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Cuba EEUU

Vía 14ymedio

Según ‘Axios’, EE UU advirtió a «las élites en el poder» de que deben aceptar sus condiciones: liberación de los presos políticos, acceso a internet con Starlink, libertades económicas y políticas, compensación por las confiscaciones desde 1959

Washington ya no habla con el régimen cubano en términos de distensión, sino de ultimátum. La revelación de Axios sobre las conversaciones celebradas en La Habana entre funcionarios del Departamento de Estado y representantes de la cúpula en la Isla confirma algo que se intuía desde hace semanas. 

Del lado cubano estaba, entre otros, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro conocido como El Cangrejo, a quien Estados Unidos considera una suerte de portavoz de facto del general. Del lado estadounidense no llegó una delegación con ánimo de reeditar el deshielo de Barack Obama, sino emisarios de una Administración que ve a Cuba “en caída libre” y mucho más cerca del colapso social que de cualquier reforma voluntaria.

Según el medio estadounidense, los enviados de Washington pusieron sobre la mesa varias exigencias centrales: la liberación de los presos políticos, mayores libertades económicas y políticas para los cubanos –incluida la perspectiva de elecciones libres y justas–, compensaciones por las propiedades confiscadas tras 1959 y la apertura de internet a través de Starlink.

A eso se sumó un mensaje que, sin formularse como amenaza directa, sonó exactamente a eso: el Gobierno de Donald Trump no permitirá que la Isla, a 90 millas de Cayo Hueso, derive en una amenaza mayor para la seguridad nacional de Estados Unidos. La evaluación de Washington es que «la economía cubana está en caída libre y la élite gobernante tiene una pequeña ventana de oportunidad para hacer las reformas apoyadas por EE UU antes de que la situación empeore de forma irreversible».

Quien sigue negociando el futuro de Cuba no es un funcionario del Estado ni un diputado de la Asamblea Nacional, sino la familia Castro

Fuera de Guantánamo, el avión que trajo a los enviados del Departamento de Estado es la primera aeronave del Gobierno de EE UU que aterriza en Cuba desde 2016. Pero el parecido con la era Obama termina ahí. Ahora la interlocución no parte de la esperanza de una apertura gradual, sino de la convicción de que el castrismo solo entiende el lenguaje de la presión. En medio del desastre nacional, quien sigue negociando el futuro de Cuba no es un funcionario del Estado ni un diputado de la Asamblea Nacional, sino la familia Castro y su círculo de confianza.

Del lado cubano, esa misma lógica de plaza sitiada la verbalizó Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro, en declaraciones para AFP. La directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) aseguró que su padre, aunque ya no ocupa cargos oficiales, sigue implicado en la toma de decisiones del régimen y “está siguiendo rigurosamente todas las noticias, participando en los análisis” en medio de la escalada con Washington. Durante el acto por el 65 aniversario de Bahía de Cochinos, añadió además que los cubanos quieren “diálogo” con Estados Unidos para rebajar las tensiones, pero sin poner en cuestión el sistema político de la Isla, y admitió que el oficialismo se está “preparando para lo peor”.

Unas semanas antes, durante una intervención ante el Convoy “Nuestra América”, Mariela Castro ya había dejado clara su descalificación de cualquier disenso interno. Presentó a la oposición como una creación “ficticia”, “inventada” y “mercenaria”, y soltó una frase que resume con nitidez la mirada oficial sobre los cubanos que rechazan el sistema: “el ignorante es la base social del fascismo”. No hizo falta que añadiera mucho más. En el lenguaje del poder, quien se opone al Gobierno deja de ser un ciudadano para convertirse en un enemigo.

En un tono parecido se expresó Miguel Díaz-Canel durante el acto por el 65 aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución. Desde 23 y 12, el mandatario volvió a envolverse en un lenguaje de plaza sitiada. En el fragmento más encendido del discurso, llamó a “resistir los embates de las invasiones cotidianas”, proclamó que mientras haya cubanos dispuestos a dar la vida por la Revolución “estaremos venciendo” y remató con un “¡Fuego vamos a dar!”.

“Muy pronto esta gran fuerza hará realidad un día que llevamos 70 años esperando. Se llama un nuevo amanecer para Cuba”

Este viernes, en una entrevista con el medio oficialista ruso RT, Díaz-Canel repitió que Cuba está preparada para resistir una eventual agresión de Estados Unidos y sostuvo que en la Isla hay “un pueblo dispuesto a combatir”, con “millones de cubanos” listos para luchar “por salvar la revolución y por defender el suelo cubano”. Al mismo tiempo, volvió a atribuir al embargo estadounidense los frenos al desarrollo del país, aunque defendió que, pese a esas limitaciones, el Gobierno ha seguido “avanzando”, y anunció para el primer semestre del año reformas orientadas a reducir ministerios, empresas estatales y burocracia, con un aparato estatal “más plano y eficiente”. También aprovechó para agradecer a Rusia el reciente envío de crudo.

Al otro lado del estrecho, Trump elevó todavía más la temperatura. El viernes, en Phoenix, Arizona, durante un acto de Turning Point USA, repitió sus advertencias: “Muy pronto esta gran fuerza hará realidad un día que llevamos 70 años esperando. Se llama un nuevo amanecer para Cuba”. Luego añadió: “Vamos a ayudarles con Cuba”, antes de apelar al exilio de Miami, “personas brutalmente tratadas, cuyas familias fueron asesinadas y brutalizadas”, para cerrar con un inquietante “ahora miren lo que va a pasar”. 

La cúpula cubana agita el fantasma de la invasión de Girón (abril de 1961) para cohesionar a los suyos; Trump invoca un “nuevo amanecer” con un lenguaje que mezcla promesa, presión y amenaza. En medio quedan millones de cubanos atrapados entre un poder que solo sabe culpar al “bloqueo” del desastre y una superpotencia que vuelve a hablar en términos de desenlace.

La encuesta publicada esta semana por el Miami Herald ilustra hasta qué punto el clima se ha radicalizado también en el exilio: un 79% de los consultados apoya algún tipo de intervención militar, un 88% entre los llegados a EE UU después de 2000, y un 78% rechaza acuerdos que mantengan el sistema político actual a cambio de reformas económicas. La desesperación con el régimen ha crecido tanto que incluso la opción armada ha dejado de ser marginal.

Vía On Cuba News

La Embajada de EE.UU. en Cuba aseguró que el Gobierno de su país “está dispuesto” a enviar más ayuda a los damnificados del huracán Melissa en la isla. 

La afirmación la hizo la sede diplomática en sus redes al compartir una publicación de Cáritas Cuba sobre la llegada este viernes al aeropuerto de Holguín de la cuarta entrega del donativo humanitario que Washington destinó a afectados del huracán en el oriente cubano.

Ese cuarto envío en particular se destinará a las familias damnificadas de la diócesis de Bayamo-Manzanillo, según informó Cáritas.   

En una publicación anterior de este propio sábado, la Embajada estadounidense informó que el jefe de la misión norteamericana, Mike Hammer, se reunió con el Cardenal Juan de la Caridad García y con Monseñor Arturo González Amador, Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, “para repasar cómo va la distribución de ayuda humanitaria”.

“Si todo va bien y la distribución esta llegado a los más necesitados, la Administración Trump está lista a mandar más ayuda“, apuntó la Embajada.

Ambas publicaciones remarcan que los donativos serían siempre para “los cubanos de a pie”, con lo que confirman la exigencia de Washington de que la ayuda no sea manejada o quede en manos del Gobierno de la isla, en momentos en que la Administración Trump ha incrementado con fuerza su presión sobre La Habana y ha anunciado aranceles para los países que envíen petróleo a Cuba.

La cuarta entrega

El cuarto envío de la ayuda estadounidense está compuesto por 588 lotes de alimentos y 585 de higiene, que serán distribuidos en comunidades de Cauto Cristo, en la provincia de Granma.

Cáritas Cuba señaló que el donativo será entregado “de manera paulatina” a través de una red que incluye a “voluntarios, los equipos de Cáritas Parroquiales, diocesanos y órdenes religiosas locales”.

Además, explicó que la distribución seguirá “los criterios de selección según el grado de afectación y vulnerabilidades” que contemplan a las “madres solteras con hijos pequeños, adultos mayores, personas con discapacidad y con movilidad reducida o nula”.

Como las entregas anteriores, este envío viajó acompañado por una representación de la arquidiócesis de Miami.

El total de la ayuda anunciada por Washington a los damnificados de Melissa en Cuba está valorado en 3 millones de dólares. Sus dos primeros envíos llegaron llegaron los pasados 14 y 16 de enero y fueron entregadas a comunidades de Holguín y Santiago. El tercero arribó recién esta semana por Santiago de Cuba.

Los donativos han incluido arroz, fríjoles, aceites, azúcar, tabletas de purificación de agua, ollas, utensilios de cocina, cobijas y linternas.

El arribo de esta asistencia humanitaria se produjo más de dos meses después del azote del huracán y en un contexto de renovadas tensiones entre los Gobiernos de Cuba y Estados Unidos.

Por ese motivo, las autoridades cubanas han considerado el momento de la entrega como un acto político, aunque aseguraron que aceptaron los donativos “sin condicionamientos” debido a que benefician directamente a la población afectada.

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