Por Dayana Cristina Duzoglou

La Nueva Ruta de la Seda China se erige como un moderno Caballo de Troya: majestuoso en apariencia, pero que oculta oscuras intenciones tras una fachada seductora. Prometiendo prosperidad, su gigantesca red de infraestructuras pretende tejer financiera y políticamente a Europa y Asia en una telaraña inescapable. Pero ahora, las grietas de esta estrategia comienzan a mostrarse con el desplome de la economía china y, los países que ayer festejaban su «solidaridad», hoy contemplan con temor cómo el caballo que los premiaba se convierte en un fracaso anunciado que les puede condenar a la ruina.

Presentada en 2013 por el presidente Xi Jinping, la Nueva Ruta de la Seda fue saludada como un grandioso proyecto para conectar al mundo en pujante crecimiento. Más de 1 billón de dólares han sido destinados a reforzar infraestructuras y comunicaciones, envolviendo con cintas de comercio e inversiones a todo el planeta. El remedio chino a unas relaciones internacionales anquilosadas: una cooperación supuestamente «ganar-ganar».

Hoy, con la crisis financiera que agita los pilares de la economía (quiebra inmobiliaria, caída de crecimiento y rescates bancarios) China, está viendo truncados de súbito sus planes. La «fábrica del mundo» ya no puede costear la monumental Ruta de la Seda: ha recortado sus inversiones exteriores en más del 40% respecto al 2021. Las patas del caballo se resquebrajan y según un estudio hecho por AidData, se ha encontrado que el 35 por ciento de los desarrollos de infraestructura del proyecto de la ruta de la seda han estado atestados de hechos de corrupción, sobornos, deuda excesiva, explotación laboral y violación de derechos humanos.

Quizás la Nueva Ruta de la Seda pase de Troya imperial a jarrón roto enterrado bajo el desierto de Gobi. Lo que hoy se ve y se derrama entre las fisuras del caballo es petróleo, gas, mineral de hierro, cientos de miles de millones atados a rutas ferroviarias y puertos que China prometía «devolver en especie». Y ante este fracaso y quiebra de confianza, los países atados al yugo chino contemplan un horizonte angustiante.

Proyecto geopolítico de la Nueva Ruta de la Seda

Con inversiones que superan el billón de dólares abarcando 150 países y 32 organizaciones internacionales con más de 200 acuerdos en curso o ya completados, la monumental red de infraestructuras e influencia conocida como la Nueva Ruta de la Seda busca convertir a China en el eje financiero y comercial que vertebre Europa y Asia. Es un proyecto con inversiones incluso en América Latina, donde, solo en Bolivia, el dragón asiático se surte de litio de las reservas más grandes del mundo ubicadas en este país.

Pero este gigantesco proyecto presentado en el 2013 por el presidente Xi Jinping, no solo tiene una vertiente económica. También persigue expandir el controvertido modelo de control social que el régimen chino ya implementa sobre su población: el «Sistema de Crédito Social», inquietante arquitectura de dominación, basada en la inteligencia artificial y la vigilancia digital masiva, permite al Partido Comunista premiar o castigar a cada ciudadano en función de su lealtad política.

Si el expansionismo económico del proyecto ya ha sido comparado con un caballo de Troya, esta dimensión de control ideológico resulta aún más amenazante para la privacidad y libertades individuales. Con una inversión media de 2.400 millones de dólares en cada país -y déficits comerciales de más de 2 billones-, Pekín dispone de una palanca financiera sin precedentes para presionar regímenes y modelar sociedades a su gusto. De hecho, el 30 % de todos los contenedores que se mueven en el mundo en algún momento pasan por un puerto manejado por China.

Crisis económica y la retirada de Italia de la ruta de la seda

La crisis económica China proyecta una sombra sobre la ruta que prometía ser de prosperidad compartida. China está experimentando una desaceleración económica significativa. Según datos del Banco Mundial, el crecimiento del PIB de China se situó en un 2,8%, el ritmo más bajo en 40 años. La economía china ha entrado en deflación, con una caída del 0,3% en el Índice de Precios al Consumo (IPC) en comparación con el mismo período del año anterior. Además, las exportaciones chinas han disminuido, generando dudas sobre la recuperación del país después de la pandemia. La economía china perdió fuelle en el segundo trimestre del año, con un aumento del PIB de solo un 0,8% intertrimestral. Estos indicadores reflejan una desaceleración significativa en la economía, lo que ha generado preocupaciones sobre su capacidad para alcanzar sus objetivos de crecimiento anual y ha impactado en sus socios comerciales.

Retirada de Italia de la ruta: duro golpe para China

Italia, antes seducida por los encantos económicos de la Ruta de la Seda, ahora da un giro sorprendente, constituyendo un duro golpe para los planes expansionistas chinos a las regiones europeas. La primera ministra Giorgia Meloni, en un movimiento estratégico, formalmente retira a Italia de la iniciativa, revocando el abrazo económico con China. La gran líder de derecha, en línea con su promesa de campaña, redefine las relaciones exteriores de Italia, alejándose del faraónico proyecto chino. La Franja y Ruta, que inicialmente prometía equilibrar el déficit comercial, se revela como un espejismo económico.

Este realineamiento geopolítico italiano, marcado por el rechazo a la Nueva Ruta de la Seda, no solo es un quiebre simbólico, sino un paso audaz hacia una postura más euroatlantista. El retiro de Italia es una clara señal de que la Ruta de la Seda, una vez regalo prometedor, ahora enfrenta el riesgo de convertirse en un emponzoñado legado de relaciones desgastadas y promesas incumplidas.

Así, en este fascinante juego geopolítico, el Caballo de Troya chino ve cómo sus patas resquebrajadas y su fachada de prosperidad se desmorona, mientras Italia, como protagonista audaz, da la espalda a las promesas incumplidas y redefine su destino en el tablero mundial alejándose también de ser víctima de un proyecto de control social. Un giro impactante que destaca la complejidad y la volatilidad de la geopolítica contemporánea.

Conclusión

China ya no puede sostener su faraónico plan de dominación comercial y político. Aquella estrategia, que parecía infalible, se desmorona día a día debido a la desaceleración de su economía, así como a una red de sobornos y corrupción rampante en muchos de los proyectos que se desarrollan en países como Camboya, Turkmenistán y Sri Lanka. El sueño chino de convertirse en el centro neurálgico del comercio mundial se dirige aceleradamente al fracaso.

El caballo de Troya financiero, capaz de endeudar a medio mundo con tal de abrirle las puertas, pierde fuerza a pasos agigantados. Desde Sri Lanka, incapaz de pagar su deuda con China y forzada a cederle un puerto por 99 años, hasta Montenegro suplicando rescate al FMI, crece el temor a quedar atrapado en las redes crediticias de Pekín.

Y es que además de la crisis financiera china, también existe la amenaza de las ambiciones no tan encubierta de políticas más oscuras, como expandir el control de las masas a través de un modelo de crédito social; un sistema de control y represión ciudadana tan efectivo como escalofriante. Y, aunque el Caballo de Troya puede hoy tener las patas rotas, el juego geopolítico está lejos de terminar. En este nuevo escenario, hay oportunidades para aquellos que están dispuestos a adaptarse y evolucionar y darles la espalda a proyectos de países que hoy por hoy redefinen el comunismo con un barniz de prosperidad económica, pero con una profundidad de un abismo donde reinaría la censura, represión y la anulación de libertades en donde un moderno “gran hermano” supera en crueldad a la distopía orwelliana de 1984.

Comienza el ocaso del expansionismo del Dragón Rojo y llego la hora en que la comunidad internacional libre cierre filas para frenar a este voraz leviatán que, tras la máscara de una utopía económica, esconde el rostro más oscuro de la tiranía.

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