Por Isabella Escobedo en DW

Guyana pasó de ser una de las naciones más pobres de América Latina a ser la economía que más crece en el mundo. Esto tiene implicaciones geopolíticas para la región.

La llaman «el Dubái de Sudamérica», o también «Guyana Saudita». Guyana, una antigua colonia británica situada en el Caribe, era uno de los países más pobres de Latinoamérica, cuando, en 2015, el hallazgo de un enorme bloque petrolero frente a su costa selló su nuevo destino: el de un petroestado , con un enorme potencial económico y la capacidad de cambiar la geopolítica global.

Hace casi diez años, la empresa petrolera estadounidense ExxonMobil cambió el rumbo del país para siempre, al realizar uno de los mayores descubrimientos de petróleo de la historia reciente. Se estima que en el bloque Stabroek podría encontrarse una reserva de 11 mil millones de barriles de petróleo. «La magnitud de los descubrimientos de recursos en Guyana es simplemente asombrosa», dice a DW Ben Cahill, especialista en seguridad energética del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés). «La producción es más grande y más rápida que cualquier cosa que hayamos visto en muchos años».

Impacto global y alianzas estratégicas

Este hallazgo ha colocado a Guyana en la mira del interés de las corporaciones petroleras multinacionales, así como de naciones en busca de nuevas fuentes energéticas, tras la pérdida de Rusia como proveedor de petróleo debido al conflicto en Ucrania.

Aparte de ExxonMobil, dos socios clave participan en el consorcio de explotación del petróleo: la estadounidense Hess Corporation y la china CNOOC Limited.

«Guyana ha apostado por agentes privados con amplias competencias para ejecutar este tipo de proyectos», cuenta a DW William Clavijo, doctor en Políticas Públicas y Desarrollo de la Universidad Federal de Río de Janeiro. «Esto es lo diametralmente opuesto a lo que pasa en Venezuela», sigue Clavijo. A diferencia de Guyana, Venezuela ha enfrentado un declive en las últimas dos décadas en aspectos clave como la estabilidad regulatoria, la seguridad jurídica, y la disminución de las capacidades técnicas de su empresa estatal PDVSA, lo cual, según el experto, ha perjudicado gravemente su producción y exportación de petróleo.

Superando al país vecino

Guyana, con sus 800.000 habitantes, ya produce más petróleo per cápita que Arabia Saudita. En el último año la producción de crudo en el país caribeño se incrementó de 380.000 barriles al día a 640.000, según datos de ExxonMobil. Las autoridades de Guyana y las compañías petroleras quieren alcanzar los 1,2 millones de barriles al día en 2027.

Venezuela actualmente produce entre 700.000 y 800.000 barriles diarios, cifra que supera ligeramente a la de Guyana, aunque esto podría cambiar pronto.

En términos de exportación, la excolonia británica ya ha rebasado a su vecino: en febrero, Guyana exportó 621.000 barriles de petróleo, superando los 604.000 barriles exportados por Venezuela. Este logro es particularmente notable considerando que Venezuela posee reservas probadas cercanas a los 300.000 millones de barriles, las mayores del mundo.

El despertar de un gigante petrolero 

El auge petrolero de Guyana está cambiando las reglas de juego no solo dentro de sus límites nacionales, sino también a nivel regional y global. «Un país que estaba completamente marginado de la geopolítica regional se ha convertido en un actor muy importante», dice a DW Francisco Monaldi, Director del Programa de Energía para América Latina del Instituto Baker.

En cuanto a la relación con Venezuela, se destaca la recientemente reavivada disputa territorial por el Esequibo, una región de vastas riquezas naturales que conforma más de la mitad del territorio guyanés y que Venezuela reclama. El éxito en materia de producción de crudo va a «incentivar a Guyana a continuar su campaña para reafirmar el control que ejerce sobre ese territorio”, dice William Clavijo, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Apoyo de Occidente

Ese objetivo cuenta con el respaldo de Brasil y Estados Unidos, motivado también por los intereses económicos que esos países tienen en Guyana.

«En la medida en que Guyana se convierta en un proveedor seguro, confiable y estable, pasará a tener muchísimo más apoyo de los Estados Unidos», afirma a DW Ricardo Salvador de Toma, doctor en Estudios Estratégicos Internacionales, destacando que, a diferencia de Venezuela, Guyana no tiene un compromiso ideológico en cuanto a la distribución del petróleo a otros países.

El geopolitólogo augura que Guyana podría «pasar a la órbita de protección estadounidense, como parte de ese viejo acuerdo de protección a cambio de petróleo». De Toma sugiere incluso que, en el caso de que Estados Unidos desee establecer una base militar en la región, Guyana representaría una opción destacada.

Cómo evitar la «maldición de los recursos»

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), Guyana es el país cuya economía más rápido crece en el mundo. En 2022, su Producto Bruto Interno (PIB) creció un 62%, y en 2023 otro 37%. Pero, ¿qué tan sostenible es este crecimiento?

Expertos han expresado su preocupación acerca de que la economía de Guyana pueda crecer por encima de sus posibilidades.

Francisco Monaldi vaticina que Guyana probablemente caiga víctima del «mal holandés”, un fenómeno económico en el que el descubrimiento de recursos naturales en un país conduce a la revalorización de su moneda, haciendo que todas sus exportaciones se encarezcan para los compradores. Eso, a su vez, provoca que el país prácticamente solo exporte petróleo, dejando de producir otros bienes porque estos ya no son competitivos. De ese modo, se perjudica a otros sectores de la economía, especialmente a la exportación de bienes manufacturados.

Aunque eso, en principio, daña la economía, «no significa que los guyaneses no vayan a tener estándares de vida muy superiores a los actuales», añade. «Sí existe evidencia de que en muchos países con muchos recursos naturales, el desempeño económico ha sido letárgico”, coincide William Clavijo.

Futuro prometedor pero desafiante

La clave para Guyana estará en diversificar la economía – algo que no será fácil para el país, afirma Francisco Monaldi – y en «crear los marcos regulatorios para garantizar que se cumplan los contratos con las empresas privadas, a fin de tener la capacidad de fiscalizar adecuadamente», asegura William Clavijo. Tareas con las que el Gobierno ya ha empezado, por ejemplo, con la creación de un fondo soberano e inversiones en proyectos de infraestructura.

Está por verse si Guyana logrará salvarse de la «maldición de los recursos» y establecer un desarrollo sostenible. Lo que está claro es que el país cambiará considerablemente en los próximos años.