Vía ZeroHedge

En un giro tan polémico como desconcertante, Ahmad al-Sharaa, conocido también como Abu Mohammad al-Jolani, aterrizó este miércoles en París para su primera visita oficial a Europa como líder interino de Siria, según reportó la agencia estatal SANA. La visita fue realizada por invitación expresa del presidente francés Emmanuel Macron.

Al-Sharaa, líder del grupo islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), aún figura en las listas de terroristas designados por Estados Unidos y otros países, a pesar de que el FBI retiró recientemente la recompensa de diez millones de dólares que pesaba sobre él. Su organización ha sido acusada de llevar a cabo ataques sectarios contra minorías étnico-religiosas en Siria, incluyendo a alauitas, drusos y cristianos, causando miles de muertes y desplazamientos forzados.

La reunión en el Palacio del Elíseo ha generado fuertes reacciones en círculos diplomáticos y de derechos humanos, dada la historia del propio Sharaa, quien inició su carrera como alto emisario del Estado Islámico (ISIS) en los primeros años del conflicto sirio, antes de fundar el Frente al-Nusra, la filial siria de Al Qaeda.

Mientras se muestra ante las cámaras internacionales como un reformista que promete igualdad para mujeres y no musulmanes, las acciones documentadas de sus milicias pintan un cuadro radicalmente opuesto. No obstante, Sharaa busca ahora obtener del gobierno francés apoyo financiero y alivio de sanciones para la reconstrucción de Siria, devastada por más de una década de guerra.

Macron, por su parte, ha declarado su esperanza de ver surgir una «nueva Siria libre y estable que respete a todos sus componentes sociales», una afirmación que muchos consideran irónica, dada la sangrienta trayectoria del visitante.

Como parte de su estrategia de relaciones públicas, y con asesoría aparente de firmas occidentales de imagen, el líder de HTS incluso fue grabado esta semana jugando baloncesto, en lo que parece ser un intento por proyectar una imagen de normalidad ante la comunidad internacional.

El analista regional Kevork Almassian resumió el desconcierto general al afirmar:
«Así que Emmanuel Macron no tiene problemas en recibir a un presidente autoproclamado que acaba de cometer genocidio y limpieza étnica. Todo en nombre de la ‘Liberté, Égalité, Fraternité’.»

Con esta visita, Francia parece marcar un punto de inflexión en su política hacia Siria, uno que muchos observadores consideran una peligrosa normalización de actores radicales bajo el disfraz del pragmatismo diplomático.