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Es lo que es

IPYS Venezuela

Un total de 139 violaciones registró IPYS Venezuela, que evidencian las restricciones persistentes al ejercicio periodístico y al acceso a la información en el país, en el transcurso del año pasado, según el reporte anual dado a conocer por la institución.

En efecto, el Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela presentó su Reporte Anual 2025, “Las formas del silencio: periodismo en clandestinidad”, en el que documenta un agravamiento de las restricciones a la libertad de expresión y al derecho a la información. El reporte identifica como rasgo central del período la consolidación de un entorno hostil para el ejercicio del periodismo, marcado por la criminalización, el miedo y el silenciamiento progresivo del debate público.

Uno de los datos más alarmantes es el registro de al menos 25 trabajadores de la prensa privados de libertad durante 2025, la cifra más alta documentada en el país. El informe advierte que el encarcelamiento de periodistas no solo castiga, sino que funciona como un mecanismo de intimidación que impacta a todo el gremio.

En este contexto, la autocensura se consolidó como una práctica extendida. La amenaza de detenciones arbitrarias y procesos penales sin garantías generó un repliegue del periodismo: menos cobertura de temas sensibles, menor presencia en la calle y un aumento de estrategias para proteger la identidad de quienes informan.

El reporte también señala el debilitamiento del ecosistema mediático, afectado por la persecución judicial, el exilio, la precarización económica y la reducción de equipos. A ello se suman los bloqueos digitales y la vigilancia de opiniones en línea, que limitan el alcance de los contenidos y refuerzan el efecto inhibitorio.

IPYS Venezuela advierte que el deterioro de las libertades informativas ya no solo se mide por la cantidad de medios o cobertura territorial, sino por los temas que dejan de publicarse. En 2025, el silencio se convirtió en un indicador clave de la censura.

El informe concluye que el miedo se ha instalado como un factor estructural del ejercicio periodístico en Venezuela, con consecuencias directas en el derecho de la ciudadanía a estar informada.

Luego de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, sobrevino una represión sin precedentes. El mismo gobierno se encargó de destacar que más de 2.000 personas habían sido detenidas, particularmente en el contexto de manifestaciones contra los resultados electorales oficiales que le otorgaron la victoria a Nicolás Maduro, a pesar de las pruebas exhibidas por la oposición sobre el triunfo de Edmundo González Urrutia.

Esta especie de razzia contra toda persona percibida como adversaria del oficialismo, incluyó a 11 periodistas encarcelados o encarceladas entre julio y diciembre de 2024. Sin embargo, la prisión contra representantes de la prensa independiente prosiguió en 2025 y, desde enero hasta el 25 de julio otros nueve periodistas fueron enviados a la cárcel.

Antes, del 28 de julio de 2024, habían sido encarcelados tres periodistas, también como resultado de la persecución política que, de manera sistemática, ha desarrollado el oficialismo contra quienes se dedican profesionalmente a informar. Para el 25 de julio de 2025 se contabilizan 15 periodistas tras las rejas. Este número, sin precedentes en la historia contemporánea de Venezuela, constituye una situación alarmante que resume el riesgo actual de hacer periodismo y los déficits democráticos en el país.

La toma de posesión de Maduro como presidente de la República reelecto estaba prevista para el 10 de enero. El acto caldeó los ánimos nuevamente, pues se planteó la posibilidad de que González Urrutia regresara a Venezuela el 9 de enero e intentara juramentarse como presidente. Finalmente, González Urrutia permaneció en el exilio y la juramentación de Maduro se realizó sin mayores contratiempos el 10 de enero.

Sin embargo, desde el oficialismo se repitieron las versiones sobre planes de desestabilización política promovidos por la oposición, y sobre esa base, se reactivó el plan gubernamental denominado “Furia Bolivariana”, emprendido después de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 y el cual incluía la actuación coordinada entre agentes de los cuerpos de seguridad del Estado y civiles adeptos al oficialismo para neutralizar nuevas protestas antigubernamentales.

En el contexto de la toma de posesión del 10 de enero, IPYS Venezuela registró 25 ataques a la prensa en el país, entre ellas cuatro detenciones arbitrarias y seis agresiones y hechos de amedrentamiento que afectaron a 10 trabajadores de la prensa. Además, entre el 7 y  el 10 de enero, hubo bloqueos a 58 sitios web de redes sociales y herramientas para evadir la censura en internet. La novedad en ese momento fue el bloqueo a la red social TikTok durante cinco días.

A pesar de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizo alertas oportunamente y en enero de 2025 publicó un detallado informe sobre graves violaciones de derechos humanos en Venezuela en el contexto electoral, así como la aplicación de “prácticas de terrorismo de Estado”, la represión contra la prensa independiente no ha cesado.

Una de las situaciones más preocupantes es el desplazamiento forzado de periodistas como medida de protección. Hay quienes se han tenido que mudar de ciudad y de estado, temporal o permanentemente, e, incluso, quienes se sienten más perseguidos y perseguidas por el Estado venezolano han huido al exterior. El exilio de periodistas venezolanos y venezolanas comienza a consolidarse como otra evidencia de las dificultades para ejercer la profesión en el país.

La arremetida gubernamental también se ha profundizado en el plano legislativo, mediante normas restrictivas de la libertad de expresión, el derecho a la información y el derecho de acceso a la información pública. Durante los primeros meses de 2025, las organizaciones no gubernamentales venezolanas han afrontado la ejecución de la Ley de Fiscalización, Regularización, Actuación y Financiamiento de las Organizaciones no Gubernamentales y Organizaciones Sociales sin Fines de Lucro. Dicha ley, aprobada en 15 de noviembre de 2024, es un instrumento adicional para la persecución por motivos políticos. Muchos medios de comunicación independientes se han visto afectados por el creciente y progresivo cierre del espacio cívico en Venezuela y las dificultades para contar con fuentes de financiamiento para desarrollar proyectos periodísticos.

En este informe semestral, IPYS Venezuela pone el acento en el encarcelamiento de periodistas como una modalidad perversa de censura. Cada vez más, el Estado venezolano descuida las formalidades jurídicas y abusa del poder para avanzar en la criminalización del ejercicio periodístico: cuerpos de seguridad, fiscales y jueces  siguen lineamientos del oficialismo y actúan coordinadamente para poner al periodismo tras las rejas.

Panorama general 

Durante el primer semestre de 2025, el monitoreo de IPYS Venezuela registró un total de 84 casos de violaciones a la libertad de expresión en todo el país, que derivaron en 110 vulneraciones específicas a derechos informativos. Los principales afectados fueron periodistas y trabajadores de la prensa, aunque también se documentaron agresiones dirigidas a medios de comunicación y fuentes informativas.

Los tipos de vulneración más frecuentes destacan las restricciones en internet (33 casos), las agresiones físicas o verbales (23), el discurso estigmatizante (18), las detenciones arbitrarias (11) y las restricciones administrativas (9). También se reportaron restricciones de acceso a la información (7), hostigamiento judicial (6), y un caso de desaparición forzada.

Una de las principales tendencias observadas en este período ha sido el aumento sostenido de las detenciones arbitrarias de periodistas, con 11 trabajadores de la prensa privados de libertad. Esta práctica, que suele ir acompañada de acusaciones desproporcionadas como “terrorismo”, “asociación para delinquir” o “instigación al odio”, ha reforzado el patrón de judicialización selectiva del ejercicio periodístico.

Otra tendencia alarmante ha sido la criminalización de las fuentes informativas, lo que representa una amenaza doble. Por un lado, inhibe la labor periodística; y por otro, socava el derecho de la ciudadanía a acceder a información de interés público. Estas formas de intimidación, especialmente en regiones donde persiste la opacidad institucional, se ha convertido en una estrategia de censura indirecta.

Las víctimas de estas vulneraciones fueron 54 personas identificadas, 40 hombres y 14 mujeres. Aunque estas cifras reflejan una mayor exposición de los hombres a situaciones de riesgo directo, es importante subrayar que en el caso de las mujeres periodistas las agresiones pueden tener impactos diferenciados y más profundos, debido a factores como la estigmatización de género y la afectación de sus entornos familiares.

En cuanto a las profesiones, los reporteros fueron los más afectados (31 casos), seguidos por directivos de medios (7), activistas de derechos humanos (4), editores (4) y otros roles como camarógrafos, conductores de TV, escritores y choferes. También se documentó la afectación de al menos 24 medios o plataformas informativas, de los cuales la mayoría fueron medios digitales (12) y radioemisoras (6), además de cuentas informativas en redes sociales, una agencia de noticias y una televisora.

El actual escenario es el resultado de una política sistemática de erosión de las garantías informativas, que se ha venido consolidando a través de marcos normativos ambiguos, la inacción de las instituciones de justicia, y el uso instrumental del sistema penal como herramienta de castigo.

Desde 2023, en el marco del ciclo electoral, esta dinámica se ha intensificado con medidas más agresivas contra la prensa independiente. La ausencia de mecanismos eficaces de protección, sumada a la concentración del poder y la falta de independencia judicial, ha profundizado un estado de inseguridad jurídica e indefensión estructural para quienes ejercen el derecho a informar. Este deterioro no es casual ni aislado, responde a una estrategia deliberada de control informativo.

En el marco del Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, el Instituto Prensa y Sociedad Venezuela (IPYS Venezuela) se une a la comunidad internacional para destacar la importancia de este día. En un contexto como el venezolano, en el que la libertad de prensa y la seguridad de los periodistas están constantemente amenazadas, cada 2 de noviembre adquiere una relevancia especial, pues se destaca la necesidad de combatir la impunidad que rodea estas transgresiones.

El Informe Sombra 2023 de Voces del Sur revela una realidad alarmante en América Latina. Durante el año anterior, se registraron 17 asesinatos de periodistas en la región, lo que equivale a la muerte de un periodista cada 21 días. Además, se documentaron 220 detenciones arbitrarias y 200 procesos civiles y penales contra trabajadores de la prensa. De los 17 asesinatos, solo en dos casos se logró identificar al perpetrador. 

En Venezuela, durante 2024, se ha registrado la detención arbitraria de 14 trabajadores de la prensa, de los cuales 12 permanecen bajo arresto. La mayoría de estos periodistas (9) fueron privados de libertad tras las elecciones presidenciales, entre el 29 de julio y el 28 de agosto, y a todos se les ha negado el acceso a la defensa privada.

Entre enero y octubre de 2024, IPYS Venezuela documentó 17 procesos y sentencias penales o civiles contra periodistas y medios de comunicación. Cinco de estos casos corresponden a órdenes de aprehensión emitidas contra trabajadores de la prensa.

Estas cifras muestra la grave impunidad que prevalece en la región y en el país. Los Estados tienen la obligación de esclarecer estos crímenes, juzgar a los responsables y procurar reparaciones a las víctimas. Sin embargo, no solo fallan en cumplir con estas responsabilidades, sino que, de hecho, son los actores estatales los principales agresores contra la prensa en América Latina.

El Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2013, busca condenar todos los ataques y la violencia contra los trabajadores de los medios de comunicación. Esta conmemoración es una oportunidad para recordar a los periodistas que han perdido la vida en el ejercicio de su profesión y para exigir justicia en cada uno de estos casos. Además, es un llamado a los Estados para que adopten medidas concretas y efectivas para combatir la cultura de la impunidad y que favorezcan la protección a los periodistas.

#NoMásImpunidad

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