lo primero que diría es que me parece enteramente inapropiado responder a las dificultades de los venezolanos afuera con el recordatorio de cómo el país recibió con generosidad y alborozo a muchos migrantes de otros tiempos. No solo es torpe sino que esa, en todo caso, es tarea de los líderes de los países receptores de la migración y muchos lo hacen al encomiar los aportes de los venezolanos y recordar sus propias historias, o la de sus mayores, en nuestro país.

11- Además, hay otro tema que puede resultar polémico: la actitud no debería ser la de apocarse por haber tenido que emigrar a otros sitios,sino la de ciudadanos del mundo que se instalan en otros países, con todos los derechos que tienen los ciudadanos o visitantes, siempre en acuerdo con las leyes y costumbres que en ellos imperen. No como residentes que tienen que hacerse perdonar el atrevimiento de vivir en lugares diferentes sino como pobladores respetuosos, gentes de la nación en la cual viven.

12- Para lograr tal propósito, el de ciudadanos con derechos y, por supuesto, con obligaciones, es indispensable intervenir como fuerza de opinión en los asuntos de los lugares en donde se está. Los que posean derechos políticos hasta donde los tengan y, en general, organizarse, hablar alto y escribir en donde se pueda, actividades destinadas a disponer del poder necesario para actuar cívicamente y recibir un trato también cívico. No es “meterse en política” sino elevar la voz hasta donde se pueda, conforme a las leyes locales; seguramente no alineados en torno a una figura única o un partido, sino en diferentes posiciones pero con la base común de la venezolanidad.

13- Actuar como fuerza de opinión pública dentro de los países en los cuales están cientos de miles y actuar hacia Venezuela, mediante el ejercicio de la presión debida para que los gobernantes e instituciones de los respectivos países coloquen en los primeros lugares de la agenda el tema nuestro, se convierte en indispensable tarea del momento.

14- La diáspora como parte de la nación en construcción tiene una tarea compleja pero indispensable. Unos regresarán, otros no; pero, en todo caso, la base común permitirá cooperar en las tareas descomunales del porvenir. Eso no es “para después”, sino ya, en cada ámbito de acción. Explicar la magnitud del desastre, promover la acción de gobiernos para que Venezuela sea centro de atención; escribir en la prensa, enviar cartas a los parlamentarios, detectar oportunidades de inversión para el futuro entre inversionistas de los países donde se está y grupos venezolanos, difundir los elementos de la cultura, hacer encuentros con autores, músicos, intelectuales; tomar los casos de los presos políticos, con nombre y apellido, sobre todo los más olvidados; todas son tareas indispensables, urgentes y viables.

15- Muchos lo hacen; hay organizaciones creadas y otras en marcha, pero por parte del liderazgo político interno se requiere una conciencia clara del singular papel de los venezolanos en el mundo. No solo de los nativos sino de las centenas de miles de extranjeros que hicieron de Venezuela su patria y que se han ido a sus países de origen; ellos también forman parte de la diáspora.

16- Venezuela es un país que hoy se establece en muchos territorios en el planeta, incluido el original al norte de Suramérica. Esa situación, producto de la desgracia, puede ser convertida en maravillosa oportunidad; muchos lo hacen por su cuenta, pero podría ser un vastísimo y organizado movimiento internacional.

1- Decía Ramón J. Velásquez que para saber la situación de los cuarteles bastaba mirar la calle. No era indispensable tener una conexión militar (ya sabemos, el primo del tío del cuñado de Filinto es capitán y me dijo que “la cosa está fea” y…), sino ver el ánimo de los viandantes comunes y corrientes. Si hay contento en la calle lo hay en los cuarteles; si, por el contrario, los transeúntes andan de mírame y no me toques, lo propio ocurre con los de uniforme y gorra.

2- En el contexto venezolano actual pareciera que solo ha habido un intento de golpe de Estado, el de Chávez en 1992. Sin embargo, la democracia venezolana ha vivido desde sus inicios bajo la amenaza de insurrecciones, algunas más conocidas y otras, menos. Como lo documenta Thays Peñalver en su libro La conspiración de los 12 golpes, la ristra es larga y culebrera. Podría decirse que los 40 años de 1958 a 1998 no fueron el camino ascendente –aunque no exento de problemas– hacia la democracia como ahora sabemos de sobra, sino un conflicto irresoluto entre fuerzas históricas en pugna.

3- La Junta de Gobierno presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal, a los seis meses, afrontó la rebelión del ministro de la Defensa, general Castro León, a la cual siguió en septiembre otra de la Policía Militar. Cuando Rómulo Betancourt se instala en Miraflores los intentos golpistas se sucedieron por varios años: desde el intento del propio Castro León en Táchira, derrotado por militares, campesinos y estudiantes, hasta varios otros, de derecha y de izquierda.

4- Betancourt resistió el Barcelonazo de junio de 1961, que fue un intento de oficiales perezjimenistas. También el Carupanazo en mayo de 1962, protagonizado por oficiales de izquierda. El Porteñazo en Puerto Cabello en junio de 1962, con saldo de más de 400 muertos y 700 heridos, insurrección dirigida por oficiales y dirigentes comunistas, consagrada para siempre por el fotógrafo Héctor Rondón Lovera con la gráfica del sacerdote Luis María Padilla que ayuda a un soldado herido, cabo segundo Andrés de Jesús Quero (hay otras versiones sobre el nombre del efectivo), en medio del tiroteo. En El Porteñazo la pezuña de Fidel Castro fue evidente con estridencia.

5- En forma paralela y complementaria se desarrollaba la insurrección de la extrema izquierda, encabezada por el Partido Comunista y el MIR, debatiéndose entre los intentos con oficiales de las Fuerzas Armadas comprometidos con ellos, las guerrillas urbanas y rurales, y la masiva presencia del apoyo cubano. A un costo altísimo para Venezuela esas insurrecciones fueron derrotadas y sus rezagos, ya inútiles, siguieron durante el gobierno de Leoni hasta que se inició la pacificación de los líderes que culminó exitosamente con Caldera.

6- Caldera tuvo una situación militar complicada al inicio de su gobierno (curiosamente y por razones distintas también al inicio de su segundo período), lo que se saldó con la imposición de la autoridad civil por él representada. Pero las procesiones andaban por allí. El primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, entre la bonanza, el apoyo popular y la juventud de la democracia, creó una barrera a las insurrecciones militares. En todo caso, no era el golpismo parte del ambiente de un país que, según parecía, se dirigía a una prosperidad permanente.

7- En contra de Luis Herrera Campíns hubo también un intento según el cual sería apresado (¿o atacado?) en un desfile militar. En el gobierno de Jaime Lusinchi, cuando se encontraba de viaje y estaba encargado de la presidencia Simón Alberto Consalvi, hubo un inexplicado paseo de tanques de guerra, en octubre de 1988, que más adelante se asumió como un “ensayo general” del golpe de Chávez o, tal vez, a algunos oficiales se les fueron los tiempos. No fue una equivocación sino que 18 tanques y más de 100 soldados participaron en esa operación para secuestrar al presidente encargado, cuenta Thays Peñalver.

8- Después vinieron las epopeyas perversas de Chávez en febrero de 1992 y de noviembre del mismo año, encabezada por el contralmirante Grüber Odremán. También derrotadas como las que ocurrieron desde 1958 en adelante. La cuestión es por qué si todas fueron derrotadas y sus autores fueron lanzados a la censura pública y luego al olvido, la de Chávez (no la de Grüber Odremán) fue el inicio de la escalada militar, popular e internacional que dio al traste con la democracia venezolana.

9- La clave fue la respuesta de las élites, empresarial, política, gremial, sindical y la de los representantes de la “ilustración”. En toda la etapa democrática las conjuras fueron derrotadas por los militares con inmenso apoyo popular. Los alzamientos contra Betancourt fueron de gran envergadura y entonces el PC y el MIR tenían un tajo, aunque minoritario, de simpatía en medios juveniles, profesionales, estudiantiles e intelectuales en general. Pero el peso de las que se llamaron por un largo tiempo “las fuerzas vivas” se puso al lado de los gobiernos y los alzados pudieron ser controlados.

10- Sin embargo, la represalia de un sector de las élites contra la democracia “adeca” no por encubierta dejaba de estar activa. Desde el derrocamiento del general Medina Angarita en 1945, los desplazados de la hora nunca perdonaron el atrevimiento de Rómulo Betancourt y del grupo militar encabezado por Pérez Jiménez. Con el golpe y la subsiguiente revolución democrática del trienio, se cortó de cuajo el proceso evolutivo desde la feroz dictadura de Gómez hasta una apertura indudable del general Medina, quien sin embargo mantenía una abierta resistencia a la elección popular, universal y secreta del presidente de la República, ya convertida en demanda nacional de primera importancia.

11- Para observar la posición de los desplazados de 1945, basta citar a su figura más representativa, Arturo Uslar Pietri[1]: “Todo se cambió, se alteró el país que estaba, hasta ese momento, manejado por un grupo de hombres muy seleccionados, muy capaces, de la gente más calificada que se tenía y entonces entraron a gobernar un grupo de gente muy joven, sin ninguna experiencia –de ninguna especie-, administrativa, de modo que el país dio un salto muy grande en la oscuridad y eso ocasionó un caos, medidas ilógicas y absurdas, desajustes terribles de los cuales el país ni siquiera se ha repuesto. Por ejemplo, un simple hecho puedo decirlo yo a esta distancia: Venezuela tenía una disciplina fiscal heredada de Gómez, muy rígido y muy útil, es decir, había un presupuesto y ese presupuesto se cumplía, y los créditos adicionales eran una verdadera excepción. La Ley Orgánica del Fisco Nacional se cumplía rigurosamente bajo Gómez y eso lo heredaron López Contreras y Medina. Bajo López Contreras y Medina los ministros no podíamos salirnos del presupuesto, el mover una partida era un problema muy grave y el pedir un crédito adicional era casi escandaloso. El país no tenía deuda, vivía de su presupuesto equilibrado, había una disciplina fiscal, cuando yo estuve. Eso se rompió y más nunca se ha recuperado. Venezuela ha vivido en el desorden fiscal desde el 18 de octubre hasta hoy, y seguimos sin poder salir de él” (resaltado mío, CB).

12- En ese mismo trabajo se recoge de Uslar Pietri lo siguiente, lo cual añade la nota personal indispensable: “No hay duda de que si no hubiera habido un 18 de octubre, yo hubiera sido Presidente de Venezuela en un momento u otro. Era evidente. Yo era el político joven más importante de Venezuela en ese momento, yo era la figura central del más grande partido político que tenía el país, que era el PDV, Partido Democrático Venezolano, yo estaba en plena actividad política, el PDV dominaba el Congreso, la Asamblea Legislativa, los Concejos Municipales, era una fuerza, la fuerza política más grande y más organizada del país, de modo que estaba en la más elemental lógica que tarde o temprano yo iba a ser presidente de la República”.

13- Lo que aconteció en la década de los noventa fue que esos golpes de Estado se encontraron con el descontento social acumulado durante la década anterior, los efectos de los reajustes del programa económico del presidente Pérez, pero sobre todo con la dirección de un partido de gobierno que ni quiso ni supo enfrentar a sus adversarios históricos y que le dio manga ancha a la revancha que se cocinaba desde 1945, encabezada por un intelectual del prestigio de Uslar Pietri y la corte que lo acompañó en su propósito de derrocar a CAP.

14- Descontentos populares hay siempre cuando las demandas no son inmediatamente satisfechas y más aún si se sale de la “década perdida” latinoamericana de los ochenta. Pero a los errores del gobierno, sumados a la renuncia de Acción Democrática de su papel de apoyo al gobierno de su compañero (apoyo que después dio a Caldera cuando aplicó la misma política que a CAP le criticaban), abrieron el boquete para que la insurgencia militar fracasada le diera una figura a la política, la de Chávez, cuyo ascenso se produjo en el marco del esfuerzo de “los notables” encabezados por Uslar y José Vicente Rangel por derrocar el gobierno.

15- Esos “notables” arrastraron tras de sí a la mayoría de los miembros de las élites políticas y empresariales, y finalmente al propio partido de gobierno, para derrocar al gobierno de CAP. Las consecuencias de esa venganza mezclada con traición se pagan literalmente con miseria y sangre en los tiempos que corren.

@carlosblancog

[1]Trabajo de Gregorio Salazar para TalCual en https://alianza.shorthandstories.com/75-revolucion-de-octubre/index.html

1- Las epopeyas de la ciudad dicen que no se pueden ―ni deben― tomar atajos para hacer que Nikolai salga de Miraflores. Se insiste en que, más bien, debe ser un esfuerzo de empujoncitos, razonamientos frecuentes, intentos de asustarlo, y muy especialmente obligarlo a “que se cuente”. El fundamento último de quienes ven estas posibilidades es que si al Stalin de Cúcuta se le dice que tiene miedo, que está asustado, que no se atreve, entonces morderá el anzuelo y cometerá su último suicidio: admitirá unas elecciones libres, los votos lo sacarán de su covacha y el país será libre. Una versión del cíclope gigante opositor que le dice con frecuencia al temeroso Nikolai “a que no me quitas esta pajita”.

2- La más reciente peripecia para evitar los atajos de la salida rápida -un, dos, tres- es el intento de revocatorio presidencial. Es vendido como un camino ciertamente más lento, pero que ofrecería unas seguridades que los inventos radicales se abstienen de presentar. El argumento tiene la convicción de la transitividad, si A=B, y B=C, luego A es necesariamente igual a C. Dicho en buen romance: si la mayoría está contra el régimen y si el régimen se cuenta, el régimen está derrotado. Entonces, habría que forzarlo a contarse para completar la faena. No es solo hipótesis sino que cuando se ha contado efectivamente se le ha derrotado, como en la elección de la Asamblea Nacional de 2015 y más recientemente en el estado Barinas.

3- Inspirados por esas indudables, y tan fugaces como fugadas, victorias, eso que llaman el resorte democrático del país o el ADN libertario se pondría nuevamente en juego para los dos hitos que ahora embelesan: el referendo revocatorio presidencial y las elecciones del reemplazo en 2024. Antes de proseguir: ese “resorte” o ese “ADN” constituyen peticiones de principio, indemostradas; como si haber vivido 40 años en democracia eximiera a que esos mismos que la disfrutaran se propusieran derrocarla, no por un golpe de inconsciencia sino por su más perfilada voluntad. Pero sigamos…

4- Como se sabe, el jefe del Kremlin cataqueño admitió, disfrazado de payaso con el ánimo del guasón, el revocatorio como una figura institucional y electoral. Sus partidarios ―sorprendidos con la socarronería― han pegado el grito en el cielo y hasta los representantes de Capriles y de Rosales en el Consejo Nacional Electoral han manifestado su estudiado asombro, porque así las votaciones no serían ni “medianamente transparentes”.

5- ¿Qué ha pasado ángel de amor para que en esta apartada orilla, en vez de salvar la honrilla, has creado resquemor? La respuesta es clara: los camaradas están dispuestos, por aquello de la honrilla, a distribuir espacios controlados, a admitir derrotas cuando se les complican las previsiones en esos espacios, pero jamás admitirán sin guerra que el núcleo del poder sea reemplazado, a menos que una fuerza superior los obligue. ¿Referendos, elecciones para que Maduro se vaya? Nunca, salvo simulacros, procesiones bailaditas, que al final terminan a palazo limpio o a machetazos.

6- El revocatorio parece haber sido anulado ya; sin embargo, no hay que descartar una parodia de rectificación, según la cual en vez de acabar con esa consulta cortándole la cabeza, vía Tribunal Supremo, se logre el mismo resultado con veneno de alta potencia, modificándolo aquí y allá. El caso es que –debe decirse de nuevo- no hay manera de que los rojos salgan del poder por vía de la comisión de avenimiento, ansiosa de reencontrarse en México para el exorcismo habitual.

7- Cuando se les escapa la liebre como con la AN-2015 y Barinas (hay más ejemplos) ocurre el proceso de asfixia mecánica conocido: se anula su actuación, si no hay rendición incondicional hay cercenamiento de espacios, atribuciones y símbolos. Lo que perdura de esa AN es un presidente ambulante, una comisión delegada y diputados que no tienen condiciones para ejercer su función, aunque algunos pocos se hayan convertido en potentes voces en el desierto.

8- El próximo señuelo es el de las elecciones de 2024 en el que, ya pregonan, si nos unimos todos (incluidos aquellos que quieren cohabitar con el régimen y los que se plantean sacarlo) entonces Maduro no tendrá remedio sino aceptarlo. Claro, como es previsible que no lo haga, siempre queda otro argumento: si hace trampa le demostraremos al mundo todo, y a la gente de Marte y de Júpiter, que Maduro hace trampa. No se saldrá con la suya -aseguran- porque los desenmascararemos.

9- Como se puede apreciar, los verdaderos atajos son esas elecciones engañosas que ofrecen sacar a Maduro por la vía de convencerlo de lo bueno que es que él salga de Miraflores. Esos son los atajos para llegar a ninguna parte, son esos giros impresionantes y llenos de riesgos de 360 grados destinados a desenmascarar a quienes tienen infinitas máscaras de reemplazo.

10- ¿Y tú qué propones? ¿Yo? ¿Me preguntas a mí? Yo me copio de alguien que propuso hace tiempo, con voz insegura, pero braceando en el río de los acontecimientos, lo único deseable y posible: “el cese de la usurpación”. ¡Ah, claro! Pero, ¿cómo? Mediante la elección, selección, escogencia, de una dirección política comprometida con ese objetivo que organice y coordine las fuerzas domésticas e internacionales. ¡Pero es que a nadie le interesa Venezuela hoy! Es verdad, porque solo interesa lo que bulle, hierve, se moviliza, como en 2002, 2003, 2004, 2005, 2007, 2012 y 2013, 2015, 2017 y 2019 la última vez.

11- Cuando alguien te responde coge un fusil y vete a Miraflores, nadie te lo impide, se ejerce uno de los más miserables chantajes porque la condición para “coger un fusil” es que haya una dirección que lo quiera, que esa dirección organice a las fuerzas militares y civiles, que se busquen las alianzas para lograr esa finalidad. Es el tipo de argumento que responde cuando tú dices que no te gusta ese cuadro de Picasso: ¡anda pues, píntalo tú!

12- O como cuando alguien dice que Maduro es ilegítimo desde, al menos, 2018, y te responden: es el que atiende el teléfono en Miraflores, como ocurría con Pérez Jiménez al que ni Rómulo, ni Caldera, ni Gustavo Machado, ni Jóvito Villalba, llamaron aunque sabían que era el que contestaba allí. Complemento de lo cual es decirte que si no lo reconoces igual no deberías sacarte un pasaporte que es producto de la misma administración al meter en el mismo saco un derecho de identidad ante el Estado al que no puedes ni debes renunciar con la acción de un régimen usurpador al que puedes y debes combatir.

13- Los atajos son aquellos que no solo demoran sino que desvían del objetivo principal. Las elecciones que procuran sacar a Maduro del poder sin la fuerza que lo haga posible, lo que hacen es estabilizarlo. Ya vimos a los gobernadores del G4 rendir reverencia a Maduro porque, en verdad, Maduro es el que contesta el teléfono. Además tiene un celular que puede contestar desde la playa.

1- Rusia, en sus provocaciones a Estados Unidos y a Occidente, ha amenazado con incrementar su presencia militar en Cuba y Venezuela como expresión de poder y desafío. Dice Putin: Si nos llevas la OTAN a nuestras puertas, te vamos a llevar nuestra colección de osos a las tuyas. Más o menos ladridos convencionales en el juego de poder mundial, siempre con los riesgos de que algún camarada tenga una ocurrencia más peligrosa y en vez de tocar una letra en el teclado, presione enter y se desate la batahola.

2- La provocación rusa esconde el tema de Rusia. Me explico: este país tiene sus garras metidas en Venezuela desde hace años, primero fueron las mutuas carantoñas entre el panda soviético y los gorilas venezolanos, confinadas al zoológico de las ideologías y solidaridades retóricas. Más adelante la “cooperación” en distintas áreas, económicas y militares, inversiones en petróleo y producción de Kalashnikov para la presunta defensa popular, armamento para soldados regulares y grupos paramilitares. Luego, los rusos se deslizaron hacia una asistencia en materia de inteligencia, seguridad, entrenamiento y dotación de equipos militares sofisticados, con especial dedicación a materias de espionaje a la oposición y a una inmensa cantidad de oficiales, aparte de la presencia de “asesores” que se han visto en ocasiones en despliegues de operaciones de los grupos militares del régimen de Maduro.

3- Descubrir a Rusia en Venezuela es una operación tardía, aunque no sea superflua, y lo que hace es revelar la escala en la cual los aliados de Chávez-Maduro se han implicado en la defensa de la cabeza de playa que es el territorio venezolano para la acción política, ideológica y criminal, en el marco de un relato revolucionario y bolivariano. Ante el escándalo suscitado para algunos por la amenaza del Kremlin, el general Padrino López, con la cachaza que lo caracteriza, ha dicho con toda tranquilidad y soltura que nadie debería extrañarse porque la cooperación militar entre ambos es de vieja data, tanta que huele a roña soviética.

4- Lo sabido no es sabido hasta que se repite. Entonces, los rusos están en Venezuela desde hace rato. Sin embargo, lo más importante es que mientras el régimen venezolano estaba solo bajo la dirección y fascinación cubana, la situación no era simple pero se mantenía en el plano regional, con los mecanismos que Estados Unidos han utilizado para neutralizar –aunque no vencer– el riesgo cubano: su daño directo parecía confinado a Venezuela y a la búsqueda del poder en América Latina y el Caribe para grupos de similar tendencia ideológica; siempre en el marco de la prédica contra Estados Unidos. Bien temprano esto adquirió otras dimensiones con la presencia de las narcoguerrillas colombianas –disidencia de las FARC, disidencia de la disidencia de las FARC y ELN–, Frente Bolivariano de Liberación, Irán, Turquía, China, Rusia, así como grupos militares que andan a su aire, bandas criminales y grupos chavistas paramilitares.

5- Venezuela se convirtió en un territorio fragmentado, controlado por distintas organizaciones legales e ilegales, estatales, paraestatales y privadas, que con frecuencia tienen disputas para defender los límites de sus subterritorios y sectores financieros, comerciales, militares, petroleros y mineros, bajo su control. Organizaciones y estados con diferente finalidad específica, pero todos unidos con el propósito de disponer de un territorio común para sus objetivos singulares.

6- Con la presencia de Rusia, China, Irán y Turquía, Venezuela se deslizó a ser parte de un conflicto más global. El país se ha convertido en el escenario de una guerra internacional de cuarta/quinta generación en el que las fuerzas de ocupación consentida, con Maduro a la cabeza, se enfrentan a una sociedad prácticamente inerme, mientras los aliados democráticos del mundo extreman su cautela y, al sol de hoy, se limitan a políticas rutinarias que en un momento fueron de gran presión y en la actualidad forman parte de un paisaje asimilado –no sin ahogo– por parte del régimen.

7- La Alianza del Mal no tiene más freno que el de su conveniencia y no tiene un departamento para analizar si sus pasos se adecúan a los artículos y numerales de la Constitución del propio régimen, mientras las fuerzas democráticas hurgan con cierta avidez y a ratos con desesperación para que cada uno de sus pasos, gestos y mohines se ajusten a la letra de la carta magna chavista. Así se ha convertido el interinato en un tótem inamovible porque, según ese criterio, cualquier cosa diferente hace decaer el apoyo de Estados Unidos y otros aliados porque carecería de legitimidad constitucional. ¡Aviados estamos, pues!

8- Mientras los países democráticos no entiendan que en Venezuela hay una guerra que les concierne, este territorio seguirá como fuente de expansión de un proyecto regional y un factor –tal vez esencial– en las disputas mundiales, no por su tamaño o fuerza, sino por la capacidad de ser instrumentalizado por la Alianza del Mal. Se dirá que todo eso es retórica, que Rusia solo usa a Venezuela y a Cuba como fuente de balandronadas. Esto es ignorar que los desplantes de los poderes forman parte de la proyección de su poder y del relato que quieren implantar.

9- Mientras tanto, hay quienes discuten en Venezuela sobre la conveniencia del revocatorio para destituir de la presidencia a quien no es presidente, pero como contesta el teléfono en Miraflores sí lo es.

1- He sostenido que el pueblo de Barinas obtuvo una victoria el 9 de enero. Después de tantas derrotas consecutivas en diversos terrenos el que en un estado se le haya dado un golpe al régimen no puede ser sino motivo de alegría. Quien esto escribe era de los que pensaba que los próceres rojos no admitirían entregar Barinas porque su concepción y estilo es otro: si pierden, arrebatan, a menos que hayan resuelto repartir migajas. Con el candidato del 21 de noviembre hicieron lo de costumbre, lo sacaron del juego. Podían haber actuado de forma idéntica el 9 de enero. No lo hicieron. No creo que haya sido una conspiración para regalar una gobernación sin poder sino me parece que más bien que se les escapó la liebre.

2- Por 130 votos le quitaron la gobernación a Superlano y era previsible que recurrieran a otra inhabilitación si era necesario. La marejada de recursos que inyectaron a Barinas desde finales de noviembre en adelante parecía indicar que esa presa no la soltaban. Han usado las inhabilitaciones, su sistema judicial, sus militares, policías y bandas para garantizar sus designios. Era plausible que se repitiera el caso o, si era necesario, podían haber suspendido las elecciones.

3- Ha habido dos interpretaciones: una consiste en decir que esa fue una victoria pactada con el colaboracionismo y la otra que indica que ocurrió lo inesperado, que el uso masivo de los recursos del Estado no fue suficiente para obtener lo que esperaban. En otros casos ha ocurrido lo que no previeron: en la abstención de 2005, el referéndum constitucional de 2007 que perdieron por más de 7% y cuyos resultados finales se pactaron por poco menos de 1%, y en la elección de la Asamblea Nacional de 2015. Ha habido otros casos. En ellos ocurrieron victorias después desinfladas por otras vías, pero en su momento fueron victorias celebradas por todos. En Barinas parece haber ocurrido un caso similar a estos últimos.

4- Creo que el júbilo que hubo en los hechos electorales de 2005, 2007, en 2015 y ahora en Barinas tiene justificación, aunque después todo se derrumbó. Son situaciones que energizan a las sociedades. Obsérvese que el contento es diferente al de las tres gobernaciones que el G4 obtuvo el 21 de noviembre. En esa oportunidad aquello se vivió como un reparto sin épica y sin sorpresa. Lo de Barinas parecía diferente pero con el inmenso riesgo de que se haga una evaluación engañosa.

5- ¿Ha cambiado la naturaleza del régimen como para considerar que esta reciente elección obedece a otra lógica? No. Pero se pueden sacar conclusiones equivocadas que ya circulan con profusión. El riesgo fundamental es asumir que Maduro y su banda aceptarán una negociación para admitir unas elecciones libres y limpias que los saquen del poder. Precisamente las liebres escapadas lo que hacen es taponar la viabilidad de ocurrencia de eventos similares en el futuro, aunque se usen para seducir sobre sus posibilidades. Ahora anda por allí lo del revocatorio.

6- Maduro y su banda van a insistir en un discurso que el sector cohabitante de la oposición comparte: la ruta electoral es la única posible para producir cambios en Venezuela; el CNE es apropiado garante de condiciones electorales; la colaboración entre gobierno y oposición es el camino. Es no comprender que todo es válido menos intentar reemplazar el régimen. Algo así como si Fidel Castro o Díaz-Canel, Ortega-Murillo o Kim Jong-un admitieran que van a salir de sus cuevas de mando por unas elecciones. Nada es igual pero son lo mismo.

7- No hace falta mucho para que la realidad se imponga. En un régimen producto de una alianza nacional e internacional de grupos criminales, militares y políticos, se pueden distribuir las posiciones (gobernaciones, alcaldías, diputaciones), pero lo que de ninguna manera se distribuye es el poder. Para eso están los “protectores” de los estados, las REDI, ZODI y ADI, militares, el poder comunal, la narcoguerrilla y, cuando hace falta, el crimen organizado estatal: los cuerpos represivos. Admiten diversidad en los cargos hasta cierto punto, pero jamás renuncian a la centralidad total del poder.

8- Esta victoria de Barinas crea, al mismo tiempo, severos problemas en la oposición que participa de esa visión: la hace parte de las decisiones de la Asamblea Nacional del régimen que fue quien convocó las elecciones del 21 de noviembre, precisamente cuando se intenta prolongar la AN de 2015 bajo la presidencia de Guaidó. Esta contradicción se salvará de una forma que ya comienza a evidenciarse: el traspaso de poder interno en el G4 y su interinato. El Estatuto de Transición que convirtió a Guaidó en una figura aún más decorativa, significa el desplazamiento de la preponderancia de unos partidos en relación con otros. AD parece que navega más cómodo en estas aguas con los 4 gobernadores opositores vinculados a ese partido. A menos que haya sido una conspiración adeca, como que a los antiguos dueños del G4 también se les escaparon varias liebres.

9- Aunque no haya sido intencional, ahora se fortalece el discurso común entre el régimen y el sector opositor que con este se entiende, según el cual lo que sigue es el referéndum revocatorio. Apropiada zanahoria que menos ahora que nunca el régimen permitiría para que les sonara un “barinazo” a deshoras. Eso sí que no es posible para el régimen porque significaría su eyección y allí no cederían ni por equivocación, salvo que existiera una fuerza civil y militar, nacional e internacional, que lo imponga.

10- La idea del RR como alternativa para sacar a Maduro del poder, en la ruta de más y más elecciones, creo que es descaminada y es volver a errar sobre el evento del 9 de enero pasado. Además, plantearle un RR a Maduro como qué, ¿presidente de la república? ¿No está Guaidó allí por casi tres años porque Maduro no es presidente?¿Cómo el presidente de Venezuela –aunque sea interino- plantea un revocatorio a alguien que no sea exactamente presidente de Venezuela? Esto lo llaman “fricciones de la narrativa”; en criollo: más enredados que perro en patio de bolas.

11- Lo que me parece ha seguido en Barinas, de acuerdo con las declaraciones del gobernador electo, es lamentablemente una nueva abdicación: reconocimiento a Maduro, el protectorado abierto o encubierto, la constitución de los grupos militares en el único poder ejercido abiertamente, y la limitación de las nuevas autoridades a tareas tales como el ornato público, los huecos en las calles y las fiestas patronales.

12- Pero, amigos, todo lo anterior palidece frente a otra realidad: Maduro tiene al menos 19 de las 23 gobernaciones de estado y en relación con Barinas hay problemas más profundos. Allí está instalado el Frente Domingo Laín del ELN que controla zonas hacia Santa Bárbara de Barinas; el Frente 10 de las FARC se apropió de Ciudad de Nutrias y toda la proyección hacia el sur, en Apure, para el tráfico de drogas; y las Fuerzas Bolivarianas de Liberación – Ejército Libertador (FBL – EL) o Fuerzas Patrióticas de Liberación Nacional (FPLN) un grupo más reducido opera hacia Socopó, entrada de la reserva forestal de Ticoporo. Esa es la realidad que acompaña el hambre de los ciudadanos de ese estado y de todo el país. Estos temas de fondo, estructurales, son los que constituyen el entramado criminal que corroe las entrañas de una nación que dejó de existir. Para derrotarlos hay que cambiar de régimen, lo que no impide reconocer cuando se expresa la fuerza ciudadana aunque la alegría dure poco.

1. Acaba de producirse una nueva presentación del G4. Como algún ocurrente colocó con la presentación de NetflixCese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres/4ta temporada (Atelier Venezolano/Facebook). Varios querían dejar a Guaidó como rey sin corona, para que el G3 y ¾ pasara a controlar decisiones y bienes de la República en el exterior. Estados Unidos se opuso con firmeza y quedó un presidente interino con las atribuciones recortadas, se mantiene el cogobierno con algunos disimulos, y, en definitiva, como relaté la semana pasada sobre las historias de Rionegro, procedieron a ajusticiar media vaca o –como dirían los optimistas profesionales– dejaron viva a media vaca, medio interinato:

“El alcalde de mi pueblo,

en uso de facultades legales y, considerando:

que el pueblo de Rionegro se sobra con media res,

resuelve: artículo único, mátese media vaca, mátese media vaca”.

2. La modificación en primera discusión de la Asamblea Nacional la semana pasada tuvo el propósito de despojar a Guaidó del manejo de los bienes, lo que en términos prácticos significaba sustraer a su partido político la primera decisión en la materia. Ha sido un tejemaneje compartido, pero donde ha habido la primacía de los suyos. Los partidos que han cogobernado querían ahora gobernar a plenitud sobre los activos venezolanos en el exterior y tomar las decisiones administrativas que son indispensables. El juego de presiones determinó una modificación en la forma, pero no en el fondo.

3. Como dice la diputada Dignora Hernández, quien salvó su voto: “Este proyecto no solo otorga la continuidad al gobierno interino, sino también la continuidad de la Comisión Delegada, órgano a través del cual el G4 se garantiza el control de la gestión del gobierno interino. La Comisión Delegada está integrada por el presidente de la asamblea, los vicepresidentes y los presidentes de las comisiones permanentes, más el secretario y el subsecretario de la Asamblea Nacional, recordemos que todos estos cargos fueron repartidos entre miembros del G4 a inicios del período parlamentario. De allí de que no cabe duda que a través de este órgano estos 4 partidos seguirán controlando la gestión del gobierno interino”.

4. Como se sabe, el viento se llevó el “cese de la usurpación” junto al aire juvenil y renovador que el interinato alguna vez tuvo. Ahora quedan los hechos duros del poder: el funcionamiento del engranaje, para el cual los partidos del G4 han pasado a ajustar las tuercas. La reforma del Estatuto de la Transición fue acordada el 27 de diciembre pasado. Ante el grito en el cielo de los que sostienen la continuidad indefinida de Guaidó, procedieron a modificarlo el 3 de enero sin alterar la esencia de lo que querían hacer, dejar el interinato a merced de las decisiones de la AN, seudónimo del G4.

5. A título de ejemplo véase lo siguiente, el 27 de diciembre aprobaron esto: “Artículo 15. El presidente de la Asamblea Nacional actuará como encargado de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela a los únicos efectos de dirigir la protección de los activos del Estado en el extranjero y defender la democracia. Ejercerá sus funciones bajo los lapsos y circunstancias determinados en el artículo 12 del presente Estatuto. Sus actos serán dictados con sujeción a la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional”. Y el 3 de enero esto: “Artículo 15. El presidente de la Asamblea Nacional actuará como encargado de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela a los efectos de defender la democracia y dirigir la protección de los activos del Estado en el extranjero. Ejercerá sus funciones bajo los lapsos y circunstancias determinados en el artículo 12 del presente Estatuto y la Constitución. Sus actos serán objeto de las potestades de control de la Asamblea Nacional”. Lo único que quitaron en la segunda versión es la palabra “únicos”.

6. En política exterior, la versión del 27 de diciembre decía: “Artículo 16. La Comisión Delegada, en representación de la Asamblea Nacional, coordinará la política diplomática y establecerá los lineamientos de las relaciones exteriores de la República. A tal efecto podrá designar representantes diplomáticos en los países que reconozcan la legitimidad de la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2015, y solo mientras persista ese reconocimiento. Estos ejercerán sus funciones bajo los lapsos y circunstancias determinados en el artículo 12 del presente Estatuto y sus actos serán sometidos a las funciones de control de la Asamblea Nacional. Los representantes diplomáticos antes mencionados podrán actuar en materia de organización, atención y apoyo a ciudadanos venezolanos en el extranjero”. En la del 3 de enero: “Artículo 16. El presidente de la Asamblea Nacional podrá, actuando como encargado de la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, en el marco de sus funciones ejecutivas establecidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en el artículo 15 del presente Estatuto, designar jefes de misiones diplomáticas ante los países que reconozcan la legitimidad de la institucionalidad derivada de la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2015, solo mientras persista este reconocimiento. La Comisión Delegada autorizará las designaciones de los jefes de misión diplomática en los términos establecidos en la Constitución y estos ejercerán sus funciones bajo los lapsos y circunstancias establecidas en el artículo 12 del presente Estatuto, sometidos a las potestades de control de la Asamblea Nacional”. En la primera versión la Comisión Delegada designaba, en la reciente aprobada esta Comisión autoriza: Guaidó propone y esta dispone.

7. Sobre la defensa de los activos. El 25 de diciembre se aprobó en el artículo 17 que “la Comisión Delegada podrá: 1. Designar Juntas Administradoras ad-hoc para asumir la dirección y administración de institutos públicos, institutos autónomos, fundaciones del Estado, asociaciones o sociedades civiles del Estado, empresas del Estado, incluyendo aquellas constituidas en el extranjero, y cualesquiera otros entes descentralizados, a los fines de designar a sus administradores y, en general, adoptar las medidas necesarias para el control y protección de sus activos. 2. Constituir fidecomisos o cualesquiera otros instrumentos contractuales y financieros que permitan defender de manera más eficiente y transparente los activos del Estado en el extranjero”. El 3 de enero la Comisión Delegada es competente para: 1.Autorizar el nombramiento o la remoción de las personas que a tal efecto haya presentado el presidente de la Asamblea Nacional actuando como presidente encargado de la República en todo lo relacionado a las juntas administradoras ad-hoc para asumir la dirección y administración de institutos públicos, institutos autónomos, fundaciones del Estado, asociaciones o sociedades civiles del Estado, empresas del Estado, incluyendo aquellas constituidas en el extranjero, y cualesquiera otros entes descentralizados, a los fines de designar a sus administradores y, en general, adoptar las medidas necesarias para el control y protección de sus activos. 2. Autorizar instrumentos contractuales y financieros que permitan defender de manera más eficiente y transparente los activos del Estado en el extranjero, tras propuesta formulada por el presidente de la Asamblea Nacional actuando como presidente encargado de la República”. En este sentido, el interino propone y la autoridad administrativa se mantiene en el G4.

8. Sobre Pdvsa. El 27 de diciembre se aprobó: “Artículo 36. Ante los riesgos en que se hallan Pdvsa y sus filiales como resultado de la usurpación referida en el Capítulo II del presente Estatuto, y mientras persiste tal situación, la Asamblea Nacional podrá designar la Junta de Administración ad-hoc de Petróleos de Venezuela S. A. (Pdvsa) de conformidad con el artículo 18 de este Estatuto, para que ejerza los derechos que corresponden a Pdvsa como accionista de PDV Holding, Inc.”. El 3 de enero: “Artículo 36. Ante los riesgos en que se hallan Pdvsa y sus filiales como resultado de la usurpación referida en el Capítulo II del presente Estatuto, y mientras persiste tal situación, la Asamblea Nacional, a través de la Comisión Delegada, autorizará los nombramientos propuestos por el presidente de la Asamblea Nacional actuando como presidente encargado de la República para la designación de los miembros de la Junta de Administración ad-hoc de Petróleos de Venezuela S. A. (Pdvsa) de conformidad con el artículo 17 de este Estatuto, para que ejerza los derechos que corresponden a Pdvsa como accionista de PDV Holding, Inc. De igual forma, la remoción de cualquiera de sus miembros requerirá la autorización de la Asamblea Nacional, a través de la Comisión Delegada, previa solicitud del presidente de la Asamblea Nacional actuando como presidente encargado de la República”.

9. Como se observa, Guaidó pasa a ser el gerente de una operación cuya autoridad reside en la Asamblea Nacional. El interino propone y el dios de la AN, mutada en G4, dispone. No es la propuesta original de la desaparición del interinato por la vía expedita de un, dos, tres; sino la defunción organizada hasta en sus más mínimos detalles. Por supuesto que todos los factores que allí intervinieron dirán que ganaron: los unos porque consagran el control, los otros porque le dejan a Guaidó la contingencia de proponer.

10. Lo que es más interesante de toda esta historia es la desaparición de la Asamblea Nacional que se arroga el control mencionado: “Artículo 12. En virtud de lo establecido en el artículo anterior, la continuidad constitucional del Poder Legislativo Nacional será ejercida por la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2015, la cual funcionará a través de la Comisión Delegada hasta por doce (12) meses continuos a partir del 4 de enero de 2022 o hasta que, dentro de ese lapso, se restablezca el orden constitucional y democrático”. Es decir, nada de un Poder Legislativo en funciones sino un grupo de parlamentarios que son los dirigentes del G4.

11. Todo lo anterior se ha comido mi artículo sobre disquisiciones que a casi nadie interesan. Si alguien ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí, solo diré algo breve: lo anterior es una representación en un escenario construido al efecto, con actores principales y secundarios, con los dramáticos y los cómicos, con todos los ingredientes de una mala obra de teatro. Lo que está detrás es: “23 muertos en Arauca: Colombia identificó a 15 y 4 de ellos son venezolanos”, “El ELN mantiene una estrategia muy radical de expansión, frecuentemente llegando a los territorios donde quiere expandirse transmitiendo a las bandas criminales que operan allí el mensaje: ‘O te unes a nosotros, o te aniquilamos’: Alberto Ray”, “¿Está la guerrilla colombiana adueñándose del río Orinoco?”, “Battistini: Maduro ha entregado nuestra soberanía territorial a grupos irregulares”, “Reportan por lo menos 7 muertos en enfrentamientos ocurridos en Barrancas del Orinoco”. Esto es solo lo de estos días recientes.

@carlosblancog

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