Vía La Voz de Galicia

No fue un misil, sino la «reentrada de un objeto artificial en la órbita terrestre». Así lo declaró el sábado por la noche la Red de Investigación de Bólidos y Meteoritos (SPMN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y empezó a disipar la incertidumbre.

Horas más tarde, ya el domingo, las Fuerzas Aéreas de Alemania terminaron de aclarar el misterio. Identificaron el bólido que sobrevoló el este de España como un satélite StarLink, de la compañía SpaceX, fundada por el magnate Elon Musk.

El objeto venía desde Francia y cayó al mar. Las primeras conjeturas, que dejaban abierta la posibilidad de que fuese un misil, provocaron inquietud entre la población, pero el astrofísico del CSIC Josep Maria Trigo descartó la hipótesis. «Las reentradas de satélites o restos de cohetes espaciales son cada vez más frecuentes», apuntó. Explicó que mediciones más precisas «de la velocidad del objeto durante la ablación en la atmósfera» permitirían a su equipo dilucidar su naturaleza concreta y si se trataba «de un bólido rozador más inusual».

«Según nuestro Centro de Conocimiento de la Situación Espacial, se trata de la reentrada de un satélite StarLink», hizo saber la cuenta oficial de las fuerzas alemanas en X. Denominado por el CSIC como SPMN290324ART, el artefacto sobrevoló el viernes sobre las once de la noche Cataluña, el Mar Balear y la Comunidad Valenciana. Hasta que cayó al mar, fue grabado y fotografiado por numerosos aficionados a la astronomía.

El rango de observación del bólido fue Aragón, Cataluña, Comunidad de Madrid, Comunitat Valenciana, Euskadi, La Rioja y Navarra, según indicó el CSIC en su página web.

¿Qué son las piezas de basura espacial como el bólido que sobrevoló España?

Millones de restos de cohetes y satélites se mueven a gran velocidad en la órbita terrestre baja, y su desecho es una de las grandes cuestiones por resolver en la ciencia y economía del espacio.

El fenómeno que se pudo ver el viernes por la noche en el este de España es bastante común. El año pasado por estas mismas fechas varios observadores de Sacramento, en California, quedaron hipnotizados por unas rayas de luz que iluminaron de repente el cielo nocturno, y que poco después se supo que eran restos llameantes de equipos de comunicaciones retirados de la Estación Espacial Internacional dos años antes, en el 2020.

Millones de objetos de desechos espaciales

La órbita terrestre baja (OTB) es todo un depósito de basura espacial, la mayor parte de ella procedente de objetos generados por el ser humano, como trozos de naves espaciales, pequeñas motas de pintura de una nave espacial, partes de cohetes, satélites que ya no funcionan o explosiones de objetos en órbita que vuelan por el espacio a gran velocidad.

Según los últimos datos de la Agencia Europea del Espacio (ESA) alrededor de la Tierra hay unos 35.150 desechos catalogados, con 11.500 toneladas totales de peso, procedentes de 640 rupturas, explosiones, colisiones o sucesos anómalos que provocaron su fragmentación.

Fuentes de la ESA indican, no obstante, que «no toda la basura espacial está rastreada y catalogada»: sus estimaciones apuntan a la presencia de más de 131 millones de objetos de desechos espaciales de entre 1 milímetro y 10 centímetros sin utilidad orbitando a una media de 36.000 kilómetros por hora alrededor de la Tierra.

La mayor parte de los restos de basura espacial se mueven muy rápido y puede alcanzar velocidades de casi 29.000 kilómetros por hora, casi siete veces más rápido que una bala.

Riesgos

Debido a la velocidad y al volumen de la basura en la OTB, los expertos en el tema coinciden en que la chatarra espacial supone un riesgo para la seguridad de las personas y los bienes en el espacio y en la Tierra.

El catedrático de la Universidad de Málaga José Luis Torres, que ha coordinado junto a la profesora Anelí Bongers un proyecto sobre Economía del Espacio, alerta de estos riesgos: «Cualquier trozo mayor de un centímetro es potencialmente letal en caso de colisión con satélites operativos» de los que actualmente hay unos 6.000 en órbita.

El investigador Hugh Lewis, experto en basura espacial de la Universidad de Southampton (Inglaterra), ha calculado que el problema de la chatarra espacial «se ha subestimado» y que la cantidad de basura en órbita podría multiplicarse por 50 de aquí a 2100 en base a las operaciones previstas.

Un problema falto de regulación

Al no contar con una regulación expresa, más allá de un tratado internacional de las Naciones Unidas de no obligado cumplimiento, «la basura espacial un ejemplo de lo que se denomina fallo de mercado, porque, al no existir derechos de propiedad nadie lo gestiona», indica Torres.

La atmósfera es un aliado útil para eliminar la basura espacial, ya que por debajo de los 480 kilómetros sobre la superficie, la mayoría de los objetos se desintegran de forma natural en la espesa atmósfera inferior y se queman en menos de 10 años.

Sin embargo, por encima de los 100 kilómetros, donde la atmósfera es más fina, ocurre lo contrario y los desechos se pierden en el espacio.

Los investigadores expertos en basura espacial coinciden en que «no es responsabilidad de un solo país, sino de todos los países que navegan en el espacio», y en que su gestión es tanto un reto internacional a resolver como una oportunidad de preservar el entorno espacial para futuras misiones de exploración.