Por Gerardo Lucas

En Venezuela dos veces al año se efectúa un tradicional ritual, y no es otro, que el pago del bono vacacional y el bono navideño, el primero se cancela en el mes julio y el segundo en diciembre. Este ritual se ha convertido en una verdadera pesadilla para el gobierno nacional,   es una pesadilla, por una simple razón: no tiene dinero con qué pagarlo.

Este año con ocasión del pago del bono vacacional el sector de la educación encabezado por el Sindicato Nacional Fuerza Unitaria Magisterial, luego de cuatro semanas de protestas, obligó al gobierno a cancelar la mencionada bonificación en un solo pago y no en las cuatro cuotas que éste tenía programadas. El 16 de agosto, una vez que el régimen ejecutó el pago recurriendo a un crédito en bolívares inorgánicos del Banco Central, la violenta inyección de liquidez disparó, como era de esperarse, el valor de cambio, de 5,96 bolívares por dólar, en esa fecha, a 7,89 bolívares por dólar al 31 de Agosto, lo que supuso una pérdida del valor de nuestro signo monetario de un 32,6%, en solo una quincena. 

Con el primer pago del bono navideño, continua la espiral devaluacionista, así tenemos que de 8,21 bolívares por dólar que teníamos el 6 de octubre, pasamos a 8,59 bolívares por dólar el 28 de octubre, y en la medida en que se cancelaban las cuotas restantes llegaría a 11,07 bolívares por dólar el 30 de noviembre y a 15,21 bolívares por dólar el 15 de diciembre. 

En definitiva, la liquidación de ambos bonos (caramelos), abatió al bolívar que pasó de 5,96 bolívares por dólar el 16 de agosto de 2022 a 15, 21 bolívares por dólar el 15 de diciembre, una pérdida de valor de un 156,3% (cianuro) en solo seis meses.

Esta circunstancia no es nueva, solo que ha tenido recientes y más agudas variantes. Carlos Andrés Pérez en su primer periodo presidencial (1974-1979), aun con el boom petrolero, terminó su mandato con un incremento de la deuda pública nacional (DPN) de 25.000 millones de bolívares, iniciando, para los gobiernos que lo sucedieron, una espiral o ritornelo de déficit fiscal e inflación que no ha parado hasta la actualidad. (Carlos Andrés Pérez: La Gran Venezuela. Ediciones UCAB. 2022). 

Hoy la situación es aún peor, porque ocurre en un país que está inmerso en una pobreza extrema donde la devaluación castiga con mayor dureza a los venezolanos que tienen su sueldo, pensión o jubilación denominados en bolívares, como es el caso de los empleados públicos, profesores, militares, jubilados y pensionados.

Ninguno de los gobiernos que sucedieron a Pérez 1 ha enfrentado este problema ni ha logrado acabar con la perniciosa inflación. La pregunta es ¿por qué? En la investigación histórica hay que hacerse una pregunta: ¿Quién es el beneficiario? La respuesta es sencilla: los gobiernos. ¿Por qué? Porque ellos pueden seguir gastando más de lo que les ingresa sin hacer correcciones dolorosas, con su consiguiente costo político, sencillamente gastando hoy, creando inflación y pagando al BCV mañana a bolívares devaluados.

¿Quién es el responsable? No hay responsables. Ningún gobierno, por lo menos en Venezuela y dudamos que en el mundo, admiten responsabilidad alguna. Sin embargo, todos ellos encuentran a quien endilgarle la culpa. Desde el primer gobierno de CAP fueron los comerciantes especuladores, y los castigaron con controles de precios. Durante los gobiernos del llamado Socialismo del Siglo XXI, además de los habituales especuladores, aparece en escena otro culpable: el Mayamero Dólar Today, el mensajero de las malas noticias.