Por María Alejandra Medina en El Espectador

El director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker, de la Universidad de Rice, y una de las voces más influyentes en la industria petrolera, afirma que la flexibilización de sanciones por parte de la administración Biden es el incentivo que recibiría el presidente de Venezuela por volver a la negociación con la oposición. Sin embargo, la necesidad de flujo de caja y legitimidad de Nicolás Maduro no le permite realmente tener “la sartén por el mango”.

¿Para usted fue positivo el anuncio del restablecimiento de los diálogos entre el gobierno de Maduro y la oposición?

Es positivo que haya algún tipo de negociación, y el tema humanitario es importante. Venezuela está en una situación económica gravísima, sobre todo la gente más vulnerable. En términos políticos soy relativamente escéptico de que se logre avanzar lo suficiente para crear las condiciones para una elección limpia y democrática, pero el hecho de que no haya otras alternativas sobre la mesa hace que haya que profundizar lo que se pueda en esa área. En el tema de las negociaciones en materia petrolera, creo que las sanciones han fracasado en su objetivo de lograr un cambio político en Venezuela y sin duda pueden ofrecer una especie de “zanahoria” para que el gobierno de Maduro haga algunas concesiones. Evaluando las consecuencias no esperadas de las sanciones: hoy prácticamente todo el dinero que fluye de las exportaciones de Venezuela, que son básicamente a China a través de terceros países y de una manera oscura, es un flujo no transparente; el Estado venezolano no tiene ninguna institucionalización en el flujo de sus ingresos. Que el dinero fluya de forma más institucionalizada es mejor.

¿Qué peso tiene el tema petrolero en esta negociación?

Tiene un peso muy grande. No hay duda de que la situación cambió tremendamente con la invasión de Rusia a Ucrania. El día antes de eso, Estados Unidos quería cambiar el régimen de sanciones porque sentía que la política de máxima presión de Donald Trump no había sido efectiva, pero al día siguiente de la invasión los intereses de Estados Unidos cambiaron de manera muy significativa, y no solo de Estados Unidos, sino de Europa. Diría que los europeos están mucho más interesados en normalizar las relaciones con Maduro y en que fluyan el petróleo y el gas que los americanos necesitan. Es importante acotar, sin embargo, que para Estados Unidos no es un interés de corto plazo, en el sentido de que Venezuela no va a ayudar pronto a resolver la situación de la crisis energética, porque para Venezuela es muy difícil agregar barriles o gas en el corto plazo. Si tú sientes que la crisis actual y las sanciones contra Rusia se van a prolongar por varios años y que el poder que esto les ha dado a los sauditas y otros actores de Oriente Medio va a seguir existiendo, entonces tienes que buscar otras alternativas en el mundo. Sin duda, Venezuela es uno de los países con mayor potencial de incremento de producción. Desde la perspectiva de Maduro, el problema es que hoy tiene que vender su petróleo por las vías de los “caminos verdes”, con un descuento elevadísimo. Venezuela recibe mucho menos caja por cada barril de la que podría recibir si no hubiera sanciones. Eso es lo que incentiva a Maduro, además del hecho de que con esto Estados Unidos va a tener que reconocer que Maduro es el hombre que controla el poder en Venezuela. Así, para Maduro esto es políticamente importante, pero también económicamente atractivo.

Se ha hablado de los recursos que administraría Naciones Unidas. Aunque no se conocen muchos detalles, ¿qué cuidados o salvedades debería haber para que no terminen en función de intereses personales de Maduro, y también qué papel tendrían en esto los acreedores de Venezuela, que podrían llegar a tener alguna expectativa sobre este dinero?

Es un tema lleno de aristas, porque obviamente hay un montón de acreedores internacionales que están interesados en ese dinero. Estamos hablando de alrededor de 2.700 millones de dólares que están fundamentalmente en Europa. La idea es que el dinero sea desembolsado de manera gradual y progresiva, y que eso garantice que el uso del dinero es para propósitos muy específicos y ejecutados a través de las Naciones Unidas en materia de salud, educación, electricidad. Sabemos que en la historia ha habido casos equivalentes en los que hubo corrupción, como el famoso caso de Irak, en el que las Naciones Unidas estuvo involucrada en el intercambio de venta de petróleo de Gobierno de Saddam Hussein por ayuda humanitaria y después se descubrió que allí hubo corrupción, que en términos de monto no fue tan significativo en relación con el monto total, pero fue un escándalo que tuvo un impacto tremendo incluso en las Naciones Unidas. Entonces sin duda es un tema complejo y delicado, pero creo en principio que la manera como lo están estructurando es razonable. Para Maduro estaría la ventaja de que, por ejemplo, si se resuelve el tema de electricidad en Venezuela, eso lo favorece a él porque los ciudadanos van a estar más contentos, y eso puede favorecer el gobierno. En todo caso, creo que el propósito de evitar que esos fondos se usen para el beneficio personal de Maduro o de su círculo de poder creo que está garantizado que no sea así.

Se ha hablado de los recursos que administraría Naciones Unidas. Aunque no se conocen muchos detalles, ¿qué cuidados o salvedades debería haber para que no terminen en función de intereses personales de Maduro, y también qué papel tendrían en esto los acreedores de Venezuela, que podrían llegar a tener alguna expectativa sobre este dinero?

Es un tema lleno de aristas, porque obviamente hay un montón de acreedores internacionales que están interesados en ese dinero. Estamos hablando de alrededor de 2.700 millones de dólares que están fundamentalmente en Europa. La idea es que el dinero sea desembolsado de manera gradual y progresiva, y que eso garantice que el uso del dinero es para propósitos muy específicos y ejecutados a través de las Naciones Unidas en materia de salud, educación, electricidad. Sabemos que en la historia ha habido casos equivalentes en los que hubo corrupción, como el famoso caso de Irak, en el que las Naciones Unidas estuvo involucrada en el intercambio de venta de petróleo de Gobierno de Saddam Hussein por ayuda humanitaria y después se descubrió que allí hubo corrupción, que en términos de monto no fue tan significativo en relación con el monto total, pero fue un escándalo que tuvo un impacto tremendo incluso en las Naciones Unidas. Entonces sin duda es un tema complejo y delicado, pero creo en principio que la manera como lo están estructurando es razonable. Para Maduro estaría la ventaja de que, por ejemplo, si se resuelve el tema de electricidad en Venezuela, eso lo favorece a él porque los ciudadanos van a estar más contentos, y eso puede favorecer el gobierno. En todo caso, creo que el propósito de evitar que esos fondos se usen para el beneficio personal de Maduro o de su círculo de poder creo que está garantizado que no sea así.

¿Usted cree, como dicen muchos, que Maduro llega fortalecido a estas negociaciones, en medio de las necesidades energéticas globales, una situación interna que relativamente ha venido mejorando? O, por otro lado, ¿cree que Maduro es el necesitado, al no tener liquidez, al buscar legitimidad…? ¿Quién necesita más a quién en esta negociación?

Da la sensación de que Maduro tiene la sartén por el mango y está muy fortalecido, y que Estados Unidos está más desesperado de lo que debería. Creo que Estados Unidos necesita muy poco a Maduro en el corto plazo desde la perspectiva energética y que es más una apuesta de largo plazo; por tanto, podrían ser relativamente pacientes en la negociación. Creo que eso se combina con la desesperación de los europeos, que presionan a Estados Unidos, y con el hecho de que la propia administración Biden, independientemente de todo este tema energético, quería avanzar en cambiar la política de Venezuela, tratar de poner una zanahoria para que Maduro negociara. Ciertamente creo que Maduro se siente en una posición fuerte, pero objetivamente Maduro tiene que competir ahora con las exportaciones rusas a China, vender a descuentos muy elevados, no ha podido subir la producción petrolera, así que necesita este tipo de cambios. Así que en realidad Maduro necesita más a Estados Unidos que al contrario, al menos en un horizonte de dos años, lo que queda de la administración Biden. Ahora, en 2024 no solo ocurrirían las elecciones en Venezuela, sino en Estados Unidos, y si las llegan a ganar los republicanos Maduro sabe que su relación con Estados Unidos puede cambiar.

Ya que menciona el tema político en Estados Unidos: ¿en todo este acercamiento de Biden con Maduro y las decisiones que ya se han tomado, como la liberación de los hijos de Cilia Flórez, pesa más el costo político y reputacional para Biden o, por el contrario, pesa más que le dé prioridad a los retornos que puede haber en materia económica?

Más allá del beneficio económico, el tema es cómo es percibido políticamente. El costo político al que la administración Biden le tenía miedo era sin duda en la Florida. ¿Qué pasó? A los republicanos les fue tan bien en la Florida en comparación con el resto todo el país que paradójicamente eso puede hacer que la administración Biden piense que ya Florida no es un estado que está en competencia para la próxima elección y, por tanto, que decida avanzar en su política. Así, la administración Biden más bien se libera de la preocupación de esos costos políticos y que pueda tener una política más autónoma, que no tiene tanto que ver con la percepción en la Florida, sino con intereses geoestratégicos de largo plazo o, desde el punto de vista político, la percepción de los ciudadanos americanos de que el gobierno está tomando acciones para evitar que suba el precio de la gasolina.

Usted dice que esto es un plan de largo plazo. ¿Cómo se encuentra la industria petrolera en Venezuela, cuánto tardaría su recuperación?

Venezuela antes de Chávez producía 3,4 millones de barriles, cuando murió Chávez y entró Maduro producía 2,7 y llegó a producir en el año 2020 menos de 400.000 barriles. Ahora se recuperó la producción a cerca de 700.000 barriles diarios, pero siguen siendo niveles históricamente bajos para la industria petrolera venezolana, y lo más grave es que no ha habido inversión, particularmente a partir del año 2020, porque de ese año para acá no ha habido un solo taladro perforando pozos en Venezuela, y eso es absolutamente necesario, incluso para mantener el nivel de producción. Las causas fundamentales fueron los precios bajos de 2020, pero también las sanciones, sobre todo las secundarias que impuso Trump.

PDVSA en sí misma está en su peor situación, se le ha ido buena parte del personal, tiene problemas gravísimos de flujo de caja, que como decía ya ni siquiera le llega a PDVSA, sino va por todos estos caminos verdes a través de intermediarios, etcétera. Por eso PDVSA necesita que sus socios inviertan. Los tres principales socios son Chevron de Estados Unidos, CNPC de China y una empresa del Estado ruso. Los rusos no van a invertir en Venezuela ahora porque tienen otras cosas de que ocuparse. Los chinos han sido muy cautelosos desde hace un buen tiempo y no han invertido, eso podría cambiar si las sanciones secundarias son levantadas. La licencia de Chevron va a permitir que Chevron invierta y, a cambio de eso, el gobierno de Maduro le va a dejar tomar unos cargamentos para Estados Unidos, que en parte van a permitir pagar la deuda grandísima de más de US$5.000 millones que PDVSA le debe a Chevron. Si Chevron invierte, esto va a tomar tiempo. Hoy está produciendo apenas 60.000 barriles en Venezuela y podría llegar a 100.000 en cuestión de meses, pero a partir de ahí sí tiene que invertir de manera importante en perforar nuevos pozos, arreglar la infraestructura, y eso va a tomar unos dos años, para incrementar a su máxima capacidad, que en los proyectos de Chevron podrían terminar siendo unos 220.000 barriles.

Además de eso, otras empresas como Repsol podrían pedir licencias similares y subir la producción, lo que podría agregar otros 80.000 barriles más. O sea, Venezuela en dos o tres años podría quizá llegar al millón de barriles que Maduro había prometido para el año pasado. Ese número desde el punto de vista del mercado mundial no es un número importante, pero para Maduro sí. Y aunque ahora es rentable invertir en petróleo en Venezuela, los riesgos son gigantescos, por ejemplo, si las sanciones se vuelven a imponer, además del mal estado de la infraestructura, los robos de equipos en las áreas petroleras, el pago de vacunas a las bandas criminales…

Si se da la flexibilización petrolera, ¿cuánto tardaría en repercutir en bienestar para la población?

En Venezuela ha habido cierta recuperación que fue producto precisamente del aumento del precio del petróleo y de la recuperación de la producción con respecto a sus mínimos del 2020. Esa recuperación, están reportando los expertos que siguen la economía venezolana, ya está dejando de tener fuelle, está perdiendo fuerza. En términos de flujo de caja para PDVSA, tomaría algo de tiempo porque una parte de los barriles que se exporten tanto a Europa como Estados Unidos va a ir para pagar deudas. La inversión de Chevron también tomará algo de tiempo. La variable fundamental que impacta positivamente a la gente es si eso se traduce en gasto público, y eso también va a tomar algo de tiempo. Creo que el impacto es más de cambio de expectativas; el sector privado venezolano está desesperado por escuchar buenas noticias.

Si Maduro ha sobrevivido al cerco diplomático, a las sanciones… ¿No se quedaría más en el poder con una industria petrolera recuperándose?

Es difícil saber, sin duda es probable que un mejoramiento de la situación económica, como sucede con todos los países, mejore la tasa de aprobación del presidente y la probabilidad de que incluso pudiera ganar unas elecciones, no digamos limpias, sino con cierta competencia. Pero Maduro esto lo hace más dependiente de Estados Unidos, porque él logró crear toda una estructura para sobrevivir al cerco, con ayuda de los iraníes, exportando por los caminos verdes a China, pero ese camino tiene ahora el problema de que los rusos están compitiendo en ese espacio. Por otro lado, ahora se está se estaría embarcando en un acercamiento con Europa y Estados Unidos, pero eso a su vez lo hace un poco más dependiente de ellos y por tanto ellos pueden usar eso para tratar de que Maduro dé algunas concesiones. Entonces sí creo que él se siente muy fuerte, que sobrevivió a lo más difícil, que esto solamente lo puede ayudar a mejorar y que él no va a dar concesiones que crea que le van a poner en riesgo su control del poder, pero su reintegro a la economía mundial les abre a los otros actores una capacidad de tratar de presionar a Maduro para que haga concesiones.

Usted mencionaba el cambio que podría significar un triunfo republicano en Estados Unidos y, por otro lado, hay quienes dicen que la comunidad internacional está un poco hastiada de que la situación en Venezuela no se resuelva. ¿A qué se enfrentaría Maduro si no cumple?

Tenemos que ver la intersección entre lo que a Estados Unidos y a la comunidad internacional les parece medianamente aceptable. Maduro soñaría con un escenario en que él hace unas elecciones aceptables para la comunidad internacional y él gana, se levantan las sanciones y restablece sus relaciones con Europa y Estados Unidos. Eso tiene el costo de que lo pone más en riesgo: le tiene que dar más espacio a la oposición, etcétera, y mi hipótesis es que Maduro nunca va a darle un espacio suficiente a la oposición como para que se materialice el riesgo de perder el poder. Si al final siente que no puede ganar de manera medianamente limpia hará como Daniel Ortega, que no le importa el costo de la comunidad internacional, sino garantizarse el control de poder. Hay muchas variables aquí, y los cubanos le pueden dar una clase a Maduro sobre que ellos tuvieron una apertura con Obama y después la apertura desapareció con Trump.

¿Cómo ve el papel de Gustavo Petro en el restablecimiento de las negociaciones entre gobierno y oposición, pues se ha mostrado como un promotor, pero el mismo embajador Benedetti ha dicho que Estados Unidos ha pedido que se mantenga al margen, mientras otros ven esto como una movida de Petro para mostrarse como un actor relevante en la región?

Para Petro un objetivo es tener un rol importante, tomar un liderazgo entre los gobiernos de América Latina, pero hasta ahora creo que lo que ha hecho es generar ruido. La reunión en Francia fue más bien un obstáculo para estas negociaciones porque esto estaba ya casi listo, lo tuvieron que posponer dos semanas por la intervención de Macron y Petro. Más allá de eso, la dificultad que yo veo con Petro es que hay cero confianza en Petro de parte de la oposición venezolana, no conozco a ninguna figura relevante en la oposición venezolana, incluso en los que tienen cierta simpatía por Petro, que crea que Petro puede ser una bisagra o de tercero neutral en las negociaciones. Incluso los que sí tienen buena voluntad con Petro piensan que el resto de los opositores y que la población opositora en Venezuela no lo van a ver así, sino como un actor que tiene un bando, que está vinculado al chavismo. Ahora, creo que puede ayudar porque sin duda Lula y Petro son actores que podrían ser muy importantes en decirle a Maduro dónde están las líneas rojas de lo que ellos estarían dispuestos a acompañar o no. Tanto a Brasil como a Colombia les conviene que la situación en Venezuela se normalice, solo con imaginarse que puede haber otra crisis de emigración de Venezuela. Ya eso hace que para Brasil y Colombia esto sea un punto absolutamente esencial.